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Japón: enfermo crónico de keynesianismo JUAN RAMÓN RALLO Japón entra en recesión y todos aquellos que habían aplaudido el Abenomics como la receta definitiva para los problemas de Europa permanecen mudos.

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Pablo Iglesias o el mentecato ilustrado

CARLOS ALBERTO MONTANER 

Calma. No hay agravio. La etimología de mentecato es transparente. Quiere decir “mente captada o capturada”. Me refiero a eso. Iglesias es un joven político y politólogo español, chavista, que hoy tiene un sorprendente poyo electoral en su país.

Pablo Iglesias, sin duda, es un mentecato ilustrado. Seguramente tiene un cociente de inteligencia altísimo. Como el genial Mussolini, que alcanzaba un puntaje de 175. El problema radica en qué ideas han capturado tan prodigiosa mente. Las grandes cabezas pueden estar pobladas de disparates que, cuando se mezclan con una actitud arrogante, devienen en la terca insistencia en el error, en la negación de la realidad y en el desprecio por los cerebritos de a pie. Suele ocurrir. Las malas ideas, cuando se enquistan en neuronas privilegiadas, son más dañinas.

¿Cuáles son las ideas madre –hay ideas madre como hay células madre– instaladas en la descomunal sesera del profesor Iglesias que no le permiten observar la realidad con ecuanimidad?

Son varias. La primera tiene que ver con la desmesurada fe en su propia capacidad intelectual. Pablo Iglesias no conoce la duda. Predica ex cátedra. Él y su tribu creen saber cuánto deben ganar las personas, que precio justo deben tener las cosas y los servicios, cómo pueden funcionar las empresas, qué deben producir para servir a la sociedad, qué se debe poseer para alcanzar una vida feliz y digna, y en qué punto el patrimonio acumulado se convierte en una injusticia que hay que cercenar de un certero tajo fiscal. Prodigioso.

BRICS en problemas

MANUEL HINDS 

Hay un dicho en anglosajón que dice que hay que tener cuidado con lo que uno pide porque se lo pueden dar. Mucha gente ha criticado el desbalance internacional de la economía de EE.UU., que por varios años ha importado mucho más de lo que exportaba, y ha pensado que por eso los países emergentes, que exportaban más de lo que importaban, iban a convertirse en los motores de la economía mundial. Esta gente nunca se detuvo a pensar que los que generan demanda en los mercados internacionales son los que importan menos de lo que exportan, ya que dejan un déficit en su producción que puede ser llenado por otros. Es decir, los que generan actividad en los mercados internacionales son los que compran, no los que venden.

Por supuesto, importar más de lo que se exporta tiene un problema: la diferencia se financia con préstamos, con lo que si la diferencia entre importaciones y exportaciones es muy grande, y si esta situación se prolonga mucho, el país afectado tiene que reducir su demanda de importaciones, aumentar sus exportaciones, o una combinación de las dos. Al hacerlo, por supuesto, reduce el mercado internacional que está disponible para otros países.

Desde los años noventa, varios países, incluyendo EE.UU., estaban en esa situación, demandando mucho más de lo que producían, con lo que se generó un boom internacional. Este boom creó una cadena de oferta. Algunos países, como Alemania y China aumentaron sus exportaciones enormemente vendiéndole productos industriales a EE.UU., España, Irlanda, Italia, Grecia y otros similares. En este boom, la demanda de materias primas necesarias para producir productos industriales aumentó muy fuertemente, causando booms en los países exportadores de productos primarios-incluyendo a Brasil, Rusia, y casi toda América Latina.

Israel: el éxito de un país que no tiene "nada"

UNIDOS CON ISRAEL

Visto desde fuera, Israel es quizás el país más sorprendente del mundo. Nunca he estado allí, pero casi todo lo que leo sobre su historia, sus instituciones y su gente me asombra. Nada tiene sentido. Es maravillosamente ilógico. Y, para un economista, apasionante.

Mucha gente recuerda a menudo que Israel es la única democracia de Oriente Medio. Y es cierto. Pero a mí siempre me ha admirado más que también sea el único país próspero de la zona. Es que no hay cómo explicarlo: ocho millones de personas, metidas en una franja de terreno más pequeña que la Comunidad Valenciana. Tipos que en su gran mayoría salieron escapando de sus países de origen con apenas un puñado de posesiones. Familias que edificaron su hogar sobre el desierto más inhóspito. Rodeados de enemigos que querían acabar con ellos y que les obligaban a un esfuerzo económico para protegerse y a una dedicación de su tiempo que desde la confortable Europa Occidental no nos podemos imaginar.

Pues bien, esta gente ya tiene un PIB per cápita superior al de España. Y no sólo eso. Son el tercer país con más compañías en el Nasdaq, sólo por detrás de EEUU y China. Poseen una de las agriculturas más modernas y competitivas del mundo. Incluso han conseguido un sólido sector servicios que es capaz de atraer talento e inversiones.

Siempre he pensado que es exactamente el ejemplo contrario a la llamada maldición del petróleo, esa tendencia de los países ricos en recursos naturales a dilapidar los bienes a su alcance. Aparentemente, Israel no tiene nada: ni petróleo, ni oro ni minerales… Es que, por no haber, hasta escasea el bien más básico, el agua. ¿Cómo lo hacen?

La falacia de los "derechos sociales"

JAVIER INFANTE 

En nuestra agenda pública actual, la mejor falacia es sin duda aquella que ha comenzado a elaborarse en torno a los mal llamados “derechos sociales”. Porque no existe tal cosa como un “derecho social”. El régimen de derechos afecta únicamente a ciudadanos individuales, y tiene por causa precisamente el proteger al individuo de los abusos de sus pares individuales o de la sociedad dispersa –sociedad civil- u organizada –el Estado-. En consecuencia, un “derecho social” carecería de sujeto. Por el contrario, si yo hago valer –incluso junto a un grupo de amigos o gremio- alguna garantía civil, lo hago a título personal, variando únicamente el recurso –acción individual o colectiva- para exigir la misma, quedando en consecuencia bien definido el sujeto de derecho.

La generalidad que subyace a cualquier “derecho social” da cuenta de que no se trata realmente de un derecho, sino de un mero deseo o expectativa planteada al Estado y la Constitución: educación, salud, vivienda, un medio ambiente limpio, etc. Todo mediante eslóganes pegajosos que no se pueden sostener ni justificar con ningún argumento sólido desde el punto de vista intelectual y práctico.

Pero la realidad es muy distinta. No existe tal cosa como la educación, la salud o la vivienda gratuita. Alguien siempre tendrá que pagar por ellas. Si el Estado se transforma en el prestador, tendrá que echar mano a los fondos públicos. Otra falacia. No hay tal cosa como recursos naturalmente públicos. El Estado, por definición, no crea riqueza. Simplemente distribuye lo expropiado a los ciudadanos. Es decir, quita a algunos mediante el uso de la fuerza –por algo son “impuestos” y no “voluntarios”- y da a otros que en nada contribuyeron a la creación de ese valor expropiado.

El populismo amenaza con desatar otra crisis del euro

MANUEL LLAMAS 

El auge de los partidos populistas, defensores de impagar la deuda e incluso abandonar el euro como solución a la crisis, no es un fenómeno exclusivo de España, tras la fuerte irrupción de Podemos en el mapa político, sino que también se extiende a Grecia e Italia, afectando así a buena parte del sur de Europa.

Las últimas encuestas electorales muestran que este tipo de formaciones lideran la intención de voto en Grecia, con los comunistas de Syriza a la cabeza, en España con Podemos, y se sitúan como segunda fuerza en Italia a través del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo.

Este crecimiento constituye un nuevo factor de riesgo para la estabilidad económica de Europa y la propia supervivencia del euro, ya que estos tres partidos abogan por decretar la suspensión de pagos y, en última instancia, salir del euro. El mercado, por el momento, no ha descontado dicha posibilidad y mantiene la calma gracias a las promesas que sigue lanzando el Banco Central Europeo (BCE) de que intervendrá comprando deuda pública en caso necesario.

Sin embargo, el ascenso al poder de alguno de estos partidos bien podría desatar una nueva e impredecible crisis en el seno de la Unión Monetaria, puesto que defienden abiertamente impagar la deuda y abandonar la política de ajustes y reformas estructurales que recomienda Bruselas, con lo que, una de dos, o bien estos estados reciben más dinero de las autoridades comunitarias para financiar su gasto público -con el consiguiente enfado de los contribuyentes del norte- o bien abandonan el euro para recuperar su autonomía monetaria. En cualquiera de los dos casos, la tormenta financiera está asegurada.

El Muro de Berlín no fue un accidente histórico

JUAN RAMÓN RALLO 

El derribo del Muro de Berlín hace 25 años corre el riesgo de convertirse en una efeméride más acerca de un pasado cuasi prehistórico en lugar de en un valioso recordatorio sobre los horrores del socialismo real. Como suele suceder con la historia, el paso del tiempo difumina las causalidades y vuelve más amables las lejanas responsabilidades. Acaso, desde la distancia, pudiera parecer que el Muro fue apenas un pintoresco accidente histórico, una frivolidad de un régimen megalómano sin conexión alguna con su sustrato ideológico.

Pero el muro de la vergüenza socialista no fue ningún accidente histórico: fue la consecuencia natural e inexorable de una ideología que institucionalizaba la explotación del hombre por el hombre mientras ondeaba propagandísticamente la bandera de su abolición. Hubo –y hay– otros muchos muros socialistas distintos al berlinés: los controles de circulación, la restricción en la concesión de pasaportes o las barreras naturales –como estar rodeado por un océano– son cárceles en muchos casos tan o más efectivas que la barrera germana.

Porque la explotación –la verdadera explotación: la basada en la represión sistemática de la libertad– es forzosamente consustancial a la dictadura del proletariado: no ya porque la dictadura reconoce sin ambages cuál debe ser el destino de los no proletarios, sino porque incluso entre los proletarios existen legítimos disensos de intereses que la dictadura socialista sólo es capaz de resolver manu militari, esto es, convalidando el uso de la fuerza por parte de unos proletarios sobre otros (en realidad, por parte de los cuadros con mayor poder de negociación dentro de la burocracia socialista sobre el conjunto de los proletarios).

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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