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Los amigos y los enemigos del capital

EDUARDO BOWLES

Bolivia se ha consolidado como uno de los países menos atractivos del continente para las inversiones extranjeras y con las últimas noticias, la situación podría empeorar. Mientras tanto, América Latina se convierte en un espacio privilegiado para los capitales externos, sobre todo de Europa, Estados Unidos y Japón, los principales interesados en el auge continental, que se produce en un contexto de incertidumbre de los mercados globales, especialmente los europeos y norteamericanos.

En la última década, los regímenes políticos populistas del continente se han encargado de satanizar los capitales extranjeros y tal vez ahora que se alcanzan cifras récords, superiores a los 154 mil millones de dólares (datos de la Cepal del 2011), conviene hacer un balance que indique cómo les ha ido a los dos grupos de países, los que atraen y los que repelen a los capitales.

En el primer grupo se encuentran Brasil, México, Chile, Colombia y Perú, que en total han recibido 124 mil millones de dólares en la gestión pasada, es decir, más del 80 por ciento de la inversión extranjera directa, mientras que el 20 por ciento lo han captado Argentina, Venezuela y Uruguay, entre los más significativos de este segundo conjunto de naciones. El grupo del ALBA, más precisamente, sólo ha recibido el 4,3 por ciento de inversión. Cuba y Nicaragua no aparecen en las estadísticas por la insignificancia de los números.

Una simple mirada nos ayuda a comprender que en la primera lista se encuentran precisamente los países que han logrado escalar posiciones en el mapa social del continente con adecuadas políticas de lucha contra la pobreza y la desigualdad. Estas naciones han sabido aprovechar el periodo de auge de los precios de las materias primas, a través de la incorporación de capitales que coadyuvan en la diversificación de la economía, la creación de empleos y el fomento de la competitividad, con tecnología y cualificación del trabajo. Las economías que más captan inversiones son las más productivas, las que más crecen y las que están en mejores condiciones de afrontar situaciones adversas, como una caída en el precio de los productos primarios, que en el caso boliviano han ocasionado mayor dependencia y fragilidad.

Si bien es cierto que muchas de las inversiones se dirigen hacia los sectores de la energía y la producción de materias primas, caso del 57 por ciento de los capitales que llegan a América del Sur (sin Brasil), de a poco se está produciendo un fenómeno inverso en algunos países como Brasil donde el 46 por ciento de las inversiones son destinadas a las manufacturas y el 44 por ciento a los servicios, en tanto que menos de 10 por ciento son dirigidas hacia los recursos naturales. En México, América Central y el Caribe, este proceso ha sido consolidado con más el 53 por ciento en servicios, 40 por ciento en manufacturas y 8 por ciento en recursos naturales.

Pero no todo es negativo para el segundo grupo. Al parecer, los países “enemigos” de la inversión, han comenzado a darse cuenta de su error. Venezuela, por ejemplo, ha aumentado en un 339 por ciento la inversión extranjera, Ecuador en un 107 por ciento y Nicaragua en un 91 por ciento. Bolivia recién empieza a despertar y ya arrojó un incremento del 28 por ciento el 2011.

Tomado de eldia.com.bo

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