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Un necesario cambio de actitud

EDUARDO BOWLES

Uno de los rasgos más negativos del periodo populista que llega a su ocaso es el ruido de gallinero que emanaba desde América del Sur, con el excomandante Hugo Chávez como principal cacareador. De su boca solo salían insultos, amenazas, desplantes y provocaciones, gestos que inmediatamente se replicaban en la platea compuesta por líderes que repetían y amplificaban todo cuanto pronunciaba el lenguaraz cabecilla de esa torre de babel denominada Socialismo del Siglo XXI.

Esa actitud propia de una pandilla (o de una mafia) bloqueó todas las posibilidades de integración con el mundo y permitió que la mayoría de los países, con Venezuela, Argentina y Brasil a la cabeza, se sumerjan en el aislamiento. Tiraron abajo la Comunidad Andina, destruyeron todo lo que se había logrado con el Mercosur, convirtiéndolo en un mero instrumento político-ideológico; crearon instancias como el ALBA y la Unasur, sin mayores consecuencias, además de inflar el ego de sus impulsores, apuntalar las diversas aventuras políticas y económicas que se pusieron en marcha y apañar las violaciones a los derechos humanos y toda clase de atropellos a la ley cometidos durante más de una década.

Quisieron inventar una nueva OEA, tirar abajo la ONU, relanzaron la CELAC, todo para ganar palestra, para “robar cámara” y para ello no ahorraron en palabrería, pues se apropiaron del discurso indigenista, se montaron sobre la ecología y el cuento de la “revolución social”, con fines netamente mediáticos. No por nada el rey Juan Carlos de España le espetó aquel “Por qué no te callas” a Hugo Chávez durante una cumbre, una de las tantas que estos insolentes echaron a perder por su apego desmedido al espectáculo circense.

Mientras los chavistas hablaban, espantaban los negocios, destruían los mercados y desparramaban demagogia barata, países como Chile, Perú, México y alguno que otro de la región, afianzaban antiguos tratados de libre comercio y se subían a los carros ganadores, aquellos bloques de integración como el Foro de Cooperación Asia-Pacífico, el mecanismo más prometedor para las economías emergentes y aquellas que buscan cómo dar el salto a la competitividad.

En otras circunstancias, una gira como la de Barack Obama por Cuba y Argentina, hubiera significado un cacareo antiimperialista ensordecedor, aunque gratuito, pues tanta pose no nos ha llevado a nada bueno. La reacción mesurada y cuando menos, el mutismo generalizado en la región, representa un aparente cambio de actitud que podría ser saludable, pues significa que algo de madurez ha inyectado la crisis, el fracaso de los procesos populistas y el peligro que se viene con el periodo de vacas flacas que tal vez nos obligue a recurrir a los viejos “salvadores”.

Los problemas parecen haberles debilitado el nervio reaccionario, pues ni siquiera el pedido de auxilio a favor de Lula da Silva y Dilma Rousseff que hizo el presidente boliviano causó mella en la Unasur, donde nadie movió un dedo para salir en auxilio de los que parecen desahuciados por sus graves problemas de corrupción. Llegan los tiempos de la cordura, de la mesura y la reflexión. Son buenas noticias que permiten hablar de integración y buenos negocios para nuestros países.

Tomado de eldia.bo

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