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La batalla de las percepciones CARLOS ALBERTO MONTANER Tiene un nombre aséptico, pero es enormemente controversial: Plan Integral de Acción Conjunta. Es el acuerdo entre Estados Unidos e Irán en materia de control y eliminación de las armas nucleares que Teherán se proponía (o se propone) fabricar.

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Sudamérica ante la tormenta perfecta

ANDRÉS OPPENHEIMER 

Escuchando los discursos de los presidentes de Argentina, Bolivia, Venezuela y otros países sudamericanos después del reciente frenazo de la economía China, pareciera que están viviendo en otro planeta. Todavía siguen hablando de los abundantes recursos naturales y materias primas de sus países, como si eso importara mucho en el nuevo mundo de Google, Apple y Uber.

Cuando Sudamérica se benefició de los precios récord de las materias primas por las crecientes importaciones de China en la decada pasada, varios presidentes de la región se embarcaron en una fiesta populista. No le prestaron mucha atención al hecho de que el mundo estaba moviéndose rápidamente hacia una economía del conocimiento, en que una empresa como Apple hoy día vale más que el producto bruto de varios países.

Pero ahora, la fiesta ha terminado, y América Latina se enfrenta a una tormenta perfecta: la desaceleración económica en China, la caída de precios de las materias primas, una fuga de los inversionistas internacionales a países más seguros, y la posibilidad de que la Reserva Federal de Estados Unidos suba pronto sus tasas de interés, lo que haría más caro para los países de la región obtener créditos o pagar sus deudas externas.

Para colmo, la mayoría de los países sudamericanos están mal preparados para enfrentar estos retos, porque tienen poco para exportar que no sean materias primas de bajo precio.

La tara con el cepo

ROBERTO CACHANOSKY

Pareciera ser que, aún entre los colegas economistas racionales, obviamente no incluyo a los k, quitar el cepo se ha transformado en una ciencia oculta. Casi en una misión imposible. Les agarró como una tara con el cepo. Es como si las salchichas tuvieran racionamiento y un precio máximo y se argumentara que para eliminar ambas restricciones, previamente fuera necesario acumular un determinado stock de salchichas y 100 días de trabajo. Finalmente, el cepo y el tipo de cambio oficial no son otra cosa que un control de precios y regulaciones sobre una mercadería llamada dólar. Veo que varios de mis colegas economistas están dando demasiadas vueltas para eliminar el cepo. Es como si tuvieran miedo de liberar el mercado. No confían en la gente y creen que ellos son necesarios para la estabilidad del mercado.

Veamos, el cepo fue puesto inmediatamente después de las elecciones del 2011. El kirchnerismo siempre generó desconfianza en los agentes económicos pero Cristina Fernández potenció esa desconfianza ya en 2007 cuando se aceleró la fuga de capitales. En 2011 la desconfianza a su gestión económica se potenció tanto que antes de las elecciones hubo una gran hemorragia por la salida de divisas. Ella aguantó hasta las elecciones y ni bien tuvo el resultado, puso el cepo. Si lo hubiese puesto antes o lo hubiese anunciado, tal vez hubiese visto comprometido el resultado de su elección.

La realidad es que, por un lado, CF puso el cepo porque desde el punto de vista económico había huida del dinero a raíz de la fuerte expansión monetaria que realizaba el BCRA para financiar el creciente gasto público. Esto generaba mayor demanda de dólares y para que no subiera el tipo de cambio el BCRA perdía reservas en cantidades industriales vendiéndole al mercado dólares artificialmente baratos. Por otro lado, había desconfianza en lo institucional. Me refiero al atropello a los derechos de propiedad que amenazaba imponer el kirchnerismo. Como CF no estaba dispuesta a modificar ninguna de las dos cosas, ni a mejorar la calidad institucional, ni a tener disciplina fiscal para poder tener disciplina monetaria, decidió establecer el cepo creyendo que este era un sustituto de la calidad institucional y la disciplina monetaria.

Por qué no reconstruyen Gaza

JONATHAN S. TOBIN

Ha pasado un año desde la finalización de la última guerra de Gaza y aquellos que perdieron sus hogares durante los combates siguen esperando la reconstrucción de los mismos. Si uno escucha a los propagandistas palestinos, es culpa de Israel. Esa es la idea que se desprende de un artículo publicado el lunes en el New York Times por Mohamed Omer. Según éste, Gaza es un "Gulag en el Mediterráneo" que aún sufre la "ocupación" israelí, aunque el Estado judío retirara hasta el último de sus soldados, colonos y asentamientos hace diez años. Todos los problemas de la Franja, sostiene, pueden achacarse al cerco israelí, que aprisiona y sofoca a los palestinos que viven ahí. Pero, oh sorpresa, la víspera había aparecido en el propio NYT una evaluación ligeramente más realista de lo que sucede. La razón de que ni una sola de las 18.000 viviendas destruidas o dañadas durante la guerra sea habitable no tiene nada que ver con Israel.

Incluso los funcionarios de Hamás admiten que los israelíes no han impedido el paso a la Franja de cemento y demás materiales de construcción. Parte del problema radica en el engorroso proceso requerido para la autorización del paso de dichos envíos. El fracaso de los donantes internacionales, especialmente los del mundo árabe, a la hora de cumplir sus compromisos de ayuda a Gaza es también notable. Pero lo fundamental es que, si bien los hogares aún no se han reconstruido, hay un montón de actividad constructora en Gaza. Lamentablemente, el trabajo está concentrado en la construcción de túneles terroristas y otras infraestructuras militares que permitan a Hamás lanzar una nueva guerra contra Israel cuando le interese, o cuando se le antoje a sus aliados iraníes.

El argumento de Omer es harto familiar. Israel no debe obstaculizar el libre tránsito de bienes y personas desde o hacia Gaza. El cerco –en el que Egipto desempeña un papel tan importante como Israel, aunque Omer apenas repara en ello– hace que el Gobierno de Hamás no sea sino una "administración municipal". Esto es ridículo. La razón por la que la comunidad internacional no tiene problemas con el liviano bloqueo de Gaza es que ésta está comandada por una organización terrorista.

"Conspiración": la coartada del socialismo del siglo XXI

CARLOS SÁNCHEZ BERZAIN 

El mensaje principal del Socialismo del Siglo XXI es “conspiración”. Los jefes de gobierno de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua… hacen incesantes y repetidas denuncias de conspiración ante la crisis económica, social y política que han generado con su sistema anacrónico, su ineptitud y su corrupción. La acusación de conspiración, la fabricación de conspiraciones, es nuevamente la coartada de los gobiernos no democráticos para pasar de responsables a víctimas, justificar la represión, manipular la crisis de la que son autores y mantenerse indefinidamente en el poder.

Conspiración es la unión de varias personas contra un superior o un soberano, se trata de “una o varias acciones realizadas por varias personas con el ánimo de unirse contra autoridad superior para arrebatarle el poder…”; es un complot, un acuerdo secreto entre varias personas destinado al derrocamiento de un gobierno o cualquier otro tipo de poder. Se tipifica cuando “tres o más personas se reúnen para cometer delitos de rebelión o sedición”. En doctrina del derecho penal es uno de los actos preparatorios del delito.

No hay conspiración cuando los ciudadanos reclaman por sus derechos fundamentales pretendiendo ejercer su libertad de expresión; cuando la prensa busca libertad; cuando líderes cívicos, indígenas, políticos y religiosos exigen al gobierno respeto a su derecho de asociación, a emitir libremente sus ideas, a la propiedad; cuando los ciudadanos se movilizan para reclamar por los atropellos del gobierno; cuando denuncian la corrupción del gobierno, el enriquecimiento ilícito y exigen que cese la impunidad. El ejercicio de la libertad y los derechos fundamentales del ser humano no son conspiración, porque no conspira el que se defiende, no conspira el que reclama lo que es suyo ante quien se lo arrebata, no conspira la víctima que acusa al verdugo y que trata de liberarse.

Propiedad privada, la clave del progreso

ANTONELLA S. MARTIN 

El grave atentado socialista contra el mercado y la propiedad privada es uno de los principales puntos a tener presente cuando debemos evaluar el debilitamiento de la sociedad libre y abierta.

La tendencia socialista pareció proponer algún modelo de organización y planificación central donde los bienes hacían su intento por ser de “propiedad común”, cuestión que jugaba a ser una de las “mayores moralidades” de dicha ideología. Así y todo, y a pesar de sus interminables intentos de aplicación, la ingeniería social ha demostrado sus falencias una y otra vez.

Se hace común oír hoy en día ciertas defensas a las “bondades socialistas”. El punto de partida siempre suele ser: “pero, no es justo que existan personas tan ricas y otras tan pobres, por eso hay que hacer justicia social”. Exacto, y es por tal motivo que los socialistas quieren que todos seamos igual de pobres.

Deberíamos plantearnos qué tanto tiene de “justo” el hecho de que quien genera riquezas tenga que entregar el fruto de su trabajo a quien no produce nada sólo por el hecho de que esa es la base de la ideología de turno, o porque cierto gobierno le coloca el título de “pobre” en la frente a algún ciudadano.

Venezuela: hiperinflación y corralito

JUAN RAMÓN RALLO

Los venezolanos empiezan a padecer restricciones a la disponibilidad de efectivo. Sorprendente dato en un país al borde de la hiperinflación. ¿Cómo es posible que, allá donde la oferta de moneda se ha desbocado y el dinero ha llegado a valer prácticamente menos que el papel en que se halla impreso, existan carestías de efectivo? ¿No es acaso una contradicción que la oferta desbocada coexista con una demanda insatisfecha? Por desgracia no lo es.

Las hiperinflaciones no sólo se caracterizan por una eclosión de la cantidad de dinero, sino, sobre todo, por la expectativa de que el valor del dinero se desmoronará aceleradamente. Las causas de este desmoronamiento suelen ser variadas, pero la esencial es que la demanda del dinero como activo financiero desaparece. Los agentes económicos no quieren ahorrar en dinero, sino que optan por hacerlo en otros activos financieros sin valor nominal constante (como las acciones) o en activos reales. El atesoramiento, pues, deja de efectuarse en dinero y pasa a realizarse en otros bienes o activos (de hecho, muchos productores optan por consumir su producción en lugar de llevarla al mercado para intercambiarla por un dinero cuyo valor se hunde).

Ahora bien, que la demanda de dinero como activo financiero desaparezca no equivale a decir que nadie necesite para nada el dinero. Las compras y las ventas que sigan realizándose dentro de una economía continuarán siendo intermediadas por el dinero: es lo que suele denominarse demanda de dinero con motivo de transacción; a saber, cuando necesito comprar algo, vendo alguno de los bienes reales o activos financieros que poseo y rápidamente compro aquello que necesito. Y, ahora mismo, uno de los muchísimos problemas monetarios de Venezuela es que esta demanda de transacción ni siquiera se puede llegar a satisfacer, pese a la gigantesca oferta de efectivo disponible.

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Noticias de la semana

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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