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Paraguay: los tomates y el consumidor

VÍCTOR PAVÓN 

La prohibición temporal impuesta por el gobierno para el ingreso de tomates al país ya surtió su primer efecto, pero para perjudicar a los consumidores. Los precios de los tomates nacionales subieron de precio en el orden del 66 por ciento, de acuerdo a informes del Ministerio de Agricultura. La caja de 18 kilos que antes se comercializaba a 60 mil guaraníes, ahora se vende en el abasto a 100 mil guaraníes.

Esto era predecible. El alza de los precios no se debe a la codicia de los tomateros que con alguna mala intención ahora se aprovechan de la ocasión que les da la prohibición. De ninguna manera, el aumento del precio es consustancial a la alta demanda por comprar tomates y que no se encuentra en plaza, puesto que la propia producción nacional no abastece el mercado local.

Esto que parecería ser una lección de economía elemental, no lo es tanto para el gobierno que no la comprende. Los mecanismos de la oferta y la demanda no son artificiales ni son establecidos en base a la “orden superior”. Es una forma de cooperación social por el cual el mercado, esto es las personas que actúan, son los que fijan el valor de las cosas.

El comprador procura en todo momento obtener lo que desea por el precio más bajo posible, y el vendedor trata de que el precio sea el más alto también posible; pero ambas partes para lograr sus propósitos de comprar y vender deberán llegar a un acuerdo libre y voluntario, caso contrario no habrá transacción. De este modo, sin necesidad de ninguna oficina burocrática o funcionario que dirija aquel proceso, los miles de productos —como los tomates— se producen, transportan, comercializan y se consumen.

Pero sin el gobierno ingresa a este proceso, provoca lo mismo que el zorro en el corral de las gallinas. De esta manera, el gobierno en su afán de procurar mejorar las condiciones de nuestros productores, en realidad está provocando un daño enorme a los bolsillos de la gente, los consumidores —entre los que se encuentran los mismos productores— quienes de esta manera no solo se ven obligados a comprar tomates más caros sino también de inferior calidad.

La intervención estatal en la producción y comercialización de bienes y servicios trae consigo una serie de efectos dañinos. La misma puede darse de varias maneras; mediante impuestos, privilegiando internamente a los productores con subsidios o directamente aplicando una prohibición de ingreso de mercaderías al país.

Por supuesto que deseamos que nuestros productores progresen en sus actividades del campo, consiguiendo mejores ingresos para sus familias, lo que a su vez impacta sobre la mano de obra de muchos compatriotas que encuentran, de esta manera, un puesto de trabajo de los muchos que se necesitan en el país. Nadie en su sano juicio desearía que la propia agricultura de su país se perjudique.

Pero la cuestión no está en perjudicar o beneficiar a los productores de tomates mediante prohibiciones u otros tipos de intervenciones estatales.

La cuestión pasa más bien por encontrar el mejor modo de beneficiar a la mayor cantidad de personas que consumen tomates. Por lo demás, la prohibición de importar tomates no tiene asidero alguno, dado que ni siquiera el gobierno puede controlar su propio régimen aduanero denominado de "pacotilla" y establecido por decreto, por el cual toda persona que realice compras para su uso personal por valor de 150 dólares mensuales no paga impuesto alguno. Hasta ahora no hay registro de personas y mercaderías, permitiendo que esa misma persona pase la frontera cuantas veces desee en un mes.

Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

Tomado de elcato.org

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