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Inversiones: el dedo en la llaga

EDUARDO BOWLES

Hace unos días, el embajador de Alemania en Bolivia, Peter Linder, puso el dedo en la llaga o para decirlo de otra forma, reventó uno de los globos que tanto promocionan las autoridades económicas del país: las inversiones extranjeras.

De acuerdo a lo manifestado por el representante diplomático, para los empresarios extranjeros, invertir en Bolivia sigue siendo algo muy riesgoso, por la inseguridad jurídica, por la falta de reglas claras para la protección de los capitales y porque según se puede interpretar de sus palabras, una cosa son las expectativas que se generan fuera del país, con una excelente promoción de un país diferente y donde supuestamente se están haciendo grandes cambios y otra cosa es la realidad que deben afrontar los empresarios.

“Si las reglas no son claras, el empresario se va a otro país”, dijo Linder, aludiendo por supuesto a vecinos nuestros que están haciendo esfuerzos extraordinarios por atraer inversionistas y que consiguen verdaderos récords. Así sucede con Perú en la minería, en la industria y los textiles o con Chile, con los servicios, la banca y los vinos por citar solo algunas de las actividades, pues una de las ventajas adicionales de las incursiones que llegan de fuera es que diversifican la economía, introducen nuevas tecnologías y dinamizan la totalidad del sistema.

Linder fue muy explícito al hablar de las condiciones poco favorables y que tienen que ver con el discurso agresivo hacia los capitales externos. “El dinero viene solamente a los sitios donde hay poco ruido, donde hay tranquilidad y donde hay seguridad jurídica”. No hace falta ser muy perspicaz para entender que el diplomático se refirió a la constante amenaza de las nacionalizaciones, a los vituperios contra el capitalismo, los avasallamientos y a acciones hostiles contra empresas privadas, como sucede con las telefónicas o las de transporte aéreo, que además de ser constantemente señaladas como transgresoras, compiten en desigualdad de condiciones con las entidades públicas.

Bolivia ha estado haciendo algunos repuntes en materia de inversiones extranjeras, pero únicamente en las áreas extractivas (75%), sobre todo en hidrocarburos, donde el Gobierno se dio cuenta que debía hacer una serie de concesiones para poder cumplir con los contratos de exportación. Aún así, los volúmenes logrados son insuficientes, las reservas gasíferas se mantienen muy bajas y la situación tiende a empeorar mientras el régimen no decida hacer cambios sustanciales en la ley sectorial, eliminando algunas cláusulas muy nacionalistas por cierto, pero fuera de la realidad desde el punto de vista económico. En el campo minero, los capitales que llegan son muy escasos, irrisorios comparados con el boom que han estado viviendo chilenos y peruanos, nuestros principales competidores en este campo.

Desde el punto de vista del potencial, Bolivia está perdiendo excelentes oportunidades con el litio, la agroindustria, la producción de alimentos y diversos sectores que han estado en auge durante más de una década gracias a que América Latina se había convertido en el polo de atracción mundial. Con la caída de los precios de las materias primas no sabe qué va a pasar, pero lo más probable es que se produzca una tendencia a la baja.

Tomado de eldia.com.bo

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