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Memoria frágil

 EDUARDO BOLWES 

Una prestigiosa revista argentina acaba de publicar en su portada un montaje fotográfico en el que se ve a la expresidente argentina Cristina Fernández bañándose en dinero, al estilo del famoso personaje de Disney, el Rico McPato. Al pie de la imagen dice “La foto que nos falta”, aludiendo a la gran avalancha de evidencias que se han reunido en relación al saqueo que perpetró el Kircherismo en 12 años de administración.

Las pruebas siempre estuvieron a la vista; fueron denunciadas sistemáticamente por la prensa y por la oposición y pese a ello, todavía hay argentinos que dicen sentirse sorprendidos por este grotesco espectáculo que compite con el cuento de Alí Baba y los 40 ladrones. Es más, según las encuestas, el 21 por ciento de los ciudadanos de aquel país cree que la mandataria no sabía nada de lo que hacían los bandoleros que la rodeaban y que se dedicaban a acarrear maletas de dólares de un lado para otro.

No sorprende a nadie este nivel de descaro en los gobernantes, sino el tamaño de la paciencia de un pueblo que viene soportando el peronismo y sus mil caras desde los años 40 del siglo pasado, en un país cuyos habitantes tienen uno de los mejores niveles educativos del continente. Esa fascinación por el poder, por el Estado, por los caudillos, no deja resquicios para la construcción de un nuevo modelo de sociedad en América Latina, que vive anclada a sistemas anacrónicos para un siglo XXI con un protagonismo del ciudadano consciente, crítico, exigente e irreverente con el poder.

En Bolivia este problema no es menor, aunque las tiranías nunca han tenido tan larga duración, por fortuna. Hoy nuestros gobernantes arquean las cejas y ponen cara de “yo no fui” respecto de la empresa Enatex, cuando la información sobre los malos manejos de esa entidad han sido contundentes desde el 2012, cuando el Gobierno prácticamente le arrebató la compañía a un exitoso empresario que cayó en desgracia cuando el régimen le tumbó los mercados de exportación. Fue un gesto de soberbia de aventureros estatistas que pensaron que la bonanza económica nunca se acabaría y que sobraría para mantener todos los elefantes blancos que se le ocurra criar a este decadente socialismo.

Tal como lo muestran los archivos periodísticos, el gasto en salarios en Enatex se multiplicó por seis desde que el Gobierno se hizo cargo; los nuevos gerentes, que jamás habían administrado nada, cometieron un desastre tras otro en el manejo de los mercados, en la adquisición de equipos, en la contratación de personal y por último, pusieron la empresa al servicio del partido en funciones, la convirtieron en un depósito de campaña y dieron cuenta de un valioso stock de mercadería de alta gama. Conclusión: 69 millones de dólares tirados por la borda, como si se tratara de moneditas.

Como ya no hay tanta plata en el cofre para seguir “volanteando”, los derrochadores deciden cerrar Enatex pensando que será fácil convencer a los trabajadores que esto es un caso aislado. La bomba explosiona y se genera un conflicto con el sector más combativo del país, la COB y los mineros. Para calmar las aguas, el Gobierno ha decidido dar un mensaje de confianza en las empresas del Estado. Resultado: otros 36 millones de dólares para la minera Huanuni. Tendríamos que guardar en la mente estos hechos, para que un día no nos hagamos los sorprendidos.

Tomado de eldia.com.bo

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