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Libertad y Democracia

EDUARDO BOWLES

Mayo es el mes destinado a reflexionar sobre la libertad de expresión, la comunicación, el periodismo y los medios de prensa. La Unesco ha instituido una jornada especial para destacar la importancia de este derecho fundamental de la humanidad; el viernes 10 se ha recordado el Día del Periodista en Bolivia y hoy domingo, la Iglesia Católica consagra la fecha a reflexionar sobre la importancia de la Comunicación Social, un espacio fundamental en la vida de las sociedades, los Estados y los seres humanos.

Es erróneo pensar que la libertad de expresión compromete solamente a los periodistas y a los propietarios de los medios informativos. Estos son simples actores muy proactivos del acto comunicacional, pero ni siquiera son los principales beneficiarios, pues la meta intrínseca de la comunicación es construir la democracia, reforzar el tejido social y apuntalar la construcción del Estado. Todo lo que se haga en contra de la libertad informativa, la prensa y la circulación de noticias va en contra de la democracia y posterga las posibilidades de desarrollo integral de una comunidad.

No es exagerado decir que la comunicación es la esencia misma de la democracia y sin ella no sería posible ni siquiera imaginar aquella utopía llamada “soberanía del pueblo” que muchos políticos tratan de secuestrar precisamente cortando los canales informativos, mediante los cuales la población puede conocer qué hacen los gobernantes con el mandato que les han otorgado.

Democracia es pluralismo y este no puede existir cuando sólo un actor, en este caso el Estado boliviano, pretende eliminar las voces disidentes o independientes para constituirse en el único capaz de emitir mensajes, los mismos que ejercen una función propagandística del régimen. Cuando hay sectores que no encuentran cómo expresarse, cuando no hay canales para hacerlo o cuando expresamente se inventan maneras de coartar el ejercicio libre de la comunicación, la democracia desaparece inmediatamente.

La democracia también exige que los gobernantes rindan cuentas de sus actos a la sociedad que los ha elegido. La legitimidad política no libra a ningún régimen de esta obligación y en todo caso, el no cumplimiento de este requisito básico, convierte a cualquier gobierno en dictadura. Y son precisamente los medios de comunicación, la pluralidad de voces, la coexistencia libre de actores que observan, informan y fiscalizan las que permiten que las noticias de interés público puedan fluir en todos los sentidos, permitiendo que la gente esté al tanto de las acciones de las autoridades.

El mandato de la mayoría tampoco es excusa para quitarle la posibilidad de expresión a las minorías. Los regímenes totalitarios prohíben la libertad de expresión porque se encaraman en una supuesta supremacía sectorial ya sea del proletariado o de una casta que es considerada representante de la esencia popular o de los intereses más profundos del Estado. Conocemos muy bien lo que ha ocurrido en el pasado con los estados comunistas y fascistas y lo que han hecho con las minorías, a las que empezaron negando, descalificando y quitándoles el derecho a expresarse y a las que finalmente trataron de exterminar.

Para concluir, hay que decir que la libertad de expresión es progreso y desarrollo, pues así como permite que circulen las ideas, también promueve el desarrollo de innovaciones, estimula el debate público y activa la generación de propuestas creativas y revolucionarias. La negación de la comunicación es oscurantismo.

Tomado de eldia.com.bo 

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