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¿Para qué es el gobierno? ALBERTO BENEGAS LYNCH  En realidad, el rol y las funciones del monopolio de la fuerza que llamamos gobierno se instituyó luego de que buena parte de la humanidad pudo sacarse de encima los faraones, sátrapas, emperadores y similares,
Mises: la inflación es el verdadero opio del pueblo LUDWIG VON MISES  La inflación y la expansión del crédito son los medios de obscurecer el hecho de que prevalece una escasez que es resultado de la Naturaleza, de las cosas materiales de que depende la satisfacción de las necesidades humanas.

Publicaciones

Capitalismo, política, empleo y salarios

GABRIEL BORAGINA

Aunque parezca mentira la ignorancia que existe sobre el capitalismo sigue siendo tan grande que no deja de sorprendernos la cantidad de juicios disparatados que se emiten de continuo sobre el mismo. A pesar de habernos ocupado bastante de este tema, volveremos a analizar algunos de los dislates más comunes que aun hoy en día todavía se siguen profiriendo sobre esta cuestión.

Por ejemplo, se dice que el capitalismo es el resultado de “las manipulaciones del poder”. Pero ya hemos explicado que el capitalismo no tiene nada que ver con los “manipuladores del poder”. Capitalismo y manipuladores del poder son términos antitéticos. El capitalismo es anti-poder, si por la palabra “poder” entendemos el poder político, ya que este último siempre ha sido el gran enemigo del capitalismo.

Por el contrario, el poder político siempre ha querido absorber el poder económico que el capitalismo genera. Y como ya hemos expuesto, el poder político se nutre del poder económico del capitalismo y termina sofocándolo, hasta el punto en que los políticos se dan cuenta que si extinguen al capitalismo ellos mismos se quedarán sin el cuerpo económico del cual parasitan y lucran.

Luego se indica que el capitalismo “se beneficia” de las leyes políticas. Pero, al contrario, las leyes políticas siempre han perjudicado al capital, y por ende, al capitalismo desde luego. El capitalismo no tiene nada que ver con las leyes políticas, porque normalmente las leyes dictadas por los gobiernos a lo que apuntan es a expropiar el capital privado de mil maneras posibles: impuestos, tasas, controles de precios, aranceles, cuotas, inflación, racionamientos, y un sin fin de medidas que tratan por todos los medios de estrangular al capital, con el fin último siempre de que el capital privado pase a manos de los gobiernos y sus burócratas, que son los que lucran a costa del capital particular.

El olor de la sangre

CARLOS ALBERTO MONTANER

YouTube salpica sangre en estos días. Los videos tienen una audiencia tan numerosa como horrorizada.

Me refiero a las crueles decapitaciones de los periodistas norteamericanos Steven Sotloff y James Foley, presumiblemente a manos de educados árabes de cultura y formación inglesas, y las filmaciones de las matanzas masivas de prisioneros que son ejecutados con disparos en la cabeza, administrados sin el menor dramatismo por asesinos vinculados al califato islámico.

Estas imágenes estremecedoras suelen provocar dos preguntas entre los espectadores.

La primera: ¿por qué estos grupos violentos filman y exhiben estas salvajadas que demuestran el grado de depravación moral en el que viven y matan?

Y la inevitable segunda: ¿cómo es posible que unos jóvenes criados en las civilizadas ciudades europeas, estadounidenses o australianas, se enrolen voluntaria y alegremente en unas bandas criminales que realizan esas repugnantes carnicerías?

La respuesta vincula las dos cuestiones: los filman porque el espectáculo de la violencia, aunque provoca el rechazo de un porcentaje de la sociedad, atrae a numerosos jóvenes, casi siempre varones, que se sienten seducidos por el espectáculo siniestro del cuchillo filoso que saja o punza profundamente la carne humana.

República y presupuesto público

VÍCTOR PAVÓN 

El presupuesto estatal es un instrumento de asignación financiera de los ingresos y gastos previamente autorizados por el pueblo por medio de sus representantes. Esta concepción del presupuesto impera en la academia y en la práctica.

Como se notará, la tendencia tiene un fuerte sesgo técnico. Sin embargo, si se sigue avalando el mero tecnicismo seguiremos alimentando al Leviatán, a aquella idolatría estatal cuyo propósito no es más que la destrucción del orden político de la libertad. En mayor o menor grado, esto está ocurriendo en Paraguay, como también en aquellos países desarrollados en los que supuestamente se da un mejor ambiente institucional. Y no tanto. La realidad es que en todas partes los escandalosos despilfarros así como los detestables privilegios de los gobiernos denunciados por la prensa libre son muestras de aquella tendencia en el tema presupuestario.

Más que una cuestión técnica, el presupuesto es mucho más que eso, es un tema que hace a la República, a la sociedad libre. El ciudadano, el hombre libre es el centro de esa sociedad, y no el Estado o sus ocasionales gobernantes que constantemente violentan e impiden la libre cooperación entre los individuos.

El gasto público, por ello, únicamente se justifica para garantizar la vida, la libertad y la propiedad de los habitantes. Infelizmente, esta visión republicana ha sido relegada. Y sucedió con la puesta en funcionamiento de la Constitución en 1992 que desde entonces muestra el incremento exponencial del gasto sin la eficiencia y la calidad requeridas.

Democracia, instituciones y riqueza

IVÁN CARRINO 

¿Por qué se cayó el Muro de Berlín? Existen varias teorías. No había incentivos, no había suficiente información. Para mí, el Muro de Berlín se cayó porque de un lado y del otro de la “cortina de hierro” algo era fundamentalmente diferente. Al oeste, las relaciones eran voluntarias. Dentro de las posibilidades de cada uno, todos podían elegir qué hacer de sus vidas. Estudiar una carrera u otra, trabajar en una industria u otra, comprar un producto u otro y así sucesivamente. Al este, en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, este no era el caso. Nada de elegir, hasta el alimento estaba racionado y todo lo que había era lo que producía el único productor del mercado, a saber, el estado. El milagro, en realidad, es que este sistema haya durado casi 70 años.

La posibilidad de elegir es fundamental. Nos permite ensayar, equivocarnos, y finalmente decidirnos por aquello que mejor nos queda. Nos permite crecer y descubrir. Sin prueba y error no hay descubrimiento ni innovación, solo permanece el status quo. Sin posibilidad de elegir, nos quedamos con lo que tenemos aunque no nos guste, generando la consecuente angustia y decepción.

Esto mismo que le pasa a una persona puede aplicarse a un grupo de personas o a una sociedad. Si partimos de la base de que existen “problemas públicos” entonces reconocemos que la sociedad debe encontrar la forma de resolverlos. Por poner un caso sencillo, la pintura de la escalera de un edificio es un problema de todos los que viven en ese edificio. Si el edificio fuera una sociedad, entonces diríamos que la pintura de la escalera es un problema público. Para abordar este problema, lo más probable es que se forme una asamblea de vecinos, con delegados y, finalmente, que se contrate a un administrador, un mandatario del consorcio de propietarios.

La tiranía de los ingenieros sociales

GABRIELA CALDERÓN

En el último libro de William Easterly, La tiranía de los expertos: los derechos olvidados de los pobres, se aprende acerca de los orígenes de lo que hoy conocemos como la economía del desarrollo y se cuestiona lo que los expertos pueden lograr en la lucha contra la pobreza y la opresión.

Easterly inicia su libro comparando las apreciaciones de dos economistas célebres que compartieron el Premio Nobel de Economía en 1974: Friedrich Hayek y Gunnar Myrdal.

Myrdal creía en lo que él denominaba “la ingeniería social”. Consideraba a la sociedad tan manejable que en un libro publicado en la década del 30, él y su esposa proponían como solución, a lo que se percibía como una crisis demográfica en Suecia, descartar “la casi patológica” familia tradicional. Esta resultaba en que los padres suecos le presten demasiada atención a cada niño y, por lo tanto, decidan tener menos hijos. De manera que los niños deberían ser criados en guarderías infantiles estatales como parte de “un gran hogar nacional”. Los Myrdal consideraban que esto “formaría un mejor material nacional”. Leyendo esto se me vinieron a la mente los Centros Infantiles del Buen Vivir (CIBV) en Ecuador. Bajo esta mentalidad, el desarrollo es una cuestión puramente técnica y uniforme.

Hayek, en cambio, reconocía la historia del progreso en Occidente al señalar en su famosa obra Camino de servidumbre que “solo desde que la libertad de industria abrió el camino para el libre uso del conocimiento, solo desde que todo podía ser intentado –si se podía encontrar a alguien que lo respaldara incurriendo su propio riesgo– (...) es que la ciencia ha logrado grandes avances que en los últimos ciento cincuenta años han cambiado el rostro del mundo”.

Alinear incentivos

ALBERTO BENEGAS LYNCH

No se trata de fabricar seres humanos según el molde de algún megalómano ni “hombres nuevos”, sino de tomar a las personas como son y encontrar el mejor camino para que cada uno pueda seguir su proyecto de vida sin lesionar derechos del prójimo. Cada cual responderá ante su conciencia por sus actos, pero nadie debiera tener la facultad de entrometerse en la vida ni en las haciendas de otros a menos que se recurra al derecho de autodefensa en vista del uso de la fuerza agresiva.

En última instancia, se trata de una cuestión de incentivos que permitan la cooperación libre y pacífica. Independientemente de la bondad o la maldad de distintos individuos, los incentivos adecuados ponen límites estrictos a la invasión a los derechos de cada cual y estimulan el entendimiento de la gente en pos de sumas positivas. En este cuadro de situación se tenderá a sacar lo mejor de cada uno, a diferencia de incentivos perversos que tienden a sacar lo peor de las personas.

Los incentivos de todos operan en dirección a pasar de una situación menos favorable a una que le proporcione al sujeto actuante una situación más favorable. Esto es independiente de cuales sean las particulares y subjetivas metas de cada uno. Siempre será un incentivo este paso de una situación a otra y será un desincentivo lo contrario (a veces denominado contraincentivo). Para que esto ocurra es indispensable una atmósfera de libertad cuya contratara es la responsabilidad.

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Noticias de la semana

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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