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El récord de Sebastián Piñera en Chile

JUAN CARLOS HIDALGO

En una visita a Chile la semana pasada invitado por la Fundación para el Progreso, tuve la oportunidad de conversar con el Diario Financiero sobre el récord del presidente Sebastián Piñera, quien entra a su último año en el Palacio de La Moneda. 
A pesar de un sólido ritmo de crecimiento económico, muy baja inflación y desempleo a un nivel históricamente bajo, el presidente Piñera es altamente impopular. Lamentablemente, como explico en la entrevista, su obsesión por ser querido por la gente lo ha llevado a tomar posiciones y proponer políticas económicas y sociales que no son propias de un gobierno de centro-derecha.

En particular, no me preocupa tanto el impacto macroeconómico de las que sin duda son políticas clientelistas y asistencialistas de Piñera. Sí, el llamado “bono marzo” (la entrega de un bono único por aproximadamente $85 a cada familia de bajos recursos porque marzo es un mes donde “hay muchos gastos”) se comerá un 25% de lo recaudado en el último paquete tributario, el cual supuestamente era necesario para financiar la reforma educativa del gobierno. O el aumento del salario mínimo al equivalente de $423 probablemente tenga un efecto negativo marginal sobre el desempleo juvenil, que no ha disminuido tanto como el desempleo general.

Mi mayor preocupación es el impacto que este clientelismo tendrá en la discusión política chilena en el mediano plazo. El presidente Piñera ha querido robarle el flanco izquierdo a la Concertación en políticas sociales, con el único resultado que la Concertación se ha movido más a la izquierda en estos temas. En lugar de aplaudirle el bono marzo, ha pedido que sea más grande y cubra más familias. En lugar de apoyar el aumento del salario mínimo, ha dicho que debe ser significativamente mayor. Cuando Piñera aumentó (innecesariamente diría yo) de manera temporal los impuestos a las empresas para financiar la reconstrucción del terremoto y tsunami del 2010, la Concertación pidió que el aumento fuera permanente. Cuando Piñera propuso hacerlo permanente, la centro-izquierda pidió tasas impositivas mayores. Es un juego de gato y ratón donde el asistencialismo y el populismo siempre ganan.

Parte del temor que palpé por parte de mis amigos en la centro-derecha chilena sobre el regreso de Michelle Bachelet y su muy probable triunfo en las próximas elecciones presidenciales es que esta será una Bachelet más tirada a la izquierda que la que gobernó en el 2006-2010. Creo que eso es, en parte, responsabilidad de Sebastián Piñera. Me es difícil no hacer paralelos con lo ocurrido en EE.UU. bajo la administración de George W. Bush, quien llegó al poder con un discurso de “compassionate conservatism” que en realidad se tradujo en “big government conservatism”. Bush intentó robarle el flanco izquierdo al Partido Demócrata en temas como la educación y el gasto gubernamental, con el único resultado que movió a los demócratas más a la izquierda. Hoy, el Partido Demócrata de Barack Obama es mucho más populista que el de Bill Clinton.

Esto no quiere decir que todo sea negativo en la adminitración Piñera. En la versión impresa de la entrevista (que no está disponible en la electrónica), destaco tres grandes iniciativas del gobierno que me parecen extraordinarias:
• El impulso a la Alianza el Pacífico: Esta unión comercial y económica entre México, Perú, Colombia y Chile, países que, en mayor o menor medida, han apostado a ser democracias con economías de mercado, en contraposición con la creciente autarquía y autoritarismo de los países del ALBA. La Alianza del Pacífico es el futuro de América Latina, y en buena hora países como Panamá y Costa Rica también están interesados en unirse cuanto antes.
• Abolir todos los aranceles para el 2015: Chile se convertirá en el único país del cual tengo conocimiento en abolir todos los impuestos a sus importaciones. Ya el arancel promedio chileno es bastante bajo, así que el impacto económico será poco. Sin embargo el simbolismo de un país que declara apertura unilateral absoluta al comercio internacional es poderoso y constituye un ejemplo para todo el mundo.
• Implementar la regla de que para abrir un negocio solo se requiera un día de trámites: En América Latina nos hemos hecho expertos en ponernos la soga al cuello en regulaciones y trabas al emprendimiento. En promedio se requiere de 56 días para poder abrir un negocio en la región —el más alto del mundo. Siguiendo el ejemplo de Nueva Zelanda, la administración Piñera ha impulsado legislación para que abrir un negocio tome únicamente un día. Otro ejemplo a seguir en la región.

Finalmente, quiero aclarar un punto de la entrevista que se presta para malentendidos. Cuando afirmo que no hay un debate en la centro-derecha chilena sobre la necesidad de una defensa abierta y sin complejos de los principios de libre mercado, me refiero exclusivamente a nivel político. A nivel intelectual hay un vibrante debate al respecto, que empezó con fuerza en el 2009 con el libro La fatal ignorancia de mi amigo Axel Kaiser, ahora director ejecutivo de la Fundación para el Progreso y que solo en los últimos meses ha visto la publicación de tres libros como El regreso del modelo de Luis Larraín, director ejecutivo de Libertad y Desarrollo, Con la fuerza de la libertad del ex senador de la UDI Jovino Novoa, yGobernar con principios de Pablo Ortuzar y Francisco Javier Urbina.

Sí hay una fuerte crítica desde la centro-derecha chilena a lo que ha sido la debilidad de Sebastián Piñera por el populismo y el aplauso fácil. Mi preocupación es que esa firmeza intelectual parece no verse reflejada en los partidos políticos, especialmente en los dos aspirantes presidenciales de la centro-derecha.

Piñera llegó al poder diciendo que “solo con principios no se ganan elecciones”. Lamentablemente esa máxima también la aplicó a la hora de gobernar. Se han hecho cosas muy buenas. Pero la adopción de políticas populistas y la claudicación del relato político a la izquierda podrían tener consecuencias negativas que no se medirán en cifras macroeconómicas, sino en cómo podrían haber movido el péndulo de la discusión política lejos de las ideas liberales que han hecho de Chile el país más desarrollado de América Latina.

Tomado de elcato.org