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¿Estatismo vs. Liberalismo?

esclavoARMANDO MÉNDEZ 

Con el título “Estatismo y Liberalismo. Experiencias en desarrollo”, la Fundación Milenio ha realizado un conjunto de investigaciones, los mismos que han sido comentados por otros investigadores, sobre el acontecer económico del país.

Todos buenos, unos más de tipo histórico, otros más de carácter estadístico y otros más sofisticados, que utilizan modelos econométricos. El propósito principal del texto fue contrastar dos periodos de gobierno que se caracterizan por impulsar reformas, pero con diferente enfoque y en contextos económicos internacionales diferentes. El primero, referido al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, en un contexto internacional desfavorable, y el segundo el actual gobierno del Presidente Evo Morales en uno favorable. El primero, como diría José Luis Evia, participe con una investigación en este libro, enfocado hacia un modelo económico de “más mercado” y el actual “más estatista”. Sin embargo, los textos expuestos analizan a la economía en un periodo más largo y a partir del año 1990.

La lectura de todos estos trabajos de investigación confirman lo que vengo pensado desde hace rato. En Bolivia no hubo modelo económico liberal, dominantemente se ha caracterizado por otorgarle un papel protagónico al estado sobre la economía, vale decir al quehacer de la política. Y esto es así, porque el desarrollo económico de los pueblos, por lo general no da saltos, responde a un proceso evolutivo y a las creencias dominantes de cada tiempo. Lo que hubo en ciertos momentos fueron atisbos de liberalismo que pronto pasaron porque se imponía la realidad del país, todavía dominado por la mentalidad mercantilista, que caracterizó a Europa en los siglos XVI y XVII. Otra explicación para que esto sea así es que América Latina y el mundo en general impulsaron activamente la presencia del estado en el quehacer económico durante todo el siglo XX, “el siglo del socialismo”. El duro como se dio en la ex URSS y el suave en Europa. En América Latina, se impuso el pensamiento económico de la CEPAL, que inspiró la fuerte intervención de la política sobre la economía bajo el denominativo de economía mixta y la sustitución de importaciones.

Es para destacar lo que Gustavo Prada, otro de los participes en este libro, comenta sobre lo acaecido en nuestro país para su primer siglo y medio de vida: “La adopción de políticas proteccionistas se inició en 1829”. La producción de plata en esos tiempos tenía por objeto proveer de dinero al Estado para financiar su gasto, que junto a la contribución indígena eran las principales fuentes de ingresos para el naciente estado. Había bancos estatales que rescataban la plata de seguramente abundantes pequeños productores. Se les cobraba un tributo del 18 al 33 por ciento.

El único atisbo liberal, en la segunda mitad del siglo XIX fue la “suspensión de acuñar moneda feble” (moneda adulterada) y la abolición de la entrega obligatoria al estado de las pastas y minerales de plata, lo que generó las condiciones para el auge privado de la minería argentífera, primero, y luego del estaño.

En las tres primeras décadas del siglo XX vino el auge minero como actividad privada, la cual tuvo que enfrentar las consecuencias de la grave crisis internacional de 1929. Esta fue demoledora para Bolivia- como para todo el mundo- Significó la caída del precio del producto más importante de exportación de las primeras décadas del siglo XX, el estaño, cuyo precio cayó de 227 ₤/TM en 1928 a ₤/TM 118 en 1931, una caída de casi el 50 por ciento. Un shock externo que llevó a la economía boliviana por el camino del intervencionismo estatal. En precisión, aquí comienza el estatismo en Bolivia. Se determina la entrega obligatoria de divisas al estado. Se fundan empresas estatales: YPFB en 1936, Banco Agrícola en 1942 y la Corporación Boliviana de Fomento en 1943.

¿Qué hace la revolución de 1952 del MNR? Radicaliza el estatismo naciente: Nacionalización de minas y expropiación de la tierra de los nacientes hacendados, de la incipiente agropecuaria feudal, con lo que destruye la agricultura. El nacionalismo económico duró hasta 1985. La mayor expresión del intervencionismo estatal se da con el primer gobierno de Hugo Banzer en la década del 70 del siglo pasado. El colapso del nacionalismo económico también tiene su origen en un shock externo que enfrenta la economía latinoamericana y boliviana, a principios de los años 80, la “crisis de la deuda”

En su investigación, Rolando Morales, otro participante en el libro, concluye que la característica de Bolivia es el crónico bajo crecimiento económico “independiente del régimen político y económico”. A esto yo le añado, que el crecimiento del producto per. capita anual está en el orden del 0,6 por ciento desde 1950 a la fecha. Inglaterra, entre 1800-1850, en el llamado periodo de inicio de la revolución industrial, creció al 1,3 por ciento también anual.

Morales señala varios factores estructurales para explicar el bajo crecimiento, entre ellos la “no permanencia de marcos jurídicos”. En mi opinión sería más preciso decir que el problema fundamental que explica el bajo crecimiento es la crónica ausencia de seguridad, de ausencia de respeto por la propiedad privada. Ya desde antes de 1952, se da la permanente amenaza con la cual se ha vivido, la “revolución socialista”, la eliminación del capitalismo en Bolivia, lo cual implica eliminación de la propiedad privada. ¿En este contexto cómo se puede esperar que exista inversión privada? ¿Cómo se podría esperar que la gran acumulación de capital que hizo Patiño se volcase a invertir en otros sectores de la economía boliviana, en lugar de expatriarlos? Me ha llamado la atención, que Walter Reynaga, quién no es participante en este libro, luego de una investigación hubiese llegado a la conclusión, de que Patiño quiso construir un ferrocarril en Bolivia, a lo cual se opusieron los políticos “liberales” de su tiempo, porque consideraban que eso le hubiese dado más poder económico al que ya tenía. No se percataron que probablemente él hubiese unido Cochabamba con Santa Cruz y desde ese momento se hubiese integrado el oriente boliviano con el occidente. Es bueno recordar que él éxito de la economía norteamericana, en el siglo XIX, se basó en la construcción privada masiva de ferrocarriles, que unieron ese gran continente. Pero luego vino otro gran empresario que desarrolló la explotación, refinación y el transporte de petróleo, John Rockefeller, quién al final se encargó de llevar a la quiebra a los dueños de los ferrocarriles porque dejó de usar ese medio de transporte para transportar el petróleo, porque él invento hacerlo mediante oleoductos.

Siempre en Bolivia estuvo en riesgo la propiedad privada empresarial. Jamás se pudo estructurar un verdadero Estado de Derecho donde reine la justicia y por tanto exista seguridad ciudadana y orden público. ¿Alguien confía en la justicia boliviana? ¿En la policía boliviana? El ex -Presidente Rodríguez Veltze, con propiedad dijo: “en Bolivia siempre estuvo olvidada la “Agenda de la Justicia”

El bajo desarrollo de la economía boliviana se debe a algo elemental. No hubo acumulación de capital. ¿Y cómo podría haber inversión privada en un país que durante su historia ha dado continuamente señales contrarias a la actividad empresarial? Pertenezco a una generación de mentalidad dominantemente estatista. Siempre he escuchado que hay que hacer la revolución. Es cierto que esto cambió en el periodo 1985 al 2005, pero hoy se comprueba que fue un hecho coyuntural y no estructural. Cuando una periodista la preguntó al Presidente Víctor Paz Estensoro qué tiempo duraría la “coyuntura” del D.S. 21060, este gran personaje no respondió señalando que la nueva política económica era un cambio estructural, es decir, el cambio de paradigma, de una economía estatizada a una economía de mercado; lo que respondió es que “la coyuntura duraría unos veinte años”. Extraordinaria esta predicción, que se cumplió.

En mi opinión lo destacable del gobierno de Paz Estensoro de 1985- 1989 es el ya famoso D.S. 21060, mediante el cual se elimina la hiperinflación, se elimina el control de precios y el control del comercio exterior, con lo que se restaura el crecimiento económico, luego de vivir la más grave y larga depresión económica que vivió Bolivia. (Siete años)

La diferencia que se tuvo a partir del D.S. 21060 en adelante fue que los gobiernos apuntalaron un modelo económico de “más mercado”, como el modelo del Presidente Morales tiene un enfoque “más estatista”.

Hay que preguntarse: ¿Víctor Paz Estensoro en su último gobierno fue liberal? No, como todo nacionalista de su tiempo creía que la sociedad del futuro era el socialismo. Walter Guevara Arce, gran intelectual marxista del MNR, que tenía plena conciencia del bajo desarrollo económico de Bolivia planteaba que había que primero desarrollar el capitalismo para luego construir el socialismo. Paz Estensoro hizo un gobierno inteligente y pragmático para sacarnos del agujero tremendo al cual nos había arrastrado otro gobierno previo, revolucionario y estatista, dirigido por Hernán Siles Zuazo en su segundo periodo gubernamental, también del MNR. Las medidas que tomó – Paz Estensoro- tuvieron un gran sentido pragmático. Para nada el D.S. 21060 buscaba privatizar las empresas públicas.

El colapso de la COMIBOL, y el gran despido de gente que se dio en esa gran empresa estatal, siempre mal administrada, fue consecuencia del colapso del precio del estaño que el mundo vivió a fines del año 1985, con lo que los términos de intercambio de Bolivia, cayeron el año siguiente en una dimensión no vista desde que se dispone de esta información. Lo destacable, del gobierno de Paz Estensoro es que en este contexto tan adverso logró imponer la estabilización macroeconómica.

¿Jaime Paz Zamora fue liberal?, ¿Hugo Banzer fue Liberal? Claro que no. ¿Gony fue liberal? Es cierto que Sánchez de Lozada dejó una imagen de ser el más liberal de todos los gobiernos que comenzaron en 1985. ¿Pero Sánchez de Lozada fue liberal? Carlos Toranzo lo definió como “Jano”, el hombre de las dos caras, una “gamonal” y la otra “liberal”.

En mi opinión todos ellos, en lo hechos, abrigaron la ideología social demócrata, todos ellos viendo como un problema fundamental “la desigual distribución del ingreso”. Todos ellos de acuerdo con la activa participación del estado, no en la esfera propiamente empresarial, como lo es hoy en el gobierno del Presidente Morales, sino en la esfera de lo social. Pero también entre ellos se pensaba que el estado debía impulsar y promover al empresario privado, “regular” para crear incentivos a los empresarios. Todos ellos convencidos que el rol del estado es fundamental para alcanzar el desarrollo económico. Jamás les ingresó en la mente el gran principio de la economía social de mercado, que introdujo el concepto de Estado subsidiario, y con gran éxito en Alemania, lo que le permitió en poco tiempo a ese país, completamente devastado por la segunda guerra mundial, recuperarse como una gran potencia económica.

Es cierto que el gobierno de Sánchez de Lozada se destacó por introducir grandes transformaciones a la economía nacional, de las cuales vale la pena señalar cuatro: la privatización de las grandes empresas estatales, denominada capitalización; la reforma del sistema de jubilación, la denominada participación popular (tenía que denominarse popular) que es la entrega de recursos públicos a todos los municipios y la creación de un subsidio estatal para los de la tercera edad, con el nombre de “bonosol” y que hoy se denomina “renta dignidad”.

Me llama la atención que en el libro “Estatismo y Liberalismo” no se haga un análisis crítico de estas medidas, ante todo de la denominada “capitalización”. Cómo es posible que con tanta rapidez el gobierno del Presidente Morales, revirtiese ese proceso, como cuando las nubes las bate el viento, que sin duda alguna, como toda transformación, le costó recursos escasos al pueblo de Bolivia. Tiene que haber sido muy mal hecha.

¿Por qué quebró LAB ya capitalizado? ¿Por qué el gobierno del Presidente Morales pagó sólo 100 millones de dólares para la recuperación de ENTEL cuando se supone que los “capitalizadores extranjeros” ofrecieron más de 600. Lo que se olvida es que la famosa capitalización fueron “promesas de inversión”. Al momento de adjudicarse los “capitalizadotes” lo que entregaban era una garantía bancaria de que harían la inversión ofrecida en la forma de capital. ¿Qué sucedió? En mi opinión, lo que hicieron cuando requerían invertir fue hacerlo con deuda. Es decir, hacían la inversión que se contabiliza como activo, pero su contraparte no fue aumento de capital sino aumento de pasivos, de deuda. Además desde un principio los “capitalizadores” tuvieron la dirección y administración de la empresa y dispusieron de las utilidades.

Todas las empresas “nacionalizadas” por el gobierno de Morales le han transferido los pasivos al Estado.

Lo dicho explica la rapidez con la que el gobierno del Presidente Morales retomó el capitalismo de estado en Bolivia, donde otra vez las principales empresas son de propiedad del Estado y no de privados. Y las transnacionales del petróleo, que siguen explotando y transportando el gas, están tuteladas por la empresa estatal YPFB.

La mejor reforma que hizo Gony es la modernización del sistema de pensiones, que el gobierno del Presidente Morales no se ha atrevido a modificarla, en lo esencial. Se espera que su administración pase a ser estatal, pero el sistema de capitalización individual se mantiene. Esto que es algo que mundialmente se ha de imponer por su racionalidad, sin embargo, adolece de algunos problemas en el país. Parece que quienes hoy se están jubilando con recursos provenientes del nuevo sistema y del antiguo están recibiendo bajas jubilaciones. Y esto está generando un gran rechazo social, porque antes la gente se jubilaba con el cien por ciento de sus últimos salarios.

Para muchos la denominada participación popular es una gran reforma, cuando puede ser un despilfarro de los escasos recursos públicos. Hay pequeños municipios que no tienen futuro, porque la ley demográfica inevitable es que el campo se vacía y las ciudades crecen. Con la ley de participación popular se fomenta la vida de pueblos fantasmas, cuando simultáneamente, por ejemplo, se está llenando de inmigrantes la ciudad de El Alto en La Paz, ciudad que requiere grandes cantidades de recursos públicos para atender la creciente necesidad de infraestructura urbana, tarea que sólo es de competencia gubernamental. Y no hay los recursos.

Finalmente, no estuve de acuerdo con la creación del bonosol. Esta es una típica medida de los llamados “Estados del bienestar” que han podido hacerlo luego de que pasaron a constituir el primer mundo. Pero un país como Bolivia, donde la pobreza es dominante y generalizada, los ancianos, en su vejez, son mantenidos por los hijos. Es decir, ¿cómo será su vida en el futuro? depende de cómo le vayan a los hijos.

Sin duda alguna esta renta que hoy se llama renta dignidad goza de una gran popularidad. ¿Quién no va a querer que el gobierno le regale dinero? Todos. Este subsidio vino para quedarse, ningún gobierno en el futuro lo eliminará a no ser que se caiga en la desgracia económica en la cual hoy, por ejemplo, se encuentra Grecia. Hoy día para una pareja pobre de la tercera edad que recibe Bs. 500 por mes es muy importante para su manutención. Esto ya es una “conquista social”.

Pero los fundamentales problemas sociales en sociedades atrasadas, como Bolivia, son la educación y la justicia. Educación práctica para ser útiles y productivos en la vida, lo cual implica revolucionar toda la educación boliviana, comenzando por la educación primaria, seguir con la secundaria y terminar con la universitaria. Y esto si que requiere de inmensos recursos. No me gusta usar la palabra “revolución” porque está muy desprestigiada. En su nombre se hacen barbaridades. La utilizo en el sentido de la llamada “revolución industrial”. Lo propio con la justicia. No sólo se requieren eficientes jueces sino que estos sean bien remunerados.

En lugar de la renta dignidad, en una mentalidad social demócrata, los recursos destinados a la tercera edad podían utilizarse en la revolución de la educación en Bolivia. Pero está opción ya no existe. Los inmensos recursos que requerirá la “revolución del conocimiento” la economía del conocimiento en Bolivia tendrán que buscar otras fuentes de financiamiento. Lo mismo sucederá con el gran problema no resuelto en Bolivia, que es la ausencia de justicia.

Hace pocos días un matutino paceño titulaba en su primera página: “Bolivia es el único país donde los niños conviven con sus padres en las cárceles”. Es un hecho normal el hacinamiento de gente en los penales. La cárcel de La Paz fue construida para albergar 300 presos, pero hospeda a 1,800. En todo el país, hasta hace no mucho, habría 12,500 reos, hoy está en el orden de los 14,700, de los cuales el ¡85 por ciento están con detención preventiva! No como consecuencia de un delito comprobado. Los recursos destinados a los penales son insuficientes para la alimentación de los presos. La mendicidad en las ciudades aumenta. ¿Por qué el estado no atiende estos deberes de ineludible cumplimiento? Porque no dan votos.

La grandeza de Konrad Adenauer, a la cabeza del gobierno alemán, en la etapa de la reconstrucción fue darse cuenta, en un mundo dominantemente socialista y estatista, que no había otro sistema económico que no sea la economía de mercado, a la que la denominó “economía social de mercado” (ESM). Mucha gente le da gran importancia al adjetivo social, cuando en mi opinión esto fue más algo obligado por las circunstancias de la época. ¿Cómo atreverse a reivindicar al libre mercado en un mundo donde, por la misma guerra y como consecuencia de la gran depresión de los años 30 se había impuesto ya un socialismo light en el mundo occidental, junto al socialismo duro en la ex URSS? ¿Cómo hacerlo en una época en que el tema de la justicia social había adquirido gran demanda social? Además, como consecuencia de la guerra lo dominante en Alemania era el desempleo y la pobreza. Había que dar atención a estos problemas sin duda sociales. Pero la esencia de la economía social de mercado está en asegurar un orden competitivo en los mercados. Sus teóricos decían que la mejor política social es asegurar el orden competitivo en los mercados. En rigurosidad los alemanes fueron los primeros “neoliberales”, palabra tan denostada en nuestro medio. Ellos se denominaban “ordoliberales”, lo cual quiere decir orden competitivo libre.

Y ¿por qué tuvo éxito Alemania en imponer un orden económico de manera exitosa? Mientras Hitler gobernaba desde los años 30, del siglo pasado, un grupo de pensadores y estudiosos se formaban en la Escuela de Friburgo, lugar donde lentamente entendieron lo que es una economía de mercado y pergeñaron lo que más tarde se denominó ESM. Este grupo de gente es la que acompaño al gobierno de Adenauer en la reconstrucción. Un equipo de gente que racionalmente pensaba igual, con una misma visión de la forma cómo debe operar la economía.

Algo parecido sucedió en Chile. En absoluto estoy de acuerdo con la dictadura sangrienta del gobierno de Pinochet. Al contrario mi rechazo es total. Este militar, como cualquier militar era estatista. Pero ¿Cómo se explica que este presidente haga un cambio estructural en Chile, llevando desde el estatismo económico, “sustitución de importaciones”, hacia una economía de mercado? El secreto, otra vez, está en la gente. En gente preparada. Desde mediados del año 1955 graduados de la Universidad Católica de Chile y luego de la estatal, se dirigían a realizar estudios de postgrado en economía a la meca del capitalismo: “Escuela de Chicago”. Esta fue la gente que sustituyó a los cepalinos estatistas que habían manejado la política económica chilena hasta esa entonces. Los “Chicago Boys” hicieron el cambio estructural para el bien de Chile. Los gobiernos democráticos que reemplazaron a la dictadura de Pinochet tuvieron el acierto de no modificar lo esencial del modelo económico chileno. Cómo social demócratas que son, si le dieron importancia al gasto social. Hoy entre 185 países estudiados Chile ocupa el séptimo lugar en libertad económica, codeándose con países como Hong Kong, Suiza y superando a EE.UU. Bolivia ocupa el puesto 156 superada por China (136). Con la nueva ley de bancos, sin duda, seguirá bajando su calificación en cuanto a libertad económica.

El retorno al estatismo y el intervencionismo con el gobierno del Presidente Evo Morales vino para quedarse mucho tiempo. Tiene el aval de una constitución que ha sido aprobada por oficialistas y opositores y es la única constitución en Bolivia aprobada por referéndum, con el 61 por ciento de votos. Ningún gobierno que le suceda a Evo Morales se animará siquiera de hablar de volver a privatizar empresas.

El cambio verdadero, como siempre, vendrá de afuera. Así como los pésimos momentos económicos en la vida nacional se generaron como consecuencia de “shoks externos” alimentados por pésimos gobiernos cómo por el tristemente célebre último gobierno de Hernán Siles Zuazo, los cambios de pensar de las elites bolivianas repetirán lo que suceda en las economías avanzadas.

El siglo XX fue el siglo del socialismo y estatismo en el mundo. Por esto no debe extrañarnos que en Bolivia hubiese también dominado este pensamiento ideológico. Socialismo que en unos países, como la ex-URSS, fue en parte un retorno al mercantilismo del siglo XVI y la creación de un despiadado y totalitario Capitalismo de Estado. Esto se cayó en 1989 “por sus propias profundas contradicciones”. Hoy se está cayendo el socialismo light en Europa, donde sus elites intelectuales se encuentran azoradas y completamente desconcertadas. Pocos se dan cuenta que el “Estado del Bienestar” es consecuencia de la alianza entre capitalistas, que ya no quieren incurrir en riesgos, esencia del éxito del capitalismo en el mundo, con los políticos populistas de “izquierda y de derecha” que han gobernado Europa desde la Segunda Guerra Mundial hasta ahora. Los políticos les pidieron a los capitalistas que les traspasen sus ahorros a cambio de una tasa de interés segura, sin riesgos. Los políticos, con estos recursos crearon el ilusorio paraíso socialista: “Seguridad desde la cuna hasta la tumba”. De esta manera llegaron a un gasto gubernamental que en promedio está en el orden del 50 por ciento del PIB y una descomunal deuda pública, que es impagable.

Europa es una región en el mundo que ya hace rato languidece, muy regulada y con altos impuestos. Tiene que darse cuenta que China e India están haciendo lo que hay que hacer para llegar al desarrollo. Producir para el mundo a precios bajos. Europa produce a precios altos. No es competitiva.

No le queda otro camino a Europa que transitar de su “Estado del Bienestar” hacia una economía libre de mercado y a nivel mundial. No más tratados de libre comercio. Lo que se requiere es libre comercio, a secas. Los europeos tienen que despertar de sus sueños socialistas y volver a la premisa que les hizo grande, junto a EEUU, que el bienestar de los pueblos es consecuencia del reconocimiento que dan los mercados libres al éxito productivo y a la creación de riqueza real. La desigual distribución del ingreso, que tanto inquieta a los socialistas es una irremediable verdad que viene con el desarrollo económico de los pueblos. No se puede impedir desde el mundo de la política.

Permítanme concluir esta exposición con algo que dijo la famosa filósofa de origen rusa, estadounidense por adopción, Ayn Rand, en 1950: “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes, sino con favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias y no por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada."

*Exposición realizada el día 28 de junio de 2013, con motivo de la presentación de la Fundación Milenio del libro titulado: “Estatismo y liberalismo: Experiencias de Desarrollo”, efectuada en la ciudad de Cochabamba. El autor es Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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