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El nuevo panorama cubano CARLOS ALBERTO MONTANER Este 26 de julio es diferente. La dictadura de Raúl Castro estrena una nueva relación con Estados Unidos. La Habana ha derrotado totalmente a Washington. Obama ha levantado los brazos y lo ha entregado todo sin pedir nada a cambio.
El poder de la blasfemia MARIO VARGAS LLOSA Es poco menos que un milagro que Ayaan Hirsi Ali, una de las heroínas de nuestro tiempo, esté todavía viva.

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Lo que los técnicos keynesianos no ven

VÍCTOR PAVÓN 

Ahora que el gobierno se decidió, afortunadamente, en dejar sin efecto su intención de elevar el tope del déficit fiscal, se requiere de una mirada desde otra perspectiva. La economía del país se encuentra supeditada a auges y contracciones porque se insiste en la economía de la demanda, o lo que es lo mismo, la versión keynesiana de la expansión del gasto y el crédito estatal para salir del estancamiento.

Esta teoría, por cierto nada novedosa, supone que el Estado es un agente dinamizador de la economía cuando sobrevienen las crisis. Se cree así que la caja estatal es más importante que el mercado libre o “amplio orden de cooperación social” como lo definió F.A. Hayek, Premio Nobel de Economía y filósofo de la libertad.

El exacerbado interés por la caja se debe a la notable influencia en el pensamiento económico de la teoría keynesiana, aquella que considera que las medidas anticíclicas, como el intervencionismo fiscal, monetario y cambiario, son necesarios para impedir que la economía caiga en recesión. Los técnicos no ven que sus políticas anti-cíclicas son las que profundizan todavía más las crisis.

Los técnicos, todos ellos muy bien formados en su teoría, están enceguecidos por sobrevalorar el rol de los gobiernos en la economía y terminan por olvidar e ignorar que no hay inversión sin ahorro previo, y esta elemental ecuación solo puede originarse en el sector privado. Por supuesto que a los políticos les viene como anillo al dedo las sugerencias de estos técnicos. Cuanto más Estado exista y metido en todo, más recursos se repartirán bajo la batuta del populismo y la corrupción.

El ideal socialista

AXEL KAISER

Ninguna persona sensata podría negar que hay algo en el ideal socialista que apela a parte de los impulsos más nobles que es capaz de exhibir nuestra especie. Incluso, un demoledor de Marx como el filósofo liberal Karl Popper diría que el alemán estaba fundamentalmente preocupado por el bienestar moral y material de la humanidad. Y es que la ideología socialista moderna surge como respuesta a una de las más grandes angustias que pueda experimentar el ser humano: la pobreza material.

La Revolución francesa, la primera revolución socialista de los tiempos modernos, en un principio tuvo por objeto la defensa de los derechos del hombre, pero al poco andar derivó en un esfuerzo desquiciado por asegurar la igualdad material en una Francia en que parte de la población literalmente moría de hambre. Fue esa obsesión por resolver la cuestión social -explicó Hannah Arendt- lo que hizo que la Revolución fracasara en su intento por establecer libertades y degenerara en un cruento régimen del terror, cuestión que ocurrió luego con todas las revoluciones socialistas, sin excepción. Los americanos, en cambio, solo lucharon por preservar sus libertades en cuanto ingleses, y jamás hicieron de la igualdad material un motivo para su rebelión frente a Inglaterra. Por eso, la revolución americana fue un éxito en términos de libertad.

Marx, para gran pesar del mundo, extrajo la conclusión totalmente opuesta de su observación de la revolución francesa. Para él y para todos los socialistas que le siguieron, la libertad no tenía que ver primeramente con limitar el poder del gobernante como pensaban los americanos, sino con eliminar las necesidades materiales. El objetivo revolucionario socialista ha sido así, desde siempre: la liberación del hombre en un sentido material. Riqueza y libertad son para el socialista la misma cosa. En la fase superior de la sociedad comunista -prometió Marx en su Crítica al programa de Gotha- "correrán llenos los manantiales de la riqueza colectiva". De este modo, el marxismo como doctrina revolucionaria prometió no la igualdad a secas, sino la igualdad en la riqueza infinita.

¿Se salvó Chile?

AXEL KAISER 

Muchos piensan que el reconocimiento de la presidenta Bachelet de que su programa socialista es inviable implica un retorno al pragmatismo que ha caracterizado el desarrollo del país en las últimas décadas. De ahora en adelante, creen, el camino será más moderado y el sistema se habrá salvado. En el corto plazo esto puede ser relativamente efectivo. Parece que la idea de una nueva constitución será postergada, la reforma tributaria mejorada, la gratuidad universal de educación superior aplazada y así sucesivamente.

Pero no hay que engañarse. La izquierda no ha renunciado a su ideología y por tanto intentará nuevamente llevarla a la práctica. Avanzar tres pasos para retroceder dos siempre fue la máxima del socialismo. Y la oposición, desorientada intelectualmente, ha celebrado una y otra vez el logro de hacer retroceder a la izquierda dos pasos sin percatarse de que la verdadera ganadora es ella que avanzó un paso en la construcción de su programa.

El problema fundamental en esta discusión es que la hegemonía cultural se encuentra impregnada de igualitarismo, lo que es lo mismo que decir, socialismo. Pocos, incluso en la llamada derecha, creen en una filosofía política y económica liberal y están dispuestos a defenderla. A nivel de medios y población la retórica antiempresarial, la condena del lucro, la estatolatría y todas esas cosas permanecerán salvo que se haga un intenso trabajo de penetración cultural e intelectual en orden a reinstalar las ideas y valores de la sociedad libre como parte del sentido común nacional. La tarea está, por lo tanto, recién comenzando.

El escándalo del totalitarismo

FERNANDO MIRES

Cuando Hannah Arent publicó en 1951 su libro Los orígenes del Totalitarismo, las izquierdas europeas guardaron un escandaloso silencio. No es que el libro hubiese pasado desapercibido. Todo lo contrario. Las editoriales hicieron un buen negocio. La rigurosidad intelectual, el estilo preciso y lo novedoso de sus tesis despertaron interés en círculos académicos. No así en los políticos. ¿En donde residía el escándalo? Para muchos en el hecho de que Hannah Arendt comparaba al régimen estaliniano con el nazismo.

Salvo una y otra excepción como Raymond Aron o Albert Camus, para la gran mayoría de la clase intelectual europea, la URSS, pese a sus dantescos campos de exterminio, era la depositaria de ideales sublimes nacidos en Occidente, territorio de experimentación de las ideas del intelectual más portentoso que había producido Europa después de Hegel: Karl Marx. Y no por último, la URSS era, según “los maestros pensadores”, una formación económica-social superior al orden capitalista en el proceso irreversible de la evolución histórica.

Por si fuera poco Hannah Arendt dio a conocer su libro durante el periodo de distensión entre la URSS y los EEUU. Aunque siempre reiteró que bajo Kruschev y Brezhnev la URSS, aunque dictatorial, ya no era totalitaria –diferencia que todavía muchos politólogos no entienden– su libro no coincidía con la imagen de “la heróica URSS” que salvó al mundo del fascismo.

Sólo después de que en 1989 fuera derribado el muro de Berlín, el libro de Arendt pudo aparecer en los salones de la política. Hoy casi todos los comentaristas, incluso los que no lo han leído, lo citan.

Un Irán más rico apuntará a América

MARY ANASTASIA O'GRADY 

En el prólogo del libro de 2014 ´Iran’s Strategic Penetration of Latin America´ (algo así como La penetración estratégica de Irán en América latina), la ex ministra de Defensa de Colombia, Marta Lucía Ramírez, escribió que el “‘eje de unidad’ entre Venezuela e Irán encarna la distancia cada vez mayor” que separa a América Latina de Estados Unidos. “No se trata de distraer la atención del público de los numerosos conflictos de EE.UU. en Medio Oriente y otras partes del mundo”, señaló, sino de “recordar a nuestros vecinos del norte el tipo de desconexión de América latina que condujo a la crisis nuclear de 1962”.

El gobierno de Barack Obama se ha comprometido a desmontar muchas sanciones económicas a Irán a cambio de la promesa de éste de desactivar partes de su programa nuclear. El acuerdo prevé el relajamiento de las restricciones internacionales para comerciar con e invertir en Irán. También se espera la liberación gradual de unos US$100.000 millones en activos iraníes congelados por EE.UU. y otros países.

Esto significa que aun cuando le impida a Irán obtener un arma nuclear, el acuerdo hará que el mundo sea menos seguro. Susan Rice, Asesora de Seguridad Nacional de EE.UU., lo admitió indirectamente el miércoles pasado cuando Wolf Blitzer, conductor de CNN, le preguntó si uno de los destinos de esos fondos podría ser “el apoyo (al) terrorismo internacional”. “De hecho”, dijo Rice, “es de esperar que cierta porción de ese dinero vaya al ejército iraní y sea potencialmente utilizado para el tipo de malas conductas que hemos visto en la región hasta ahora”.

Lecciones de la crisis griega

MAURICIO ROJAS

Los líderes populistas de derecha y de izquierda hicieron coro en Europa y América Latina para celebrar la victoria del ´No´ en el plebiscito griego del 5 de julio.

Las voces de Marine Le Pen, Pablo Iglesias, Fidel Castro, Beppe Grillo, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y Cristina Fernández, para dar sólo algunos ejemplos, entonaron la misma melodía acerca de la valentía del pueblo griego y su supuesto triunfo sobre los dictados de la “oligarquía de la Unión Europea” (Le Pen), las “agresiones externas” (Castro), “el terrorismo financiero del FMI” y “los vampiros de la banca mundial” (Maduro), “el imperialismo europeo” (Morales), etcétera. Todos coincidieron, además, con Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, quien describió el referéndum griego como una “bella y gran lección de democracia”.

Mayúscula sería la sorpresa de este coro populista cuando el primer ministro griego y líder de Syriza, Alexis Tsipras, aceptó un paquete de reformas aún más duro que aquel que había sido rechazado en el referéndum del 5 de julio. El gran héroe de la resistencia antiimperialista pasó, en cuestión de días, a ser un traidor y un silencio que dice más que mil palabras selló, al menos por el momento, las locuaces bocas de los líderes populistas.

Desde el horizonte de La Habana, Yoani Sánchez retrató de esta manera el abrupto cambio acontecido: “Hace una semana era un héroe aupado por los medios oficiales cubanos, hoy es un cadáver político al que muchos temen aludir. Alexis Tsipras ha negociado y ha perdido. Sobre su bravuconería inicial se ha impuesto la cordura, y el pacto que acaba de aceptar lo convierte en un traidor a su propia política. Dentro de su partido ya se escuchan las voces críticas por el acuerdo que ha cerrado con la Eurozona y en la habanera Plaza de la Revolución guardan un incómodo silencio”.

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Noticias de la semana

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Artes y Letras

Chiquitos y la música

(Iglesia Chiquitana) 

MARIO VARGAS LLOSA

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen

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