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Lee Kwan Yeu: del Tercer al Primer Mundo JUAN RAMÓN RALLO  La radical transformación de Singapur ha sido en gran medida obra del marco institucional creado por Lee Kuan Yew, el visionario padre del Estado singapurense, que ha muerto este lunes a los 91 años de edad, medio siglo después de que su país se independizara de Malasia.
Una obsesión peligrosa THOMAS SOWELL  Los medios de comunicación y el mundo académico viven obsesionados con los "diferencias" y las "desigualdades" en los sueldos. Como decía un tertuliano, "no tiene sentido" que un ejecutivo gane 50 millones de dólares al año.

Publicaciones

En defensa de las virtudes burguesas

LORENZO BERNALDO DE QUIRÓS 

En el debate entre el capitalismo y sus detractores se plantea de manera recurrente una idea: la falta de principios éticos de la economía de libre mercado y, en consecuencia, su pernicioso efecto sobre el ethos moral de las sociedades capitalistas. Sobre esta visión, convertida en una verdad popular, se ha sustentado de facto el discurso de la izquierda en sus versiones suaves, socialdemocracia, y fuertes, el comunismo y sus versiones postmodernas.

El igualitarismo, la necesidad de corregir los excesos del mercado, las críticas a la mercantilización de la vida, etcétera, forman parte de una cosmovisión que reduce los estándares éticos de las democracias liberales al egoísmo individual, a la ruda búsqueda del beneficio y del placer y a la competencia despiadada entre los individuos para lograr esos objetivos. Esta cuestión en apariencia académica y filosófica tiene unas implicaciones prácticas extraordinarias porque de modo consciente o inconsciente inspira los programas de los partidos políticos. España es un caso paradigmático de este estado de cosas.

Si se considera el capitalismo como un sistema desprovisto de fundamentos morales, regido por la ley de la selva, la única discusión posible es la referente a cuál es el grado de control político de la economía y de la sociedad. La respuesta del socialismo real era la planificación central y la de los socialdemócratas, la masiva intervención y regulación de la actividad económica. En la España de 2015, la presunción de culpabilidad de quienes obtienen ingresos superiores a la media, la concepción de la riqueza como algo sospechoso o pecaminoso y el alimento de la envidia y del resentimiento como factores de movilización pública tienen su origen en la supuesta amoralidad o, mejor, inmoralidad de un orden social y económico injusto

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"Abundancia roja"

CARLOS RODRÍGUEZ

Francis Spufford recuerda en Abundancia roja. Sueño y utopía en la URSS (Editorial Turner) la responsabilidad que en el socialismo corresponde a los economistas.

En efecto, desde el propio Marx hasta la última estrella del mainstream neoclásico que nos alecciona sobre los fallos del mercado, los economistas han cumplido un papel destacado a la hora de racionalizar el intervencionismo y brindar a los enemigos de la libertad un supuesto aval científico a sus campañas para reemplazar el caótico, empobrecedor, codicioso e injusto capitalismo por el ordenado, próspero, generoso y justo socialismo.

Y de eso trata este libro, varios de cuyos personajes son economistas, algunos ficticios pero otros bien reales, como el Premio Nobel (y antes Premio Stalin) Leonid Kantorovich. Este y otros genios de las matemáticas y la programación lineal se afanaron en sustituir el mercado ineficiente por grandes sistemas de ecuaciones, con la atroz fantasía, central para el neoclasicismo, de que la economía es un problema asignativo, técnico, matemático y computacional.

Los debates que leemos en el libro tienen ecos de los que tuvieron lugar en los años 1920 y 1930, donde cruzaron espadas teóricas figuras como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek frente a Oskar Lange y Enrico Barone, entre muchos otros. Hay páginas brillantes de Spufford que recuerdan a Adam Smith, o a Frédéric Bastiat, ese economista liberal tan despreciado (“espadachín a sueldo de la burguesía”, lo llamó Marx), y que a mediados del siglo XIX intuyó la complejidad inabarcable e irreproducible del mercado, pensando en cómo era posible que, sin un sabio planificador que lo organizase, un millón de parisinos que no producían alimento alguno pudiesen comer todos los días alguna cosa. Precisamente, podían comer porque ningún planificador intervenía en el mercado para organizar la producción y distribución de alimentos.

Las otras características del socialismo también aparecen: la opresión, la mentira, la intoxicación propagandística, la corrupción, el servilismo de artistas e intelectuales, la manipulación constante de la educación, y el castigo especialmente severo a los trabajadores, supuestamente los beneficiarios de ese sistema.

El empresario responsable de la caída del petróleo

JOSEPH RAGO 

La semana pasada, una estación de servicio en Oklahoma City fue la primera en vender gasolina regular por menos de US$2 el galón. El precio promedio en Estados Unidos es el más bajo desde 2010 y continúa cayendo, lo cual Goldman Sachs GS -0.19% considera como el equivalente a un recorte de impuestos de US$75.000 millones a lo largo de los últimos seis meses. La situación en otros países es similar.

Los consumidores pueden agradecerle a Mark Papa, el empresario cuyo papel en la creación de esta bonanza sigue siendo, en gran parte, desconocido. Lo mismo sucede con muchos otros beneficios del auge energético estadounidense.

Papa se jubiló en julio, dejando su cargo como presidente ejecutivo de EOG Resources, EOG -0.94% la compañía de perforación que él transformó en el mayor productor de petróleo en los 48 estados contiguos de EE.UU. durante su década y media de gestión.

“Ellos estuvieron entre los pioneros de la revolución del petróleo y el gas no convencional”, reconoce el historiador energético Daniel Yergin. La compañía abrió nuevas fronteras en la fracturación hidráulica y la perforación horizontal, permitiendo que los productores exploten esquisto denso y difícil de extraer.

“No se me ocurre ningún otro acontecimiento que haya causado un beneficio económico así de positivo a un país como el petróleo y gas de esquisto”, afirmó Papa en una reciente visita a Nueva York. “El hecho de que los precios del crudo hayan colapsado tanto como lo han hecho es directamente atribuible a la revolución de esquisto”

A 800 años de la Carta Magna

VÍCTOR PAVÓN

El año 1215 se muestra lejano en el tiempo. Solo la historia como ciencia de la exploración nos permite comprender lo que en esa época había ocurrido. Un documento de hace 800 años ilumina nuestra civilización. Ya antes de aquel año, el colectivismo, cuya raíz es la misma del socialismo que privilegia al Estado sobre el individuo, sepultó a la Roma Republicana en el 27 a. C. a causa de la voluntad imperial que impuso la intervención estatal sobre la propiedad privada.

Desde aquella caída de la Roma Republicana y durante casi mil años, cayó sobre la faz de la tierra la tiniebla del colectivismo. Había sido relegado el sabio concepto de que la ley sirve para proteger la libertad del individuo. Se hacía necesario el resurgimiento de aquella tradición libertaria. Y así ocurrió. En el norte del continente europeo, en una isla, Inglaterra, se inició un extraordinario proceso civilizador que no se detendría cada tanto si no fuera por las tiranías impuestas.

Los ingleses hacia el 1215, sin embargo, fueron comprendiendo que el derecho de propiedad es un genuino derecho humano: sin propiedad, decían, no hay justicia. De esta manera, no estaban dispuestos a admitir que la propiedad es un permiso, una dádiva, otorgada por el humor o capricho de la autoridad de turno.

Fue así como en aquel memorable 15 de junio de 1215, el Rey Juan I, conocido como Juan sin Tierra, firmó luego de complicadas reuniones en el campo de Runnymede el majestuoso documento conocido como Carta Magna que reconoce que la vida, la libertad y la propiedad son indisolubles; por tanto, ningún hombre podía ser desposeído de su propiedad, excepto por leyes preestablecidas y que la voluntad del Rey no era ilimitada. El poder debe estar permanentemente controlado.

El futuro de Brasil, parálisis indefinida

ANDRÉS OPPENHEIMER

Los problemas políticos de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, están creciendo a diario tras las protestas masivas antigubernamentales del 15 de marzo, que fueron mucho más grandes de lo esperado, y las nuevas denuncias de corrupción contra funcionarios de alto rango del partido gobernante en el escándalo político de Petrobras.

A juzgar por lo que escuché del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, el senador José Serra y otros políticos brasileños cuando los entrevisté en días pasados, es probable que Rousseff no sea sometida a juicio político — al menos por ahora — en el escándalo de los sobornos pagados a funcionarios del gobierno y legisladores del gobernante Partido de los Trabajadores por la empresa petrolera estatal.

Sin embargo, Rousseff podría quedar políticamente paralizada para el resto de su mandato, que finaliza en enero del 2019. La investigación sobre los sobornos de Petrobras, que tuvieron lugar mientras ella presidía el Consejo de Administración de la empresa, durará por lo menos uno o dos años más. O sea que cuando termine, asumiendo que la presidenta salga indemne, ya será una jefa de Estado finalizando su mandato, y por lo tanto con poco poder político.

Para empeorar las cosas, la economía de Brasil tendrá su peor desempeño en 25 años en el 2015, según una reciente encuesta del Banco Central entre casi un centenar de economistas, que proyectan que la economía caerá un 0.6 por ciento este año. Pocos economistas esperan una pronta recuperación, salvo una movida poco probable de Rousseff para sellar un acuerdo con la oposición.

El mito de la distribución de la riqueza

LUIS PAZOS 

Periódicamente se publican libros que hablan de la creciente concentración de la riqueza en los sistemas capitalistas. Exhiben datos de cómo a través del tiempo los ricos tienen más dinero y propiedades en relación con la mayoría de la población. Señalan cómo se agranda la brecha entre los más ricos y los más pobres. Culpan al capitalismo y a los mecanismos de mercado de propiciar dicha concentración.

Y tácita o expresamente presentan a la intervención del Estado como la solución para frenar la concentración de la riqueza y lograr su mejor distribución. Esos argumentos falaces llevan a muchos profesores, políticos y aun a empresarios productivos, a apoyar  mayores impuestos, limitaciones y expropiaciones en nombre de una desconcentración y mejor distribución de la riqueza.

La riqueza que reduce pobreza no es el dinero en manos de los más ricos ni el control de acciones que les permiten dirigir enormes empresas, sino los bienes y servicios disponibles para los consumidores. Los habitantes de un país no se hacen más pobres porque empresarios productivos concentren más dinero, que en su mayoría invierten, después de impuestos, en crear más empresas y empleos.

El verdadero termómetro para medir la riqueza o pobreza de la mayoría de la población es la cantidad de bienes y servicios que pueden adquirir. Si bajo ese parámetro medimos la riqueza, en los llamados países capitalistas es donde un mayor porcentaje de la clase media y de pobres, poseen relativamente más bienes y servicios y de mejor calidad.

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Noticias de la semana

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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