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El fracaso de la izquierda

EDUARDO BOWLES

Pese a las evidencias indiscutibles, algunos intelectuales que se hacen llamar “progresistas”, afirman que no es la izquierda la que ha fracasado nuevamente en América Latina, sino algunos líderes, partidos o movimientos que en algún momento se identificaron con ciertas ideologías tipificadas como izquierdistas, pero que en el fondo no eran genuinos representantes de estas tendencias, que no llegaron a encajar en los postulados teóricos socialistas o que simplemente fueron boicoteados antes de cumplir sus utopías.

Alrededor de Cuba, con más de medio siglo de comunismo, muchos de esos entendidos todavía siguen polemizando si la revolución castrista cumplió o no con los postulados de Marx y Engels y lo grave es que afirman sin la menor duda, que de haber hecho realidad en su plena dimensión las teorías que inspiraron a los revolucionarios, el pueblo cubano hubiera tenido el destino de felicidad plena que prometieron al tomar el poder.

Algo similar ocurrió en los países de Europa del Este que abrazaron la causa socialista y eso dio pie al renacimiento de la izquierda después de la caída del Muro de Berlín, que se transformaría luego en el ascenso de gobiernos que volvieron a insistir en los métodos, paradigmas y estilos que impuso la Unión Soviética, China o Corea del Norte. Eso lo podemos constatar en los países de América Latina que adoptaron el Socialismo del Siglo XXI, cuyo fracaso es innegable, especialmente en Venezuela, el paladín de este sistema.

Muchos de los que insisten en defender a rajatablas las ideas colectivistas se escudan en el éxito que han tenido aquellas naciones europeas, especialmente las nórdicas y otras como Suiza, Bélgica, Holanda o Dinamarca, donde el socialismo se tradujo en grandes ventajas sociales que han perdurado. Incluso en Francia, Alemania o Inglaterra, de mayor tradición liberal, desarrollan políticas socialistas en algunos campos como la salud y la educación, pero no ceden ni un solo milímetro cuando se trata de respetar principios fundamentales como la libertad y propiedad.

La prueba es que cuando se observan los índices de libertad económica, que se expresa en ventajas para emprender y producir, para innovar y crear, invertir y desarrollar la iniciativa privada, aquellos países mencionados ocupan los primeros puestos a nivel mundial, lo que se traduce además en pueblos más felices, indicadores más equilibrados, mayor igualdad y un desarrollo humano integral que permite el alcance de la estabilidad y la paz social.

Nuestros países han experimentado todos los sistemas políticos. El péndulo ideológico ha tocado los extremos; se han puesto en marcha todas las revoluciones posibles, hemos vivido innumerables “procesosde cambio” y los resultados siempre nos han llevado al fracaso. Sin embargo, nunca antes se ha buscado la forma de construir una sociedad más libre donde el ciudadano sea consciente de sus potencialidades para que los pueda desarrollar para beneficio propio y de toda la colectividad. Ese es el desafío pendiente y hay que plantearlo antes de que nos enfrasquemos en discusiones estériles sobre derecha o izquierda, utopías y nuevas recetas.

Tomado de  eldia.com.bo

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