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El dilema de la oposición boliviana

EDUARDO BOWLES 

La perspectiva de la próxima contienda electoral nacional ha planteado al conjunto de la oposición boliviana un dilema existencial. Mientras que por una parte se reclama una supuesta e imperiosa necesidad de la unidad de los partidos para hacer frente al oficialismo, que pretende la reelección de sus representantes, cada tienda opositora ha demostrado que está buscando su propio fortalecimiento en menoscabo de la estrategia de la unidad. Esta falta de objetivo común puede pasarle una factura muy alta a un frente opositor que no solo está poniendo en evidencia que carece, hasta el momento, de un programa estratégico capaz de constituirse en alternativa sólida al bloque oficialista.

Todo gobierno precisa de una oposición vigorosa para no caer en el autoritarismo. Resulta deseable, por tanto, que esa oposición sea al menos coherente, si no fuera capaz de mostrarse unida. La oposición, para sentar presencia que le permita constituirse en alternativa válida, requiere poseer argumentos razonables respecto al manejo administrativo del Estado. En la medida que esta oposición propone soluciones objetivas y realizables a problemas que el Gobierno enfrenta, se convierte en una fuerza proactiva, positiva y de peso político. Pero en la misma medida que se muestra desconectada de la realidad nacional, opositora por oponerse, pierde vigencia y fuerza.

Conviene que la oposición boliviana aprenda de los errores de las fuerzas opositoras en países que muestran señales de un mismo modelo de gobierno. En Venezuela, por ejemplo, las esperanzas de convertir a Henrique Capriles, el entonces formidable adversario del extinto presidente venezolano Hugo Chávez, se están diluyendo porque esta oposición ha mostrado claros indicios de carecer de un objetivo estratégico definido frente al modelo vigente. Con un interesante capital político, logrado en las últimas elecciones generales, ha permitido que Maduro vaya perfilando su estilo propio de gobierno, en tanto que la oposición ha ido perdiendo impulso y posibilidad de cambios.



Para los partidos y agrupaciones políticas que se oponen a la ideología bolivariana, de la que son subsidiarios varios gobiernos latinoamericanos, entre los que se cuenta el boliviano, esta suerte de extravío de la oposición de Venezuela tiene que ser tomada en cuenta como una lección política. Todo indica que no ha sido suficiente llegar a la contienda electoral de manera unida y entusiasta, y tampoco lograr equiparar el caudal electoral oficialista. Los análisis políticos señalan que ha faltado la implementación de un norte político y la propuesta de transformaciones acorde con la realidad de ese país, punto que conviene asumir si comparamos con la situación actual de nuestra oposición.

En ese contexto, llama la atención que ante los vehementes llamados a la unidad política de la oposición, de cara a las próximas elecciones generales, las tiendas políticas más importantes del país se hayan mostrado sino indiferentes, al menos poco interesadas en conformar un frente único que bloquee las aspiraciones continuistas del oficialismo. De ese modo, se presentan como opciones dispersas y hasta antagónicas. Se da la impresión que cobra vigor el interés de sus líderes por fortalecerse individualmente para ser la cabeza del bloque. En otras palabras, están llevando apresuradamente agua a su propio molino, descuidando quizás el objetivo estratégico de construir la alternativa política.

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