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El poder de la prensa

EDUARDO BOWLES

El laureado periodista boliviano Roberto Navia se lamentó en España al momento de recibir el premio “Rey de España” por su crónica “Tribus de la Inquisición” que muestra con lujo de detalles la trama de injusticia, abusos, narcotráfico, impunidad y permisividad que rodea a los linchamientos en la zona del Chapare. “No ha pasado nada”, dijo el cronista, refiriéndose a la indiferencia de los poderes públicos y de la sociedad sobre esta grave denuncia, que alerta además sobre el peligro de que el problema se acentúe

“Echate a esperar”, dice un aforismo popular y no hay para qué asombrarse ni decepcionarse sobre el tan mentado “cuarto poder” ni cuestionar el poder de la prensa. Al más famoso caso periodístico mundial, el escándalo de Watergate le pasó algo parecido. Durante un par de años dos periodistas del diario Washington Post estuvieron reporteando los detalles de un complejo sistema de espionaje, cuya cabeza era nada menos que el presidente norteamericano Richard Nixon. En todo este tiempo hubo poca repercusión en el resto de los medios, el gobierno siguió con sus “mañas” y en todo caso no hizo más que criticar el papel del periódico que destapó la noticia. Es más, gran parte de la opinión pública ni siquiera estaba enterada del hecho.

Todo cambió cuando los poderes públicos, el Congreso y la Justicia, reaccionaron como se debe y pusieron a funcionar los mecanismos que están llamados por ley a actuar frente a una denuncia como la que hizo el Washington Post o como la que divulgó Roberto Navia. Tanto la Cámara de Representantes (diputados) como el Senado, organizaron comisiones de investigación que terminaron de desnudar el caso y la Corte Suprema de Justicia ordenó que Nixon haga públicas unas grabaciones que mostraban cómo la Casa Blanca vigilaba a sus adversarios. Esto obligó al hombre más poderoso del mundo a renunciar a la presidencia, el único que lo ha hecho hasta la fecha.

Muchos dirían que en Bolivia los poderes públicos también reaccionan, como ocurrió con el escándalo del Fondo Indígena, por ejemplo, pero la diferencia es que mientras unos lo hacen para encubrir, aplaudir y garantizarles la impunidad a los culpables, en una verdadera democracia, el poder (el de la prensa y el de la república) se ejerce para controlar, fiscalizar y equilibrar las cosas; para garantizar la existencia de la democracia y evitar que individuos como Nixon se vuelvan unos autócratas desquiciados.

El otro problema de Bolivia frente a un país como Estados Unidos es la lectura. En nuestro país apenas el tres por ciento de la población lee periódicos, medios que profundiza más en la noticia, mientras que la televisión siempre está prendida del espectáculo, tan funcional al poder. En Noruega, una de las naciones más democráticas, más tolerantes y menos corruptas del mundo, es también donde más se lee, no solo prensa, sino todo tipo de literatura que ayuda a tener una opinión más consciente y exigente con el poder.

En Noruega no solo se preocupan por la prensa, los diarios, la democracia y el poder, sino fundamentalmente por la educación de la gente. Acabamos de enterarnos gracias al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que casi la mitad de los estudiantes bolivianos no termina el bachillerato. Eso debería ser lo más importante ¿Pasará algo?

Tomado de eldia.com.bo

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