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Argentina, el Luis Suárez de las finanzas internacionales SEMANARIO THE ECONOMIST  Difícilmente fue una sorpresa que Luis Suárez, un dotado pero sicológicamente afectado delantero uruguayo, expresara su frustración mordiendo a un oponente al no anotar contra Italia en un partido de la Copa del Mundo el 24 de junio.
El progreso humano depende de la sociedad civil, no de la política MIGUEL COLLADO La economía consiste de cosas reales, cosas materiales. La riqueza, por ejemplo, no se mide por el dinero en circulación, sino por la cantidad de bienes y servicios que las personas pueden adquirir con este.

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¿Por qué América Latina no progresa en un mundo donde otros lo están logrando?

CARLOS BALL

(Artículo publicado en homenaje a la memoria de quien fue uno de los más lúcidos periodistas  venezolanos, fallecido esta semana) 

Agradezco a la Federación Nacional de Comerciantes de Colombia esta invitación a que les hable sobre por qué América Latina no progresa, haciendo énfasis en el caso venezolano. Muchos de los problemas y obstáculos que han impedido que nuestro hemisferio se incorpore al mundo desarrollado de Occidente son comunes o, al menos, bastante parecidos en toda América Latina.

Luego de 16 años al frente de AIPE (www.aipenet.com), una empresa periodística dedicada al análisis y discusión de los principales temas económicos y políticos que afectan a la región, estoy convencido de que a menudo comprendemos mejor lo que sucede en nuestro propio patio cuando observamos el desarrollo de problemas similares que confrontan países vecinos y demás regiones de América Latina.

Mi experiencia personal

Voy a comenzar contándoles brevemente unas pocas experiencias personales que creo reflejan algunos de los males que en diferentes grados han afectado a gran parte de América Latina.
Poco después de la muerte de mi hermano Luis Henrique, leyendo papeles suyos me encontré una historia fascinante que me hizo comprender mejor lo que el economista austriaco Friedrich Hayek llamó “el camino de servidumbre”, sendero predilecto de los gobernantes venezolanos. Mi hermano, quien era 9 años mayor que yo, relata su visita a nuestra madre en la clínica, en 1939, cuando yo nací. Cuenta que al entrar al hospital saludó a una muchacha que salía con su recién nacido en los brazos. La reconoció como trabajadora de la fábrica de nuestro padre y me enteré que, en aquellos tiempos, esa empresa pagaba el 95% de los gastos médicos de todos sus trabajadores, quienes recibían atención médica en la Policlínica Caracas, entonces el mejor hospital privado del país.

!Larga vida a la revolución!

AXEL KAISER 

Todas las revoluciones —esos esfuerzos delirantes por rediseñar desde arriba la totalidad del orden económico y social— han conducido a sangre, miseria y tiranía. Sobre esto la historia casi no muestra excepciones. Salvo, por supuesto, por la revolución americana, cuyo aniversario se acaba de celebrar el pasado 4 de julio. Mientras la revolución francesa, el primer ejercicio igualitarista-racionalista de la época moderna, condujo al Régimen del Terror y anticipó en buena medida las revoluciones marxistas posteriores tanto en la forma como en el fondo, la americana produjo la primera democracia de los tiempos modernos y la sociedad más libre y próspera que la humanidad jamás haya visto.

Como bien notara Lord Acton, Europa parecía incapaz de abrigar la libertad, la que tuvo que encontrar su terreno fértil en América para de ahí conquistar el mundo. La pregunta fundamental es por qué, a diferencia de las demás revoluciones, la americana consolidó una sociedad libre en términos políticos y económicos.

La respuesta es que la independencia americana en realidad no fue una revolución. Los americanos, a diferencia de los franceses o los soviéticos, nunca intentaron refundar un orden partiendo desde cero y jamás confiaron en los planes de ingeniería social diseñados por intelectuales. Cuando los colonos se rebelaron en contra del rey inglés lo hicieron acusándolo, con razón, de haber violado las instituciones y principios más esenciales de la tradición inglesa. Entre ellas destacaban el derecho de propiedad, el debido proceso y el derecho a representación política para quienes son contribuyentes. Desde su llegada a América, los primeros colonos habían incorporado el rule of law y los principios de soberanía popular como fundamentos del orden político.

Los supermanes modernos

ALFREDO BULLARD 

Todos hemos soñado de niños (o de no tan niños) con ser superhéroes. Admiramos la conjunción de poderes sobrehumanos y la nobleza de espíritu que los conduce a hacer el bien. Soñamos siempre con ser buenos y poderosos.

Me pregunto si no deberíamos dar gracias a que los superhéroes solo sean personajes de ficción. ¿Se imaginan si Superman existiera? Sería preocupante que existiera una persona con capacidad de actuar sin límites, volando por los cielos, levantando pesos extraordinarios, atravesando paredes y siendo inmune a las balas. Un ser con tal poder tendería a abusar de él. ¿Qué nos garantiza que los superpoderes vengan acompañados por la nobleza necesaria para usarlos con responsabilidad y con la inteligencia para usarlos con criterio? Quizás lo más fantasioso en los superhéroes no sean sus poderes, sino la romántica bondad con que actúan y su utópico espíritu de sacrificio digno de un santo.

Pero más peligroso que un superhéroe sería alguien que se cree uno sin contar con los poderes para serlo. Mi madre encontró una vez a mi hermano menor sentado al borde de la ventana de un sexto piso, con su disfraz de Superman, mirando al vacío con la expresión de “¿lo hago o no lo hago?”. Por suerte lo alcanzaron antes de que intentara descubrir si podía volar.

Esta situación se parece a cuando los funcionarios públicos, dotados de poder, se sienten superhéroes que pueden resolverle todos sus problemas al resto de sus congéneres. Sin verdaderos poderes, y sin contar con el espíritu cuasidivino necesario, se creen en la capacidad de hacer el bien sin mirar a quién, cuando en realidad hacen el mal mirando a quien le conviene.

Occidente ante la impronta yihadista

GEORGE CHAYA

Es innegable que la política internacional avanza hacia una nueva etapa, en este proceso, muchos intelectuales no han vacilado en abundar sobre los posibles aspectos que los cambios entrañan, ellos ofrecen definiciones tales como: ´el fin de la historia, el regreso de las rivalidades tradicionales entre naciones-estado o la declinación del estado-nación a causa de las contradicciones entre tribalismo y globalización´.

Cada una de estas versiones da cuenta de algunos aspectos de nuestra realidad. Sin embargo, pasan por alto un elemento decisivo y central en la política mundial de los próximos años. Y es que ‘la principal fuente de conflicto en el mundo que viene, fundamentalmente se producirá por las grandes divisiones de la humanidad. En este marco el eje dominante del conflicto, a mi juicio “será cultural”.

Durante la guerra fría, el mundo se dividió en lo que se conoció como ‘primero, segundo y tercer mundo’. Esa división ya no resulta pertinente y adquiere categoría de obsoleta. Hoy es mucho más lógico agrupar a los países en función de su cultura e idiosincrasia que hacerlo según sus sistemas y regímenes políticos.

En mi opinión, una lectura profunda del tablero político internacional nos muestra que las naciones-estado seguirán siendo los agentes más poderosos en los asuntos mundiales, pero en los principales conflictos internacionales se enfrentarán naciones o entidades culturales distintas. Así, el choque cultural puede llegar a instalarse en el escenario de la política mundial.

Brasil tras la derrota

CARLOS ALBERTO MONTANER

Ninguna persona sensata puede culpar a Dilma Rousseff de la derrota, pero la acusación de haber gastado miles de millones de euros en el Mundial, pese a las necesidades inmensas del país, ahora volverán a oírse con más fuerza y una pizca de rencor. Si Brasil hubiera ganado el campeonato, o aún si hubiera perdido heroicamente, el argumento del costo se habría debilitado. Tras la humillación, muchos lo reiteran. Pagar por ser pateado en el trasero es un ejercicio de sadomasoquismo que duele excesivamente tras los fracasos.
En todo caso, la derrota es un factor más del pesimismo que se respira en el ambiente. Brasil tiene ese componente ciclotímico.

Unas veces está en alza, es «o pais mais grande do mundo», y todos piensan que pronto va a ocupar el lugar que le corresponde entre las grandes potencias del planeta. Otras -y en esa estamos- se trata de Belíndia, una mezcla de Bélgica y la India, como la calificó hace 40 años el economista Edmar Lisboa Bacha, con una minoría próspera y educada intercambiable con la belga, y una inmensa mayoría semejante a la que sobrevive en la India.

¿Brasil es Belindia?

¿Es el Brasil de hoy parecido al de la fábula técnica «O rei da Belindia», publicado en 1974 para alimentar el debate sobre la inmensa desigualdad del país durante el periodo en que gobernaron los militares? Sí y no. Veamos, primero, el sí.

Comoquiera que, primero Lula da Silva y luego Dilma Rousseff, han tenido el sentido común de no deshacer las reformas que puso en práctica Fernando Henrique Cardoso, el desarrollo económico, sin ser espectacular, se ha mantenido gracias al tirón de las importaciones chinas.

Crece la brecha entre el poder político y la clase media

FERNANDO PRADO

Las clases medias urbanas nunca fueron parte del modelo masista de Estado, al extremo de que no supieron ni siquiera ponerles un nombre. Esa brecha se hace cada vez más significativa conforme se evidencian ciertos rasgos en la gestión de Gobierno, que esas clases medias consideran inaceptables pues no encajan en su visión de sociedad y Estado. El análisis que haremos es válido, en gran parte también, para la gestión municipal cruceña, que sigue el mismo camino.

Un factor de divorcio es el rol subalterno y hasta inexistente en su proyecto para la sociedad civil o mejor, los que no sean parte de ‘sus’ movimientos sociales. El ciudadano, como individuo con todos sus derechos, es inexistente. El modelo político no dialoga ni con la sociedad civil como tal, ni con el ciudadano. Todo gira en torno al Estado y a los grupos corporativos que logran una relación clientelar con el mismo, en actitud rentista y de favoritismo político. Se politiza así a la sociedad para que todos giren en función del Estado, es decir de quien lo controla. Es el modelo corporativo autoritario.

Por otra parte, las clases medias compuestas por profesionales, técnicos, microempresarios, intelectuales y estudiantes , entre otros, en su gran mayoría, propugnan una sociedad en la que es importante el esfuerzo personal, la honestidad, el estudio y el respeto a las instituciones, es decir lo que se llama ser ‘buen ciudadano’, valores que Lenin llamaba despectivamente “pequeño burgués”. Estas características se derivan del rol que las clases medias cumplen en la sociedad, para lo que requieren conocimientos y valores. Sin embargo, el populismo estatista, encaramado en el Estado, al no haber incorporado a esa clase media, propugna ante todo la obediencia al jefe, la desconfianza hacia los llamados librepensadores en su seno y en toda la sociedad.

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Noticias de la semana

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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