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COB: clase en sí, clase para sí

IVÁN ARIAS 

Después de seis años de estar aferrada al poder político del partido de turno, la Central Obrera Boliviana (COB) busca recuperar su protagonismo, pero lo hace como cualquier sindicato corporativista que ha extraviado el cualitativo avance de pasar de clase en sí, hacia clase para sí. Según Marx, lo que determina que una clase sea en sí o para sí es la conciencia del individuo. La clase en sí son los aborregados, los ignorantes, los esclavos, los que aceptan su condición de obreros y se someten al poder de la clase dominante y del partido de turno en el poder, sin darse cuenta que con ello perpetuan sus condiciones de explotación a favor de la clase dominante y del capital, reclamándole sólo mejores condiciones salariales y laborales.

En cambio, la clase es “para sí” porque toma posición de su clase, toma su condición de clase y se plantea tareas más allá de sus reivindicaciones gremiales y es capaz no sólo de unir a los obreros, sino a otros sectores de la sociedad en búsqueda de lograr una mejor sociedad que amplíe la apropiación y distribución, no sólo de la plusvalía, sino del poder político. De esa manera, de mirar y aceptar su condición (clase en sí) a saltar a asumir los retos nacionales de un nuevo paradigma societal (clase para sí), es el paso al que la COB renunció hace mucho tiempo. La entrega ciega al MAS, durante seis años, le hizo perder la independencia y norte que la llevó a convertirse en un simple apéndice sindical de la Coordinadora Nacional del Cambio (Conalcam) y del poder gubernamental que, con un discurso etnicista y de nacionalismo retrogrado, se encargó, en la práctica, de reproducir las viejas formas de hacer política y de engrosar, remozar y reproducir a la clase dominante.

Al haber renunciado a ser clase para sí, la COB pasó a convertirse en el mayor promotor y guardián de los intereses de grupos que practican el capitalismo salvaje: extractivo y lindante en lo delincuencial. Con la agitación de consignas obtusas y cortoplacistas, la dirigencia cobista, corrompida con las dádivas del poder de turno, ha abierto las puertas para que la nueva clase de cocaleros y cooperativistas mineros sean promovidos a grupo social dominante.

Como bien señala Iván Zabaleta, “es fácil imaginarse que los colonizadores de nuevo cuño, que son los cocaleros, se constituyen en una clase pequeño burguesa, con tendencias a tornarse en clase dominante, no sólo por su número, sino porque el negocio de la coca es altamente rentable (') porque el plus que tiene al desviarse una importante cantidad a la producción de la cocaína, tiene el potencial de senderizar o colombianizar a la sociedad boliviana. Las posibilidades de penetración del narcotráfico son evidentes; así, la ciudad de Cochabamba sería la ciudad Juárez de Bolivia. Las pugnas de poder entre las avanzadas del comando Vermelho o los “paraguayos” son el indicio más fuerte que tienen los grupos nativos para impulsar el negocio del narcotráfico en Bolivia”

Durante este septenio quimérico, con la venia cobista, cocaleros y cooperativistas son los que más han multiplicado su riqueza y logrado, con éxito, eso del “vivir bien”. Es por ello que los actores de este capitalismo salvaje están dispuestos a prestar combate cuerpo a cuerpo, como lo hacen los infantes de marina para defender al Gobierno en nombre del desarrollo y la cultura.

En este marco, las actuales movilizaciones cobistas basadas en reivindicaciones de gremio son incapaces de ponerse a la cabeza de demandas más allá de lo salarial. Al no ser clase para sí, no entienden que en la sociedad boliviana otros elementos subterráneos están moviendo la protesta de sectores populares y de clase media. Y es que para la dirigencia cobista, al igual que para el régimen, la democracia es instrumental para preservar privilegios de élite y no una apuesta de vida en búsqueda de la libertad y la igualdad. A la COB sólo le importa lo salarial, aunque esas reivindicaciones solamente favorezcan a una élite dirigencial que termine, como es previsible, negociando por separado sus propias conquistas. Las protestas serán, una vez más, instrumentalizadas por el Gobierno porque los dirigentes sólo buscan la defensa y ampliación de sus propios intereses y no los de la patria. Sin embargo, como ocurre con todo el que se mete con el MAS, la COB tendrá que resistir las pretensiones oficialistas de refundar o crear otra COB a base de petroleros y sectores afines.

Iván Arias es ciudadano de la República de Bolivia.

Tomado de paginasiete.bo

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