Buscar en nuestras publicaciones:

Familia enferma

EDUARDO BOWLES

Cuando en Bolivia nos preguntamos por qué el país no funciona, no avanza y parece condenado al fracaso, todos apuntan hacia los políticos, las leyes, la economía y las instituciones, pero nadie pone atención en lo que tradicionalmente se ha considerado como el pilar fundamental de la sociedad: la familia. En Bolivia más importantes son los sindicatos, los sectores sociales, los gremios empresariales, las fraternidades y hasta las comparsas. Esos grupos son merecedores de mayor respeto que las familias. Es una señal de que nuestro país sigue todavía en una etapa tribal de su historia, donde las necesidades de autoprotección son tan fuertes, que se requiere de clanes como medios de supervivencia frente a los ataques externos.

En las sociedades modernas la familia está primero. Son las instancias de socialización y de reproducción de los valores sociales más importantes. Es fácil comprobar por qué Bolivia encara problemas que parecen imposibles de resolver. Un reciente estudio sobre la situación familiar en el país concluye que el 74 por ciento de los hogares bolivianos son disfuncionales, la gran mayoría destruidos y a veces nocivos para la convivencia de sus miembros, especialmente de los niños y jóvenes.

De acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), casi la mitad de los matrimonios en Bolivia termina en separación, sin embargo, la Escuela de Padres afirma que a pesar de no haber divorcio, muchos padres dejan de relacionarse bajo el mismo techo y conducen sus vidas sin apego a los cánones normales.

Las consecuencias de este tipo de realidad son nefastas y se ven sobre todo en los hijos. Los niños que provienen de hogares disfuncionales tienen por lo general bajo rendimiento escolar. Se calcula que ocho de cada diez casos de problemas de aprendizaje tienen que ver con las dificultades en la casa, con situaciones de violencia, falta de afecto y separación. Cuando la situación se agrava, los chicos incurren en comportamiento agresivo, de ahí la gran proliferación de pandillas y grupos juveniles en situación de conflicto frente a las leyes.

Las recientes olas migratorias hacia Europa han ocasionado graves daños a la unión familiar en Bolivia. Cientos de miles de niños han quedado prácticamente huérfanos, en una situación de precariedad desde el punto de vista afectivo, que termina arrojándolos a las calles, a atravesar problemas de soledad, marginación, mala conducta y mal aprovechamiento escolar. Estamos frente a una generación muy numerosa de niños que no han experimentado el valor de una vida en familia y que por lo tanto, tendrán serios problemas para conducirse en una sociedad que necesita de ciudadanos respetuosos de las normas, creativos y con buena actitud para solucionar problemas puntuales en un marco de solidaridad y cooperación.

Con niños y jóvenes criados sin el apoyo de un marco adecuado de normas y valores, estamos coadyuvando a un círculo vicioso que posterga las posibilidades de construir una sociedad mejor cimentada y proyectada hacia la prosperidad moral y material. En estas condiciones muy poco se puede esperar de un sistema educativo, que suma deficiencias en lugar de hacer aportes.

En las sociedades modernas la familia está primero. Son las instancias de socialización y de reproducción de los valores sociales más importantes. Es fácil comprobar por qué Bolivia encara problemas que parecen imposibles de resolver. Un reciente estudio sobre la situación familiar en el país concluye que el 74 por ciento de los hogares bolivianos son disfuncionales, la gran mayoría destruidos y a veces nocivos para la convivencia de sus miembros, especialmente de los niños y jóvenes.

Tomado de eldia.com.bo

Búscanos en el Facebook