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Los eurócratas, a la desesperada JUAN RAMÓN RALLO  El problema de Europa no es su insuficiente gasto público. En el año 2013, tras varios ejercicios de una supuesta austeridad insoportable y asfixiante, los Estados que componen la eurozona gastaron 4,8 billones de euros: un 15% más que en 2007 y una suma equivalente al 49,8% de su PIB (frente al 46% que pesaba en 2007).
El tamaño sí importa CARLOS ALBERTO MONTANER No piense mal. Me refiero al Estado. Este es un debate que sacude al planeta. El tamaño del Estado, por supuesto, importa mucho, pero lo realmente vital es la calidad (como en lo otro, lector malpensado). Lo esencial es cómo, en qué, por qué y quiénes se gastan los recursos que se les entregan, y no a cuánto ascienden.

Publicaciones

Brasil votó por la continuidad del estatismo

MARY ANASTASIA O'GRADY

Una recesión económica, una inflación de 6,7% y un audaz fraude en la petrolera estatal Petrobras no bastaron para impedir el domingo la reelección de la presidenta del Partido de los Trabajadores de Brasil (PT) Dilma Rousseff.

Cuando se habían contado 99% de los sufragios, la mandataria acaparaba el 51,56% de los votos mientras que su contrincante, Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia de Brasil, tenía 48,44%.

Rousseff se presentó durante la campaña como la candidata antimercado y del Estado de bienestar, lo que tal vez explique un desempeño mucho mejor en el norte del país, una región pobre y dependiente, que en la próspera zona agrícola y aquí, en la mayor ciudad del país, donde la economía es muy dependiente de los servicios y de las manufacturas de valor agregado.

Brasil, al igual que EE.UU., tiene una clase de electores urbanos y de clase alta que considera una virtud respaldar la intervención estatal en las vidas de las personas y la dictadura militar cubana. Pero también hay un Brasil aspiracional, conformado por los emprendedores que asumen riesgos, los agricultores que compiten con éxito en los mercados globales y una clase media en ascenso que ansía un mayor compromiso con el mundo y la libertad para descubrir su lugar en él. Los brasileños desean de todo corazón el cambio que representaba Neves y transformaron la elección del domingo en la más reñida en la historia del país.

Como el proverbio del perro que corre detrás de un auto, Rousseff ahora debe decidir qué hacer con sus próximos cuatro años. Puede creerse capaz de consolidar aún más el poder del PT —su meta principal— si mantiene la combinación de políticas que ha usado hasta el momento, sin importar el costo para la economía. O podría hacer ajustes económicos pragmáticos con el fin de restaurar la confianza y el crecimiento.

Venezuela: ¿Estado fallido o sociedad fallida?

ANÍBAL ROMERO 

Diversos comentaristas se han referido al actual Estado venezolano como un “Estado fallido”. En lo que sigue argumentaré que el Estado “bolivariano” no es un Estado fallido, aunque creo razonable afirmar que la sociedad venezolana sí lo es.

Empecemos por definir de manera concisa qué es un Estado. Según Max Weber, para empezar, el Estado es una instancia de poder que “reclama para sí, dentro de un determinado territorio, el monopolio de la violencia física legítima”. Cabe constatar que el Estado “bolivariano” (y uso el término “bolivariano” tan solo para designarle, sin contenido conceptual, histórico o moral alguno) no solamente reclama para sí el control de la violencia legítima sino también de la ilegítima, mediante la acción de los llamados “colectivos” y otras organizaciones paramilitares colocadas fuera de la ley, dirigidas a intimidar y reprimir al “enemigo interno”.

Los analistas que caracterizan al actual Estado venezolano como “fallido” tienden a confundir el aspecto estrictamente empírico (es decir, el problema de lo que el Estado es), con el aspecto ético o normativo (es decir, lo que debería ser el Estado). Según Thomas Hobbes el Estado, en este último sentido, se define en función de la relación entre protección y obediencia, o expresado en otros términos, en función de la misión de garantizar la seguridad de los ciudadanos a cambio de su obediencia. Desde luego, en el contexto de lo que hoy entendemos como Estado de Derecho esa obediencia no se refiere a un tirano absolutista, sino a las leyes; pero está claro que la misión de la ley es igualmente la de proteger a la ciudadanía a cambio de su legítima aceptación de la misma

Desigualdad o pobreza

JORGE STURZENEGGER

En innumerables de oportunidades hemos escuchado decir que la desigualdad material es un problema, una injusticia, culpando a la misma de todos los males. Ahora bien, es realmente así? En primer lugar hay que decir que el origen de la desigualdad es la naturaleza humana, siendo los seres humanos únicos, con talentos diferentes, inevitablemente trae como resultado desigualdad. Con lo cual decir que la desigualdad es un problema, es lo mismo que afirmar que la propia naturaleza humana es el problema
Sin perjuicio de ello, como sabemos, la desigualdad material se ha convertido en una excusa reiterada para lograr restringir nuestra libertad y con ello el progreso público, derivando en nombre de la igualdad económica en mayor arbitrariedad y pobreza.

Ahora bien, dicho esto, cabe preguntarse por que se sostiene con tanto énfasis la mencionada tesis: La respuesta es que se parte de la falacia de que la economía es un juego de suma cero. Se afirma que una persona se hace rica a expensas de otra que cae en la pobreza, considerando por ende a la riqueza como estática.

Aun cuando la historia a demostrado que el hombre puede hacer crecer la riqueza (es evidente que la calidad de vida de hoy es superior a la de hace 400 años), a través del trabajo, el emprendimiento y la innovación, algunos siguen pensando que quien se quedó con un pedazo más grande de la torta, lo hizo a costa de otro. Pues no, la economía es dinámica, en aquellas economías abiertas y competitivas la riqueza aumenta, sacando a las personas de la pobreza.

Lucrando contra el lucro

AXEL KAISER

Para entender lo que hay detrás de una discusión tan cargada de emociones y tan plagada de confusiones como la que se refiere al lucro, partamos aclarando de una vez en qué consiste el lucro y cómo se produce. Imaginemos por un segundo que el dinero no existe en la economía, como era el caso hace milenios. Si no existiera dinero y usted quisiera hacerse de un bien o servicio provisto por otra persona, usted estaría obligado a ofrecerle directamente algo que produjo o posee. Eso es lo que se conoce como trueque y era la forma de intercambio universal en las economías no monetizadas. De este modo, si usted quería un kilo de pescados tenía que dar a cambio, por ejemplo, un quintal del trigo que había producido. En este intercambio no existe dinero, pero ¿existe lucro? Evidentemente.

El lucro es un concepto enteramente subjetivo referido a la ganancia que para la persona que realiza el intercambio supone el haber recibido algo a cambio de lo que entregó. La razón por la cual usted está dispuesto a pagar un quintal de trigo por un kilo de pescados es porque usted valora más el kilo de pescados que el quintal de trigo, de otra forma no haría el intercambio. De este modo ambas partes se benefician del intercambio, es decir, ambas partes lucran, pues ambas reciben algo que valoran más a cambio de algo que valoran menos.

Toda relación de intercambio voluntario es, por lo tanto, por definición una relación en la que las partes involucradas lucran. El dinero, factor que impide a la gente entender esto llevándola a pensar que solo el que lo recibe lucra, no es un fin en sí mismo sino un medio para intercambiar de manera indirecta. Surgió evolutivamente para resolver dos problemas esenciales que presentaba el trueque: el de doble coincidencia y el de indivisibilidad. El primero se refiere a que si usted quiere intercambiar su quintal de trigo por pescado, el pescador debe justo querer el kilo de pescados, de lo contrario no se lo recibirá. El segundo pasa por la división de lo intercambiado. Tal vez usted quiere vender una carreta y necesita pescado, pero no 50 kilos de pescado y como no puede vender una fracción de la carreta, entonces no puede obtener nada.

Narcotráfico: el imperio invisible del mal

VÍCTOR PAVÓN 

Paraguay tiene que entrar en el ámbito del debate de la legalización de las drogas por ser productor de la marihuana y tránsito de la cocaína. / ABC Color

Recientemente el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, volvió a poner este tema en el debate público mundial.

La feroz violencia que trae aparejada el narcotráfico concita el interés de todos; más aún cuando todo indica que esta guerra está perdida. El Gobierno norteamericano sabe de esto. El narcotráfico moviliza más que el presupuesto público de varios países. Tan solo el Cartel de Cali tiene ingresos que van más allá de 10 mil millones de dólares anuales.

El problema de las drogas no es nuevo. Afecta la calidad de vida de la gente y de las instituciones.

Millones de jóvenes del mundo se hallan marginados de los mercados laborales con sus efectos devastadores sobre las familias y el auge de la criminalidad.

Las drogas ya no solo están en las ciudades de la frontera, como ocurría tiempos atrás. Las drogas han invadido las calles de las ciudades y se han radicado en el interior mismo de los gobiernos. Ninguna familia está a salvo de este flagelo que no parece tener fin únicamente apelando a la educación. Se necesita de algo más.

El problema no está en la alta demanda de consumo, sino en la oferta de drogas prohibidas que hace elevar los precios al punto de lograr el aumento exponencial de las ganancias. Un negocio redondo.

Siete falacias contra el capitalismo

ALBERTO MANSUETI 

Cuáles son los argumentos en favor del socialismo? No sé si te diste cuenta, pero no los hay. Las izquierdas, más que argumentar en favor del socialismo, lo que es imposible, lo que hacen es presentar una serie de “argumentos” falaces en contra del capitalismo. No es igual.

Y como es muy visible que los países socialistas son los más pobres del mundo, los socialistas no pueden negar que el capitalismo es la única vía efectiva para sacar a los pueblos de la pobreza. Entonces , más que fallas en la economía, lo que achacan al capitalismo son supuestos defectos morales. ¿Cuáles? Hay que verlos, porque esos falsos argumentos, se han ido cayendo uno a uno. Y cada vez que uno se cae, van e inventan otro en su reemplazo. Hasta ahora son siete. Aquí está la serie, desde el “Manifiesto Comunista” en 1848. Hasta fecha de hoy día.

1.- Explotación. En el siglo XIX, Marx y Engels acusaron al capitalismo y a las empresas capitalistas de “explotar” a sus trabajadores mediante una supuesta “plusvalía”, la que les era “extraída” (algo así como sacando sangre, tipo Drácula). De allí el empobrecimiento de la clase obrera, decían. Pero ese “argumento” se cayó al suelo cuando avanzando el siglo XX, en Europa occidental, y sobre todo en EEUU, los obreros de las compañías capitalistas Standard Oil, Shell, Ford, General Motors, General Electric, y otras, no se hacían cada vez más pobres, como anticipaba la sombría profecía marxista, sino que salían de la pobreza, y en pocos años prosperaban. Y para los ‘20 esa prosperidad se había contagiado a la población en general. Como pasa ahora en China, en las exclusivas zonas capitalistas de ese país.

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Noticias de la semana

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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