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Vendedores de ilusiones

EDUARDO BOWLES

Durante un reciente foro político, al que asistió el expresidente del Perú, Alan García, se hacían ver las enormes contradicciones y paradojas que se producen en la política latinoamericana.

El continente ha estado viviendo una década de éxitos extraordinarios en el campo económico gracias al auge de capitalismo en China, en India, en Vietnam, en Singapur, Indonesia y toda una serie de países emergentes cuyo dinamismo industrial y productivo ha propiciado una gigantesca demanda de materias primas y por el tanto, un histórico aumento de los precios.

Pero en lugar de que las naciones beneficiadas con esta situación tan favorable, producto de una manera de conducir la economía y de la puesta en marcha de ideas políticas de probada eficacia reconozcan esta realidad, los líderes de la región desfilan a Cuba, a rendirle pleitesía a Fidel Castro, quien representa el pasado y el fracaso de una ideología que ha sido sepultada en casi todo el mundo. Lo más contradictorio es que algunos de los que hoy gozan de la bonanza, proponen al comunismo cubano como modelo a seguir.

Algunos creen que se trata de los resabios de una mentalidad que todavía lleva incorporadas algunas taras que es necesario eliminar para aspirar a verdaderos cambios como los que han experimentado los denominados "tigres asiáticos" que hoy son fuente de nuestra prosperidad, pero sobre todo el auge de los populistas que se llevan la mejor tajada.

En Chile, por ejemplo, un país que ha dado pasos importante en la apertura y en la madurez política, la población no terminó de digerir el hecho de ser gobernado por un multimillonario, un empresario exitoso y que expresa en carne propia lo que se puede lograr con la libre iniciativa en un mercado abierto y competitivo. En nuestros países todavía es pecado hablar de riqueza, de empresario, de utilidad, de éxito y se pone a la pobreza a la altura de una virtud. Es por ello que a Sebastián Piñera muy pocos le reconocieron sus grandes logros en materia de estabilidad, crecimiento y mejora de la competitividad y se inclinaron por las promesas de Michelle Bachelet, que si bien mantuvo a su país en la senda de la economía de mercado, esta vez irrumpe con arengas populistas que seguramente ha sacado de sus viejos anaqueles socialistas que hasta ahora mantenía en el olvido.

¿Necesita la gente que le vendan ilusiones? Esa es una idea que se ha repetido siempre y que los líderes políticos se encargan de confirmar. Pero hay honrosas excepciones, como la de Ollanta Humala en Perú, una de las grandes promesas del populismo retrógrado en el continente, pero cuyo pragmatismo no ha hecho más que consolidar una tendencia exitosa en su país, que a decir verdad, empezó con los cambios que introdujo Fujimori a partir de 1990 y que no se ha detenido pese a las alternancias de líderes como García, quien en su momento fue un exponente de la izquierda latinoamericana.

En los años '80 era natural que se den procesos de crisis e hiperinflación después de haber retornado de una década de dictadura y con los precios de las materias primas por los suelos. Ocurrió en casi todo el continente, pero es totalmente contradictorio, que en pleno auge, con las arcas llenas de divisas, con exportaciones que alcanzan récords todos los días Argentina y Venezuela estén amenazados por la hecatombe económica y como consecuencia por una crisis política que pone en jaque al populismo reinante.

Tomado de eldia.com.bo

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