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¿Pacto fiscal o la vieja pugna redistributiva?

EDUARDO BOWLES

Durante las últimas semanas se ha estado hablando de “pacto fiscal”, especialmente en La Paz, hecho inédito, pues se creía que los paceños vivían conformes con el centralismo. Además de estar cerca del poder que controla casi el 90 por ciento de los recursos de este país, son también mayoría y tienen una larga tradición de poner en aprietos a los gobernantes, que siempre le han dado más leche al que más llora.

El pacto fiscal es una forma de descentralizar; es otra manera de democratizar el país y significa también disminuir el monopolio del poder central que está basado en la cantidad de plata que tiene en sus manos. Está claro que el presidente Morales no va a ceder; ya les dijo “flojos” a los gobernadores que reclaman y les exigió que sean capaces de generar sus propios recursos.

El gran problema es que llevamos más de 500 años de historia contada y en todo ese tiempo, este territorio no ha sido capaz de generar nada nuevo en materia de recursos. Todo lo que nos ingresa es fruto de lo que pare la tierra y así como sale se va a otros países, donde sí han logrado transformar la materia, verdadero objetivo que debiéramos plantearnos los bolivianos.

En esos términos, la torta puede agrandarse o achicarse, pero su conformación es la misma y nunca en la historia ha alcanzado para dar de comer a todos, especialmente si tenemos a la cabeza a un sistema político insaciable, corrupto, ineficiente y extremadamente derrochador. Cómo será de irracional, que se ha farreado en diez años el dinero que normalmente le hubiera ingresado en 40 años y las cosas están más o menos igual. La prueba es que Tarija no tiene agua, Cochabamba tampoco, los discapacitados lloran su miseria, los cooperativistas mineros están bloqueando y para colmo, los paceños pidiendo pacto fiscal.

Llevar adelante el pacto fiscal, además de cambiar el mapa político del país, como trató de hacerlo en menor medida la Ley de Participación Popular, significaría transformar las perspectivas de desarrollo y de mejora de calidad de vida de la población, pues de pronto las decisiones se tomarían en círculos más cercanos a las necesidades y problemas de la gente, donde los liderazgos pueden conocer de primera mano las prioridades y también están mejor fiscalizados por los votantes.

Tal vez un día llegue al poder en Bolivia una generación que caiga en cuenta que el desarrollo integral se construye de esa manera, mientras tanto, lo que vamos a presenciar es nada más que la eterna “puja distributiva”, el modo y el estilo que tienen los bolivianos de repartir algo de la plata pública. El método es conocido por todos y consiste en bloquear, cercar, tirar dinamita y hacer gala de los más innovadores mecanismos de autoflagelación nunca vistos en otros sitios. Esta forma de exigir cada uno su tajada había tomado vacaciones mientras hubo dinero de sobra para repartir y el presidente iba en persona a entregarlo a cada comunidad, sindicato y movimiento social. Los cooperativistas mineros tumbaron un cerro ayer para tapar una carretera, medida nunca antes vista. Eso da una idea de la crisis que niega el Gobierno y de la pelea que se viene por cada gota de la mamadera.

Tomado de eldia.com.bo 

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