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El mundo necesita un Churchill

EDUARDO BOWLES

Winston Churchill es considerado el personaje más significativo del mundo occidental en el Siglo XX. Él fue el primero en identificar el verdadero peligro que significaba el avance de Hitler en Europa, cuando todo el vecindario minimizaba la carrera armamentista que inició Alemania a partir de 1933 y las primeras estocadas producidas en Austria y Checoslovaquia alrededor de 1938.

Hitler se comprometió ese año ante Inglaterra a no avanzar más y todos le creyeron mientras que Churchill, desde el Parlamento, no paraba de advertir y reclamar la unidad de los europeos frente al gran enemigo, que incluso despertaba simpatías en Estados Unidos, donde se mantuvieron al margen del conflicto por más de dos años. Cuando todos celebraban el convenio de paz con el führer, el que llegó a ser después primer ministro británico pronunció su famosa frase “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”, hecho que se consumó en 1939 con la invasión a Polonia y que desató la mayor barbarie que conoce la humanidad, causante de más de 100 millones de muertos.

Este episodio de la historia vuelve a producirse hoy, 78 años después cuando los líderes occidentales se niegan a reconocer que ya vivimos la tercera guerra mundial. Tal vez harán falta otros atentados más como el ocurrido ayer en Bruselas, como los de Francia del año pasado y muchos otros ataques perpetrados en Europa, Asia e incluso en Estados Unidos, hasta donde han alcanzado los tentáculos de la organización terrorista ISIS, causante de zozobra, muerte y el mayor desplazamiento de refugiados de los últimos tiempos.

Lamentablemente no hay buenas señales como para que suceda lo de los años 40, cuando Churchill se convirtió en la punta de lanza para salvar la cultura occidental de un retroceso que hubiera significado la aniquilación de las grandes utopías nacidas en Grecia, en Roma, en Jerusalén, en la Revolución Francesa, con el derecho, la república, la democracia, la convivencia pacífica, el humanismo cristiano y tantos principios por los que hemos venido luchando durante tres mil años.

Los europeos están perdiendo su identidad. Mientras que unos ceden ante las imposiciones de culturas que transitan por visiones propias del primitivismo antiguo y cuando menos, medievales, otros creen que el antídoto es recurrir al neonazismo, a las posturas radicales, a levantar muros y barricadas, como si occidente no tuviera recursos legales y políticos para enfrentar al enemigo. Rusia quiere hacer lo suyo, volver al Siglo XIX; Estados Unidos sigue temiéndole a la guerra y cree que ser potencia y mucho más, un imperio, es algo muy sencillo, que no requiere sacrificios como los que Churchill propuso a su pueblo y al mundo cuando dijo que derrotar a Hitler costaría “sangre, sudor y lágrimas”.

Necesitamos un Churchill que nos convenza a todos de que la democracia y todas las armas que nos ha dado la justicia, son capaces de enfrentar a un enemigo decidido a conquistar el mundo, llevando muerte y destrucción. Debe ser uno con la seguridad que llevó al “bulldog británico” a afirmar: “Defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el costo; pelearemos en las playas, pelearemos en los sitios de desembarques, pelearemos en los campos y en las calles, pelearemos en las colinas: nunca nos rendiremos”.

Tomado de eldia.com.bo 

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