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Malas noticias sobre el gas

EDUARDO BOWLES 

No pudo ser más deslucida la llegada del décimo aniversario de la nacionalización de los hidrocarburos, la medida emblemática del “proceso de cambio”, la que más se estruja en los discursos y la que más se repite para vilipendiar a los regímenes del pasado. No hubo pancartas, ni tarimas, tampoco militares entonando el himno nacional en las puertas de las plantas de gas. Ni siquiera un acto especial que sirva para disimular el sitio de la Plaza Murillo.

Para colmo de males, días después del primero de mayo, se confirma que Argentina recurrirá a Chile para abastecerse de gas en invierno, con la compra del energético por un valor de 95 millones de dólares en un lapso de tres meses. El país vecino debió apelar a un proveedor de emergencia ante la imposibilidad de Bolivia de cumplir con el bombeo de 19 millones de metros cúbicos diarios comprometidos, pues solo alcanzó para 16 millones.

Lo paradójico del caso es que hasta hace doce años Argentina era proveedor de gas de Chile, país que debió buscarse otros proveedores ante la falta de garantías que surgieron tanto por la nacionalización boliviana como por el desfase de inversiones en el área de hidrocarburos en los campos argentinos.

El Gobierno boliviano ha expresado su molestia por la difusión de esta información y la atribuye a un malentendido originado por un diario paceño. Sin embargo, el propio ministro de Energía de Argentina, Juan José Aranguren, ha confirmado los datos publicados por el diario Clarín de Buenos Aires. El funcionario dijo que para su país, que pagará el doble por el gas traído de Chile, lo más conveniente sigue siendo comprarle a Bolivia, pero lamentó que en este momento no haya disponibilidad. “La importación trasandina también resulta más económica que las otras opciones, salvo Bolivia, que de todos modos no tiene más para enviar”, dice textualmente la versión de prensa que cita al dignatario.

Más allá de las situaciones coyunturales y las versiones de prensa, los expertos coinciden que los diez años de nacionalización han sido excelentes para la política, pero no para la economía y menos para el futuro de la industria gasífera que hace una década estaba camino a convertirse en el eje distribuidor de energía del Cono Sur. Hoy, como se observa, nuestro cliente más antiguo se ve obligado a comprar gas que viene por barco, un negocio en el que Bolivia también estaba ganando la delantera, pero que hoy está en manos nada menos que de Chile


Otra de las conclusiones que sacan los especialistas sobre los diez años de nacionalización es la crisis de nuestras reservas de gas. En todo este tiempo, nos hemos dedicado a vender el gas que habían localizado y promovido los gobiernos anteriores, pero no se hizo lo suficiente para acrecentar los yacimientos, hecho que tiene serias repercusiones en el posicionamiento de nuestra industria, sobre todo a la hora de garantizar mercados. Para Bolivia, no queda otra salida: tenemos que hallar más y más gas para que no sigan produciendo noticias como la que llega de Argentina. El problema es que los momentos actuales de precios tan bajos no son los más adecuados para invertir en exploración y perforación. Eso tuvo que hacerse hace diez años.

Tomado de eldia.com.bo

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