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Cataluña y España CARLOS ALBERTO MONTANER Una parte sustancial de los catalanes quiere separarse de España. Crearían, si los dejan, un estado independiente. ¿Cuántos son? Parece que algo más del 50 por ciento, pero no se sabe con precisión porque la Constitución no autoriza los plebiscitos (Rajoy tiene razón: no puede admitir lo que la ley prohíbe).
Socialismo: qué es, cómo se justifica y cómo sacarlo ALBERTO MANSUETI  Comencemos describiendo catorce (14) rasgos típicos de un Gobierno socialista. Para que puedas identificarle. Para que entiendas qué es el socialismo. Esa es la Parte I. Luego la Parte II: ¿cómo se justifica?

Publicaciones

El populismo, en rumbo de colisión

GEORGE CHAYA 

Si algún sentido tiene el derecho a resistir las tiranías, con toda seguridad puede sostenerse que este derecho le asiste a los ciudadanos cuyas dirigencias a través de la historia van agotando los medios pacíficos para evitar la muerte de personas inocentes.

Esto es claro en Venezuela, donde el populismo chavista fue sincero con sus postulados al mostrarse dispuesto a reprimir a sangre y fuego las demandas democrática de estudiantes y trabajadores. La tragedia venezolana muestra palmariamente como se niega y arrebata al pueblo elementos democráticos esenciales como la libertad y el derecho a intervenir en asuntos sociales fundamentales cuando un sistema político es manejado por un gobierno pretendidamente revolucionario. Este antecedente es una constante a través de la historia donde la izquierda nunca pudo contener una crisis generada por propias políticas sin recurrir a la represión armada y, por lo general, acabo tiñéndolo todo de sangre tanto igual que las dictaduras de derechas.

Con todo, en algún momento, Maduro deberá rendir cuentas ante la Corte Penal Internacional, pero podría habérselas ingeniado para no terminar ante el mundo como lo que es, un fascista al timón de un régimen fraudulento y asesino de personas desarmadas que pretenden ejercer el natural derecho a peticionar y movilizarse desde el disenso. Aunque esto no fue así y el chavismo eligió la vía de la represión armada, con lo que puede decirse que ha comprado un ticket sin retorno a la violencia y la agitación social.

Venezuela, milagro económico a la inversa

FERNANDO LONDOÑO 

El castrochavismo será recordado como autor de un milagro económico a la inversa, de los que se registran tan pocos en el devenir de los pueblos.
Convertir en país miserable el más rico de América no es hazaña de todos los días. Habiendo tanta pobreza en tantas partes, en pocas tiene que pelear la gente, a dentelladas, por una bolsa de leche, por una libra de harina o por un pedazo de carne.
Convertir en despojos una de las más organizadas, pujantes y serias empresas petroleras del mundo no es cualquier tontería.

Llevar a la insolvencia una nación ante las líneas aéreas, los proveedores comerciales y los que suministran material quirúrgico y hospitalario no es cosa que se vea cualquier día. Y arruinar al tiempo el campo y la industria, el comercio y los servicios, la generación eléctrica, la ingeniería, la banca y las comunicaciones es tarea muy dura, cuando se recuerda que la sufre el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo.

En esa frenética carrera hacia el desastre, el gobierno castrochavista tuvo que proceder a la eliminación paulatina de todas las libertades, al sacrificio del pensamiento y la conciencia, a la ruina de las instituciones, del periodismo, de los partidos, de la universidad, de los gremios, de los sindicatos. Pues todo se ha cumplido tras el designio implacable de los ancianos inspiradores del sistema, Fidel y Raúl Castro, que una vez más han demostrado su audacia, su carencia total de consideración y respeto por los valores más caros de la especie humana, pero también su falta absoluta de talento. Llevar a Venezuela a la ruina total es matar su propia fuente de subsistencia. Y es lo que han hecho, moviendo los resortes del fanatismo más imbécil, de los odios más cerriles, de los desquites más torpes.

Tiempo de vacas flacas

ÁLVARO VARGAS LLOSA

Los que seguimos la discusión tributaria que se ha desatado en Chile desde fuera, vemos su silueta recortada contra lo que pasa al otro lado de la cordillera, es decir Argentina, y contra el conjunto de América Latina. Más exactamente, contra los pronósticos cada vez más ennegrecidos sobre el futuro económico de la región que disparan los organismos internacionales, los académicos y los divulgadores que se ocupan de estas costas cada cierto número de semanas.

La primera constatación es que -si puedo usar estas categorías cada vez más asexuadas- Chile gira a la izquierda en el preciso instante en que, vapuleada por la realidad, Argentina gira a la derecha. No digo: la oposición argentina o el país en su conjunto. Digo: el gobierno peronista de izquierda. Mientras Chile sube los impuestos, aprieta un poco al capital y promete un aumento de la recaudación propio de tiempos de vacas gordas, Argentina, exhausta tras una década de justicia (y justicialismo) social, ha devaluado 15 por ciento la moneda, recortado en 20 por ciento las subvenciones a la tarifas de luz y agua, sincerado en parte sus cifras de inflación y producto bruto interno y relajado algunos controles.

Ahora ruega, suplica, implora a los capitales extranjeros que regresen allí de donde nunca debieron irse, razón por la cual, después de 13 años de no pagarle, está renegociando su situación con el Club de París y ha ofrecido a Repsol 5 mil millones de dólares en compensación por haber expropiado YPF. Señales, todas ellas, de contrición donde las haya. Se admita o no.

Perdonen la indiscreción pero es exactamente lo que este escriba pronosticó en esta misma columna a raíz de la paliza electoral sufrida por el kirchnerismo en las legislativas. Contra las cuerdas, la presidenta no tuvo más remedio que llamar a Jorge Capitanich a la jefatura del gabinete y decirle: poné un poco de orden en la casa antes de que se derrumbe conmigo adentro. Digo bien “un poco” porque las medidas tomadas son menos de un 10 por ciento de lo que Argentina necesita hacer para corregir una década de justicia social que lo único que ha conseguido, como hemos visto esta semana, es una nueva huelga general de los supuestos beneficiarios de tanta redistribución.

Francisco: ¿ayuda su discurso a terminar con la pobreza?

ROBERTO CACHANOSKY 

Antes de ir al punto de esta nota, deseo aclarar que soy católico, estudié en un colegio parroquial y luego economía en la UCA. En aquellos años, teníamos materias como teología, ética y moral profesional y, por supuesto, Doctrina Social de la Iglesia, en la que veíamos las encíclicas. De manera que algo de las opiniones de los papas sobre economía conozco, aunque tampoco soy un experto, pero sí las estudié. 

Ahora bien, soy consciente de que a más de un ferviente católico no le agradará esta nota. Sin embargo, la escribo sabiendo que las declaraciones de Francisco en materia de economía y pobreza son discutibles. Recordemos que solo cuando el Papa habla ex cathedra su palabra es inapelable y lo hace cuando se trata de temas de doctrina de fe. También recordemos que fue en el Concilio Vaticano I, en 1870, que se estableció el dogma de infalilibidad papal bajo el argumento de que el Papa tiene la asistencia divina. Históricamente, se decidió en dicho concilio establecer este principio de la infabilidad del Papa por las divisiones internas que, en esa época, imperaba dentro de la Iglesia. No sigo profundizando en este tema porque no viene al caso de esta nota.

De lo anterior se desprende que cuando el Papa habla de economía, no habla ex cathedra, es decir, su palabra no es definitiva sino que es opinable, como la de cualquier católico o no católico. En consecuencia, sus afirmaciones sobre la pobreza pueden estar equivocadas al punto, y aquí alguien puede escandalizarse, que sus dichos pueden generar, por error, más pobreza, exclusión y hasta autoritarismo.

Los venezolanos y la democracia

EMILIO J. CÁRDENAS

Para los distintos organismos regionales, Venezuela sigue siendo una democracia. Por ello esos organismos entienden que hoy no hay razón alguna para recurrir a las distintas "cláusulas democráticas", respecto de lo que sucede en Venezuela, donde existe un gobierno totalitario que ha deformado a la democracia hasta hacerla irreconocible. En Venezuela existe un gobierno totalitario que ha deformado a la democracia hasta hacerla irreconocible, colonizando al Poder Judicial, que no es independiente ni imparcial, y transformando al Poder Legislativo en poco más que un solícito mandadero del Ejecutivo, sin voz, ni pensar propios. Lamentable, pero esto es así. Esa y no otra es la verdad, pese a que algunos personajes, como Heraldo Muñoz, el nuevo Canciller chileno, llamativamente no lo crea.

Una encuesta reciente del “Instituto Venezolano de Análisis de Datos” (IVAD), finalizada el 25 de marzo pasado, acaba de comprobar que es lo que piensan, de su difícil situación, los propios venezolanos. Opinión que no es un tema menor, por supuesto. Hablamos nada menos que del blanco mismo de los crímenes de lesa humanidad de los que es responsable Nicolás Maduro, reiteradamente cometidos a lo largo de dos meses de violenta represión de las protestas de una población harta de la incapacidad de un gobierno pésimo que la ha sometido a toda suerte de vejámenes e incomodidades, consecuencia de sus caprichos y de su evidente incapacidad para gobernar.

Según la encuesta, el 55% de los venezolanos cree que su gobierno no es democrático. Así de claro. Una inequívoca mayoría, entonces. Esto ocurre, cabe señalar, en todos, absolutamente todos, los segmentos sociales. Entre los más ricos, los de clase media, y también entre los más pobres, donde también hay una mayoría clara que sostiene que ya no vive en democracia.

Reforma tributaria: la "justicia" de Bachelet ante la desigualdad social

HANA FISCHER

Michelle Bachelet acaba de comenzar su segundo período no consecutivo como presidenta de Chile. No han pasado ni quince días desde su asunción y ya se ha puesto manos a la obra para cumplir con su promesa electoral de realizar una reforma educativa. El objetivo declarado es “mejorar la calidad y el acceso a la enseñanza”. El medio que pretende utilizar para alcanzarlo es el que coreaban los estudiantes en sus manifestaciones hace un par de años: educación universitaria estatal, gratuita, y de calidad.

Ni en la campaña electoral, ni tampoco desde que asumió, dio a conocer cuál es en concreto su proyecto en materia educativa. Nada se sabe al respecto. No hay planes, ni siquiera pautas que orienten a la comunidad hacia dónde piensa dirigir sus pasos. Únicamente palabras bonitas, del tipo que nada dicen pero suelen caer bien.

Bachelet no comunica qué piensa hacer, pero tiene claro que va a costar mucho dinero. Es por esa razón que con gran diligencia, el lunes 31 de marzo envió al parlamento un proyecto de reforma tributaria. El eje sobre el cual gira, es elevar los impuestos a las empresas. La meta declarada es recaudar un 3% del PIB, que en términos monetarios se sitúa en unos US$8.200 millones al año.

Como es lógico, detrás de cada medida gubernamental hay una ideología que la fundamenta. La justificación que dio la mandataria chilena es la siguiente: “Mejorar la calidad de la educación no es sólo responsabilidad del gobierno, es responsabilidad del conjunto de la sociedad (…) Ese es el sentido profundo de la reforma tributaria: que todos, y en particular quienes pueden más, comprendan que tienen un deber y una responsabilidad con respecto a mejorar la educación”.

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Noticias de la semana

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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