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El irremplazable papel del capitalista JUAN RAMÓN RALLO La literatura marxista ha divulgado la idea de que el valor de cambio procede del trabajo y que, por tanto, es imposible que el capitalista genere valor sin trabajar.
Altruismo y capitalismo DAVID KELLEY  El sistema capitalista se inició en el siglo que va de 1750 a 1850, como resultado de tres revoluciones.

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El Perú clasemediero

IAN VÁSQUEZ 

El Perú ha pasado a ser un país en que la mitad de la población es de clase media. El porcentaje de peruanos de clase media se disparó de 11,9% en el 2005 a 50,6% en el 2014, según informó el Banco Interamericano de Desarrollo la semana pasada.

Esa transformación social ha sido particularmente rápida, pero es parte de la tendencia regional. Entre el 2003 y el 2009, la población de clase media en América Latina y el Caribe aumentó en 50%, según un estudio del Banco Mundial. El estudio reporta que el auge de personas ganando entre US$10 y US$50 diarios (la definición que usan el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo), se debe principalmente al crecimiento económico. Otro estudio del Banco Mundial encontró que el 77% del incremento en los ingresos del 40% más pobre de la población en países en desarrollo se debe al crecimiento económico, y que tal impacto ha sido todavía más fuerte en América Latina.

El surgimiento de la clase media es consistente no solo con la reducción de la pobreza sino también con la reducción de la desigualdad, fenómeno que ha estado ocurriendo en casi todos los países de la región. La disminución en la desigualdad en países que, como el Perú, han liberalizado sus economías, contradice la tesis del celebrado economista Thomas Piketty, quien sostiene que el mercado produce una brecha creciente entre los ricos y los pobres. También llama la atención que está ocurriendo algo más importante: la movilidad social. Según el Banco Mundial, el 43% de latinoamericanos cambiaron de clase social entre 1995 y 2010, de los cuales todos, menos un 2%, subieron de estatus.

Dado el auge acelerado de la clase media en el Perú, no cabe duda de que la movilidad social es más impresionante en este país que la del promedio regional. Y es probable que los indicadores tradicionales de desigualdad estén ahora ocultando una mayor movilidad de lo que antes había. Eso se debe a que los individuos y familias específicos que componen cierto nivel en la distribución nacional de ingresos, cambian de posición en el tiempo. No hay muchos países con datos confiables al respecto, pero el destacado economista canadiense Herbert Grubel dio una conferencia en Lima en marzo último y se basó en este método para mostrar una alta movilidad ascendente de las familias canadienses pobres.

El poder y el dinero

AXEL KAISER 

"Puedes tener todo el dinero del mundo, Raymond, pero yo tengo a todos los hombres con armas". La cita es de Frank Underwood, el personaje principal de la famosa serie House of Cards. En ella, Underwood le habla al multimillonario amigo del Presidente de Estados Unidos Raymond Tusk, explicándole una distinción que resulta fundamental en teoría política y que la contingencia actual ha llevado al centro del debate: la de dinero y poder.

Los realizadores de la serie, asesorados por varios expertos, lograron destilar notablemente la diferencia entre ambos: el poder es la capacidad de imponer por la fuerza, la voluntad propia a otro. El dinero es un medio de intercambio de bienes y servicios que siempre requiere de una voluntad concurrente para operar. Si usted hace algo por dinero lo hace voluntariamente, si lo hace con una pistola en la cabeza lo hace en contra de su voluntad. Lo primero no es poder, lo segundo sí.

En una sociedad moderna la única fuente de poder es el Estado, pues es este el que concentra todos los medios coactivos en unas pocas manos. Como explicó Max Weber, el carácter distintivo del Estado es que es una comunidad humana -no un ente abstracto- que aplica la violencia física sobre quienes viven en un determinado territorio. Y lo hace de manera que es "considerada" legítima.

La legitimidad es la diferencia central que existe entre una banda de criminales que llega a arrebatarle a usted sus ingresos por la fuerza y un funcionario de gobierno respaldado por policías y militares que viene a cobrarle impuestos. En el primer caso usted considera ilegítima la agresión, en el segundo el mismo acto de agresión lo considera legítimo. Weber dice, por lo mismo, que "el Estado es la única fuente del derecho a la violencia" y que es "una relación de dominación de hombres sobre hombres, que se sostiene por medio de la violencia legítima". Ahora bien, lo opuesto al poder así definido es la libertad entendida como ausencia de coacción.

Venezuela: el cartel del siglo XXI

ÁLVARO VARGAS LLOSA 

Hace pocos días, con aparente retraso, el mandamás de la Asamblea Nacional venezolana, Diosdado Cabello, hizo que un tribunal de su país emitiese una resolución judicial aplicando medidas cautelares draconianas contra 22 periodistas y ejecutivos de los medios de comunicación independientes que quedan allí. Entre otros, los directores de El Nacional, Tal Cual y La Patilla fueron objeto de una orden de arraigo relacionada con una demanda interpuesta por Cabello, que los acusa de difamarlo al haber reproducido una información del diario español ABC sobre las investigaciones que se le siguen al jefe de la Asamblea Nacional venezolana por narcotráfico en la Fiscalía de Nueva York.

A pesar de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ya ha sentado jurisprudencia respecto del derecho que asiste a un medio a reproducir noticias de interés provenientes de otros medios, la instrumental judicatura venezolana actuó sin titubear. No se entendía bien la oportunidad de esta resolución. Habían pasado más de tres meses desde la publicación del diario ABC, que recogía el testimonio de Leamsy Salazar, ex jefe de seguridad de Cabello y hoy colaborador de la fiscalía norteamericana, sobre los nexos de su antiguo jefe con el narcotráfico.

Ahora, está todo mucho más claro. Lo que en realidad Diosdado Cabello estaba haciendo no era un acto punitivo sino preventivo, pues se adelantaba a una nueva publicación que estaba por ver la luz, esta más demoledora por venir directamente de Estados Unidos y estar basada en varios testimonios del interior del gobierno y de la fiscalía. Se trata del largo reportaje investigativo aparecido en el Wall Street Journal el martes pasado en el que se confirma que el sistema de justicia tiene muy avanzadas las pesquisas sobre el nexo que ata al chavismo con el tráfico de estupefacientes.

Elogio de la incertidumbre

CARLOS ALBERTO MONTANER 

Es muy doloroso contemplar las imágenes. Como tantas veces se ha dicho, nuestro pasado comenzó en Ur, la ciudad sumeria, unos cinco mil años antes de Cristo. Hay una línea cultural continua entre aquel remoto poblado mesopotámico y New York, París o Montevideo.

La nueva yihad desatada por ISIS también nos afecta. El califato que ha surgido a sangre y fuego entre Irak y Siria, además de decapitar enemigos, destripar chiíes, yazidis y cristianos, y violar y esclavizar mujeres y niños, se dedica a destruir los restos del espléndido pasado pagano que aún quedaba en pie.

Muchos de estos islamistas depredadores son jóvenes criados en Occidente. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué sentido tiene pulverizar a martillazos un milenario y hermoso hombre-toro alado, un majestuoso Lamasu asirio, perteneciente a una religión que ya nadie recuerda porque se perdieron sus rastros en el pasado?

La culpa es de la certeza. El fanatismo violento de los yihadistas surge de la convicción absoluta de que ellos saben cuál es el Dios verdadero y no tienen la menor duda de que cumplen al pie de la letra las órdenes que les transmite su libro sagrado, el Corán.

Si vamos a creer a la Biblia, cuando Moisés desciende del Sinaí con los diez mandamientos que le ha entregado Yahvé, sabe que el quinto de esos preceptos es “no matarás”, pero la cólera que le provoca ver a los israelitas adorando a un becerro de oro, fundido por su hermano Aaron, lo lleva a ordenar la ejecución de tres mil personas. Moisés tenía la certeza de que ésa, aunque contradictoria, era la voluntad de Dios.

Egipto: una lucha a vida o muerte

JONATHAN S. TOBIN 

Pocos pueden haberse sorprendido de que el pasado sábado un tribunal egipcio condenara a muerte a Mohamed Morsi, expresidente del país. Pero el anuncio de la sentencia suscitó las críticas de la mayor parte de Occidente, entre ellas una del Departamento de Estado norteamericano. Estados Unidos afirmó que la sentencia era injusta y minaba la confianza en el imperio de la ley. Dado lo arbitrario tanto del juicio como de la sentencia, resulta difícil discutir esa afirmación. El anuncio no fue más que la culminación de un proceso que en poco se pareció a una búsqueda de hacer justicia.

Pero quienes pretenden emplear la sentencia como motivo para interrumpir la ayuda estadounidense a Egipto se equivocan igualmente. Por muy duros que hayan sido los métodos del Gobierno, parece que éste es consciente de algo que muchos de sus críticos en el extranjero, así como la Administración Obama, suelen olvidar: está atrapado en una lucha a vida o muerte con los Hermanos Musulmanes en la que sólo puede haber dos resultados: permitir que éstos vuelvan a intentar transformar Egipto en una tiranía islamista o seguir con el régimen militar. Está claro que esto último es el menor de los dos males, aunque los métodos empleados por los militares sean deplorables.

La condena a muerte no es más que la última señal de que el Gobierno militar, encabezado por el exgeneral Abdel Fatah al Sisi, está decidido a erradicar cualquier vestigio de resistencia por parte de los partidarios del régimen de los Hermanos Musulmanes que presidió Morsi. Éste es sólo uno de tantos personajes sometidos a juicio exprés con el resultado decidido de antemano. Estas sentencias no harán que Sisi gane muchos amigos en el extranjero, ni que los musulmanes radicales acepten su Gobierno, porque matar a Morsi no hará más que proporcionarles otro mártir. Pero aunque su muerte no beneficie mucho a El Cairo, Sisi no quiere medias tintas con la Hermandad ni con sus aliados de Hamás en Gaza. En un Juego de tronos de la vida real, el exgeneral parece creer que dejar vivo a Morsi supondría, en último término, prolongar una cruenta lucha.

Mario Vargas LLosa y el capitalismo de los pobres

MAURICIO ROJAS 

Nadie hubiese imaginado a mediados de 1990 que en 25 años Perú sería uno de los países más exitosos de América Latina, tras triplicar su PIB y reducir drásticamente la pobreza. En 1990 se encontraba en una situación caótica, producto de una dilatada crisis económica que había adquirido proporciones gigantescas bajo el gobierno populista de Alan García y una escalada de violencia política sin precedentes. El ingreso per cápita cayó un 30% de 1987 a 1990 y la inflación pasó el 7.000% en ese último año. Más de la mitad de los peruanos vivía en la pobreza en zonas rurales o inmensas barriadas al margen de las instituciones. Además, extensas regiones del altiplano estaban controladas por la brutal guerrilla maoísta Sendero Luminoso.

Para muchos, Perú estaba a las puertas de una revolución comunista, pero ocurrió justamente lo contrario: desde la marginalidad, el pueblo desencadenó una revolución capitalista sin precedentes. Para ello fue necesario el genio de Mario Vargas Llosa, la inescrupulosidad de Alberto Fujimori y el talento emprendedor de millones de peruanos.

La revolución liberal de Vargas Llosa

El aporte de Vargas Llosa fue de primer orden, señalando el camino que el país finalmente transitaría para salir de la crisis. En 1990 fue candidato a presidente proponiendo algo tan insólito en Perú como una revolución liberal que abriera su economía al potencial emprendedor del pueblo. Era la alternativa del "capitalismo de los pobres", como la llamó, en vez del capitalismo cerrado y oligárquico del pasado.

Además, la crisis peruana era de tal gravedad que no permitía medias tintas ni gradualidad. Ello implicaría un alto costo inicial, y sobre ello Vargas Llosa fue absolutamente transparente. Quería ganar la elección como el hombre honesto que es y, por supuesto, perdió.

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Noticias de la semana

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eldia

Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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