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Trump y el cinismo reinante

EDUARDO BOWLES

Partamos de la convicción de que Donald Trump resulta impresentable comparado con muchos de los líderes que han gobernado el país del norte, pero hay mucho de hipocresía y falsedad a la hora de juzgarlo.

En México hay un tren que todos conocen como “La Bestia” que recorre de sur a norte gran parte del territorio. Ese medio de transporte es usado anualmente por más de medio millón de centroamericanos para llegar hasta la frontera con Estados Unidos. En el trayecto, la mayoría de esos guatemaltecos, hondureños, salvadoreños, nicaragüenses, etc., todos pobres y con las mismas ganas de alcanzar el sueño americano, son víctimas de violaciones, asaltos, asesinatos y toda clase de vejaciones que ocurren a vista y paciencia de las autoridades mexicanas, que hacen poco y nada para combatir esos crímenes terribles.

En cierto modo, ese “tren de la muerte” es un muro (vertical y móvil) que mantiene el Estado Mexicano, que además de convertir la migración en un calvario para tantos miserables, les exige visa y somete a una serie de cobros ilegales a los que usan México como puente para llegar al borde con Estados Unidos, donde mafias organizadas toleradas por las autoridades, han convertido al tráfico de personas en un negocio tan lucrativo como el narcotráfico. Miles de personas mueren a manos de estos “coyotes” que abusan y asesinan sin piedad a mujeres y niños.

Qué más muro puede haber que las grandes organizaciones de narcotraficantes que han hecho del norte mexicano una zona de guerra con decenas de miles de víctimas, mientras que los alcaldes, jefes de policía, gobernadores, ministros, empresarios y toda clase de dirigentes se convierten en cómplices de los carteles.

A Donald Trump le estamos exigiendo la cordura, la limpidez, los modales y la corrección política que jamás le demandaríamos a los líderes de América Latina, donde abundan los demagogos, los mentirosos, abusivos, corruptos, libertinos y atrabiliarios. Ni siquiera los conspicuos europeos pueden darse el lujo de criticar abiertamente, pues un somero análisis del perfil de muchos gobernantes del viejo mundo los podría dejar en vergüenza.

De Obama se han hablado maravillas pero... ¿cómo se explica que justamente los pobres, los desempleados y desplazados hayan sido los responsables del triunfo de Donald Trump? El ex presidente ha sido elogiado por su caballerosidad, por ser un hombre de familia y por su fino accionar político? ¿Pero acaso no debería ser juzgado principalmente por sus logros sociales y económicos? Si los ocho años de administración demócrata hubieran sido tan brillantes, no habría tan cantidad de descontentos, ávidos de colgarse de cualquiera, incluso de un individuo tan “despreciable” como Trump.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca es admirador de Winston Churchill, un borracho, desaliñado y lenguaraz que se convirtió en el líder mundial más importante del Siglo XX. También menciona mucho a Ronald Reagan un mal actor de películas de vaqueros considerado por numerosos especialistas y por estudios de opinión, como uno de los mejores mandatarios que ha tenido Estados Unidos. Al menos Trump puede tener el beneficio de la duda; lo que es imperdonable es el derroche de cinismo, especialmente entre quienes suelen apoyar a otros populistas.

Tomado de eldia.com.bo

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