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El Reino Unido y el futuro de Europa

IAN VÁSQUEZ 

El jueves que viene, el Reino Unido decidirá si quedarse o no en la Unión Europea. Las encuestas muestran una tendencia creciente a favor del Brexit (la salida de la UE). Qué tan buena idea es esta, es un juicio de valor. Lo que no está en duda es que el plebiscito será de enorme consecuencia para el futuro de Europa y, por eso, del mundo.

El descontento con la UE no es solo producto de años de bajo crecimiento económico, sino que se ha generado por varias razones. Llama la atención que quienes abogan por quedarse dentro de la unión reconocen abiertamente sus disfunciones pero enfatizan que desasociarse sería peor que permanecer siendo miembro. No es tan claro.

La UE empezó como un mercado común y zona de libre comercio. Se ha transformado en el tiempo en un gobierno supranacional y burocratizado que centraliza cada vez más poderes y recursos financieros, y emite cada vez más regulaciones que sus 28 diversos miembros tienen que cumplir. Muchas regulaciones son simplemente ridículas. Se ha llegado a prohibir el uso de platitos y otros contenedores tradicionales para servir aceite de oliva en restaurantes, por ejemplo, o regular la curvatura de ciertos plátanos. Muchísimas reglas imponen costos desmedidos. La política agrícola de la UE, por ejemplo, es altamente proteccionista e ineficiente. Consume el 30% del presupuesto de la UE para favorecer al 3% de la población europea, que son agricultores. El consumidor europeo termina pagando doble: por los subsidios y por los precios elevados de comida.

Quienes promueven el Brexit arguyen que la gobernabilidad de la UE se ha vuelto elitista, no democrática y poco representativa de los deseos de los europeos, por lo que el Reino Unido debería recuperar completamente su tradición de autogobierno. Se basan en los hechos. Los acuerdos de los países miembros a respetar ciertos límites a sus deudas públicas y déficits fiscales se han violado una y otra vez. La estipulación legal de que cada país se responsabilizaría por sus propias deudas y la prohibición legal del Banco Central Europeo de no comprar bonos soberanos de los países miembros también han sido abiertamente vulneradas. Ante esas violaciones al Estado de derecho, no ha habido, ni parece ser posible, una rendición de cuentas.

El problema es que lo que anima a buena parte de la campaña Brexit son sentimientos populistas, antiglobalización y antiinmigración. El resultado de salirse de la UE entonces sería un Reino Unido menos abierto, menos libre y más pobre, según quienes prefieren quedarse. Si desea acceder al mercado europeo desde afuera, el Reino Unido tendría de todas maneras que negociar preferencias, pagar contribuciones y respetar las regulaciones de la UE, como lo hace Noruega (un país que no es miembro), sin tener influencia dentro de las decisiones de la UE. Además, argumentan que, a pesar de sus defectos, la UE ha presidido sobre la Europa más abierta, pacífica y democrática de toda la historia.

No es poca cosa. La salida del Reino Unido cambiaría eso y alentaría a los nacionalistas y populistas del continente a promover la salida de sus países en un momento en que Europa ya está vulnerable a entrar en caos por las múltiples crisis que enfrenta en lo económico, lo migratorio y lo geopolítico por la influencia antidemocrática que ejerce Rusia. Según esta versión, Brexit significaría una Europa menos libre.

Para el Instituto Adam Smith, centro de investigación británico, el Brexit aumentaría la libertad en su país. Dado que el Gobierno Británico actual, que favorece mantenerse en la UE, negociaría con la UE en caso de un Brexit, el arreglo más probable sería parecido al de Noruega. De ser así, el Reino Unido gozaría del libre comercio de bienes y servicios con Europa, así como del libre flujo de capital y de personas. Además, podría bajar sus contribuciones a la mitad y cumplir con un tercio de las regulaciones que emanan de la UE.

Si los británicos optan por salir de la UE la semana que viene, bien podrían aumentar su libertad. Pero podría ser un golpe mortal para la UE, que perdería un poder liberal, pues podría colapsar o convertirse en un club más restringido. Si los británicos se quedan, las tensiones dentro de la UE seguirán, y su colapso en un futuro seguirá siendo una posibilidad.

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Tomado de elcato.org 

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