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Cerco al populismo

EDUARDO BOWLES

De la misma manera que, a la manera de las tragedias griegas, “todos los dioses” confabularon para el florecimiento del populismo en América Latina durante los últimos quince años, hoy las fuerzas constrictoras de la política y la economía internacional parecen conspirar en contra de las autocracias que instalaron en la región los exponentes del famoso Foro de San Pablo.

Parece increíble que la otrora servil y obsecuente OEA, que se había convertido en la principal alcahuete de los regímenes que torcieron y abusaron de las leyes y los principios democráticos, esté hoy vociferando, reclamando al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que no se convierta en un “vulgar dictadorzuelo” en el momento en el que el chavismo alista las botas y las bayonetas para arremeter contra la oposición.

El organismo multilateral se une de esta manera a una iniciativa internacional a la cabeza de líderes españoles (socialistas nada menos) que llevan adelante una cruzada para evitar que lo de Venezuela termine como Siria, en una crisis humanitaria que no está lejos de producirse, pues la población está sufriendo horrores para conseguir lo más elemental en materia de medicinas y alimentos.

Nadie hubiera imaginado a José Mujica hace algunos años tildando de loco al mandatario venezolano, quien hace mucho está transitando por los caminos del delirio, como lo estuvo su padrino, el comandante Chávez, aclamado y glorificado por toda la pléyade de líderes como el veterano uruguayo, famoso por su sentido común y su perspicacia, pero que jamás tuvo la dignidad de mirar más allá del compadrerío que reinaba en el vecindario. Es lo mismo que pasa con el chileno José Miguel Insulza, que al mando de la OEA santiguó todas las tropelías del Socialismo del Siglo XXI y hoy se manifiesta sorprendido con esa diplomacia de los escupitajos que él mismo alentó.

No vamos a afirmar que la Iglesia católica ha sido contemplativa frente al populismo latinoamericano y menos en Bolivia o en Venezuela, donde la jerarquía eclesiástica ha sido blanco de fuertes ataques de los regímenes. Sin embargo, no se puede afirmar lo mismo de la posición del Vaticano, dueño de una actitud más tolerante, comprensible por todas las implicancias diplomáticas que pueda haber.

Lo sorprendente ha sido la reciente reacción de la curia romana que decidió suspender una visita a Venezuela que tenía prevista el secretario para las Relaciones con los Estado, Paul Richard Gallagher. Pese a que se adujeron motivos ajenos a la voluntad de la Santa Sede, cualquier buen entendedor se da cuenta de que las tierras de Maduro no están en este momento para visitas protocolares y menos cuando el régimen está mostrando los dientes.

Por si fuera poco, la prensa internacional, que le otorgó poderes milagrosos a los presidentes de América Latina que gozaban de una bonanza importada de China y que se dedicaron a despilfarrar el mejor periodo de la historia del continente, también reacciona con vehemencia. Recientemente el diario The New York times, autor de sendas coberturas a los “procesos revolucionarios”, ha pronosticado el fin de esta pesadilla y respecto de la crisis de Brasil, ha afirmado que ha sido el populismo el que le robó el futuro al país.

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