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Lo que se ve y lo que no se ve FRÉDERIC BASTIAT Introducción En la esfera económica, un acto, una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos.
Trumponomics y ¿guerra comercial? DANIEL LACALLE  “Here comes the feeling, here comes that same old feeling” John Wetton A medida que se van desvelando los detalles de la política del próximo presidente de Estados Unidos empiezan a aparecer análisis interesantes.

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La Constitución se hizo para protegernos de los gobiernos

VÍCTOR PAVÓN 

Mientras persiste el avance del proyecto reeleccionario presidencial, sus promotores directos, al igual que los congresistas y jueces, bien harían en recordar a uno de los más grandes autores clásicos y defensor de la República Romana, Marco Tulio Cicerón, cuando dijo: “No nos es permitido alterar esta ley y tampoco es permitido tratar de derogar ninguna parte de ella. Ni el Senado ni el pueblo pueden liberarnos de sus obligaciones y no necesitamos buscar alguien que nos la pueda interpretar, fuera de nosotros mismos”.

El verdadero sentido y propósito en la historia de las naciones de la corriente constitucionalista consiste en proteger al hombre libre y ciudadano del permanente acecho de los gobiernos. Este y no otro es el precioso legado del constitucionalismo liberal que encuentra su piedra angular en Grecia, Atenas, y por el cual se estableció que las libertades de los individuos deben ser respaldadas en todo momento, y no solo contra los criminales comunes, sino sobre todo contra aquellos que accediendo a los gobiernos pretendan convertirse en delincuentes.

El constitucionalismo emerge por primera vez bajo los auspicios de la libertad como magistralmente el legislador ateniense Solón dijo: “El pueblo se gobierna con normas preestablecidas” y luego Pericles: “La ley no debe afectar a un solo individuo sino a todos y la decisión del legislador no es particular sino general y previsora; la libertad no nos hace hombre sin ley”.

La ley en América Latina

HANA FISCHER 

Entre los diversos pueblos hay una diferencia abismal en su actitud ante la ley. En algunos de ellos, como por ejemplo en Alemania o Estado Unidos, la gente suele sentir un respeto casi reverencial hacia ella mientras que en las naciones latinoamericanas, se las tiene en muy baja consideración.

¿Por qué ocurre eso?

Las posturas contrapuestas descriptas derivan de que la ley es tan solo un instrumento. Y en tanto medio, puede ser correcta o incorrectamente utilizado. En el primer caso, la ley será la materialización de normas de recta conducta, generales y abstractas, enraizadas en las costumbres de esa comunidad; en el segundo, será algo artificial, una especie de aparato ortopédico, aprobada con el fin de beneficiar arbitrariamente a ciertos grupos sociales, especialmente, a la casta gobernante.

Hace siglos que se sabe la influencia que tienen las leyes sobre la prosperidad o miseria de un país determinado. El primero que hizo un estudio sistemático de ese factor -basándose en evidencia empírica- fue Montesquieu. Este filósofo francés viajó durante tres años por varios países europeos (Alemania, Suiza, Italia, Austria, Hungría, Holanda e Inglaterra), analizando sus costumbres, hábitos, ideas predominantes y normas jurídicas. Muchas de las conclusiones a las que arribó fueron volcadas en su afamada obra El espíritu de las leyes. Allí expone que las reglas que determinan la conducta humana no son permanentes ni absolutas, sino que surgen y evolucionan de acuerdo a los contextos históricos, culturales, tipos de gobierno y el carácter de una sociedad determinada.

No existe la maldición de los recursos naturales

IAN VÁSQUEZ 

Es innegable que muchos países ricos en recursos naturales paradójicamente se mantienen en la pobreza o se empobrecen todavía más. Venezuela es un caso clásico de esta “maldición de los recursos naturales”. El país petrolero es hoy día mucho más pobre de lo que era en los años setenta cuando era el más próspero de América Latina.

Es por los numerosos ejemplos como el venezolano que los economistas y otros expertos empezaron a considerar que la riqueza natural representaba una especie de trampa al desarrollo. Según esa visión, la sobredependencia en la exportación de materias primas distorsiona los precios de bienes y servicios en la economía local, y la expone a una alta volatilidad en la economía global. En el Perú y otros países, el relato de que la riqueza en recursos naturales condena a las naciones al subdesarrollo respalda la agenda de ciertos líderes políticos que se oponen a la inversión privada en la explotación de recursos y que proponen cerrar proyectos mineros enteros.

La realidad, felizmente, está desmintiendo la teoría de la maldición y desacreditando la agenda anticrecimiento que muchas veces surge de ella. Un estudio nuevo del economista ruso Peter Kaznacheev recoge la experiencia mundial para llegar a una conclusión alentadora: la riqueza de recursos naturales influye en el desarrollo económico, pero son las políticas y las instituciones las que determinan si un país avanza o no. Es así que numerosos países prósperos como Australia o Noruega también son países ricos en recursos naturales. O que países como Chile hayan logrado evadir la mal llamada maldición y se hayan desarrollado.

La era del intervencionismo militar ha llegado a su fin

RON PAUL

A lo largo de esta campaña presidencial he dicho que no importa mucho qué candidato salga elegido. Tanto Donald Trump como Hillary Clinton son autoritarios, y no podemos esperar que hagan retroceder el estado leviatán que está destruyendo nuestras libertades civiles en nuestro país mientras destruye nuestra economía y nuestra seguridad con interminables guerras en el extranjero. Los candidatos no importan demasiado, a pesar de lo que los medios de comunicación nos quieran hacer creer. Sin embargo, las ideas sí que importan. E independientemente de qué candidato salga elegido, la batalla de las ideas ahora tiene una importancia crítica.

El día después de las elecciones es cuando debemos concentrarnos realmente en defender una política exterior pacífica y la prosperidad que esta traerá consigo. Aunque no tengamos mucho de lo que alegrarnos cuando el nuevo presidente sea elegido el martes, hemos aprendido muchas cosas nuevas sobre el estado de la nación durante las campañas. Desde el sorprendente éxito del insurgente Bernie Sanders hasta la campaña de Donald Trump, que rompió todas las reglas del Partido Republicano – y puede haber deshecho al propio Partido Republicano -, lo que ahora sabemos más claramente que nunca es que el pueblo estadounidense está harto de la política tradicional. Y lo que es más importante, están hartos de las mismas viejas y aburridas políticas de siempre.

El mes pasado, el Centro para el Interés Nacional y el Instituto Charles Koch realizaron una fascinante encuesta. A una amplia gama de miles de estadounidenses se les hizo una serie de preguntas sobre la política exterior de Estados Unidos y nuestra “guerra contra el terrorismo” de 15 años de duración. Se podría pensar que después de una década y media, billones de dólares y miles de vidas perdidas, los estadounidenses tendrían una visión más positiva de este esfuerzo masivo para “librar al mundo de los malhechores”, como prometió el entonces presidente George W. Bush. Pero la encuesta descubrió que sólo el 14 por ciento de los estadounidenses creen que la política exterior de Estados Unidos ha aumentado su seguridad. Más del 50 por ciento de los encuestados dijeron que el próximo presidente de Estados Unidos debería usar menos fuerza en el extranjero, y el 80 por ciento dijo que el presidente debe obtener la autorización del Congreso antes de llevar al país a la guerra.

De pies secos y mojados

CARLOS ALBERTO MONTANER

Uno de los últimos actos de gobierno del presidente Barack Obama ha sido legitimar la repatriación a Cuba de los pies secos. Era una medida solicitada insistentemente por la dictadura de Raúl Castro. Obama volvió a complacerlo sin exigirle nada a cambio.

Los pies secos son los cubanos que llegan a territorio norteamericano sin visa, ya sea por tierra, casi siempre en los puestos fronterizos mexicanos; por mar, en balsas o pequeñas embarcaciones; o por aire, en aeropuertos en los que aterrizan en tránsito, supuestamente, hacia otros países.

Los pies mojados –los cubanos interceptados por los guardacostas en el mar– ya eran deportados desde que Bill Clinton lo decretó a mediados de los años noventa y pactó con Fidel Castro que los aceptara, a cambio de otorgar a Cuba 20.000 visas todos los años.

Por otra parte, continúa vigente, mientras el Congreso no la derogue, la Ley de Ajuste de 1966. Cualquier cubano que ingrese legalmente en Estados Unidos, al año y un día de haber entrado en el país puede solicitar la residencia.

Como la existencia de la Ley de Ajuste se debió a que Cuba se negaba a aceptar la repatriación de sus ciudadanos, y algo había que hacer con ellos para regularizar su situación, es probable que el Congreso de Estados Unidos eventualmente elimine esa legislación, en vista de que Raúl Castro ya los admite de regreso.

Diez leyes fundamentales de la economía

ANTONY P. MULLER 

En medio de tantas mentiras económicas que se repiten aparentemente sin fin, puede ser útil volver sobre algunas de las leyes más básicas de la economía. He aquí diez de ellas que merecen repetirse una y otra vez.

1. La producción precede al consumo
Aunque es evidente que para consumir algo debe existir primero, nos rodea la idea de estimular el consumo para expandir la producción. Sin embargo, los bienes de consumo no caen del cielo. Están al final de una larga cadena de procesos entremezclados de producción llamada la “estructura de producción”. Incluso la fabricación de un producto aparentemente sencillo como un lápiz, por ejemplo, requiere una red intrincada de procesos de producción que se extiende muy atrás en el tiempo y abarca países y continentes.

2. El consumo es el objetivo final de la producción
El consumo es el objetivo de la actividad económica y la producción es su medio. Los defensores del pleno empleo violan esta idea evidente. Los programas de empleo transforman la propia producción en el objetivo. La valoración de los bienes de consumo por los consumidores determina el valor de los bienes de producción. El consumo actual deriva del proceso de producción que se extiende hacia el pasado, pero el valor de esta estructura de producción depende del estado actual de la valoración por los consumidores y del estado futuro esperado. Por tanto, los consumidores son los poseedores finales de hecho del aparato de producción en una economía capitalista.

3. La producción tiene costes
No existen los almuerzos gratis. Conseguir algo aparentemente gratis solo significa que alguna otra persona lo paga. Detrás de todos los cheques de ayuda social y de cada beca de investigación está el dinero de impuestos de gente real. Aunque los contribuyentes creen que el gobierno confisca en parte de su renta personal, no saben a quién va este dinero en; y aunque los receptores de los pastos públicos de que el gobierno un mes entregar el dinero, no sabe a quién le ha quitado el gobierno dicho dinero.

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Noticias de la semana

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Artes y Letras

El palo de escoba

MARIO VARGAS LLOSA

Para olvidarme del Brexit fui a conocer el nuevo edificio de la Tate Modern en Londres y, como esperaba, me encontré con la apoteosis de la civilización del espectáculo. Tenía mucho éxito, pues, pese a ser un día ordinario, estaba repleto de gente; muchos turistas, pero, me parece, la mayoría de los visitantes eran ingleses y, sobre todo, jóvenes.

En el tercer piso, en una de las grandes y luminosas salas de exposición había un palo cilíndrico, probablemente de escoba, al que el artista había despojado de los alambres o las pajas que debieron de volverlo funcional en el pasado —un objeto del quehacer doméstico— y lo había pintado minuciosamente de colores verdes, azules, amarillos, rojos y negros, series que en ese orden —más o menos— lo cubrían de principio a fin. Una cuerda formaba a su alrededor un rectángulo que impedía a los espectadores acercarse demasiado a él y tocarlo. Estaba contemplándolo cuando me vi rodeado de un grupo escolar, niños y niñas uniformados de azul, sin duda pituquitos de buenas familias y colegio privado a los que una joven profesora había conducido hasta allá para familiarizarlos con el arte moderno.

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