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China vuelve a marcar el camino

EDUARDO BOWLES 

Cuando en 1960, el líder chino Deng Xiaoping pronunció su famosa frase: "da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones", desató una inmensa ola de críticas en su país. Los años le darían la razón a este reformista que convirtió a China en la segunda potencia mundial, el mayor emporio productivo del planeta y en el paradigma a seguir desde el punto de vista económico.

China ha sido el espejo en que se vieron casi todos los “Tigres Asiáticos” que surgieron bajo su influencia y que hoy también surgen como potencias emergentes como Singapore, Vietnam, Indonesia, Taiwán, entre otros. El gigante oriental ha sido el referente planetario sobre la manera de producir, exportar y llevar adelante una economía que debe responder por más de 1.300 millones de habitantes y que enfrenta duros desafíos en materia de seguridad social, alimentación y medio ambiente.

Su influencia ha llegado a todos los rincones del mundo, sobre todo a naciones que fueron capaces de enfrentar fuertes modificaciones a su estructura económica y se amoldaron a los nuevos tiempos, experimentando en consecuencia, saldos favorables como los que hoy pueden mostrar Chile, Perú, algunas naciones centroamericanas y también africanas que han salido del atraso estructural y que enfrentan hoy con mejores posibilidades la lucha contra la pobreza. Estos países consiguieron lo que los europeos no han logrado por seguir viejos moldes, los norteamericanos por mantenerse en el fundamentalismo del mercado y algunos países sudamericanos sumidos en el populismo que busca resucitar en vano las ideologías que murieron hace varias décadas.

En estos días China está preparando un nuevo paquete de reformas de gran envergadura como las que encaró en 1989. Las mismas están dirigidas hacia la modernización del Estado, la descentralización, el achicamiento del aparato burocrático, con el fin de hacerlo más eficiente, menos corrupto y sobre todo introducir cambios para que el aparato público se enfoque más hacia el servicio a la ciudadanía.

Los cambios, que ya tienen la aprobación del poderoso Partido Comunista, cuyo comité central ha puesto a consideración el borrador del plan de reestructuración, vienen de la mano del nuevo líder del país Xi Jinping, un hombre mucho más joven que será el encargado de combinar mejor las funciones de “administrador” con las de “servidor” del nuevo Estado chino.

Entre las principales medidas se prevé la reducción de varios ministerios, la fusión de algunas carteras que duplicaban el trabajo y sobre todo, la introducción de altos estándares de eficiencia, para conseguir que China mejore la equidad, perfeccione los sistemas de control y logre vencer algunas de las amenazas sociales más fuertes como la seguridad alimentaria. También se espera separar aún más la administración del gobierno de las empresas, inversión, proyectos sociales y administración comunitaria.

Tal vez el componente más importante de esta reforma es la educación, con cuantiosas inversiones en ciencia, investigación y tecnología. No cabe duda que de esta manera, los chinos se están enfrentando a los nuevos tiempos que muchos consideran será un período de “vacas flacas” o de menor impulso en el crecimiento. Es importante que todos pongamos los ojos en China para aprovechar mejor los vientos que corren.

Tomado de eldia.com.bo

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