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Izquierdas y derechas en el siglo XXI

IVÁN ARIAS


En 1788, Francia tenía una enorme deuda nacional y demasiados privilegiados, que de manera injusta pagaban pocos impuestos. Esto causó tal convulsión que el rey Luis XVI convocó a una asamblea de un cuerpo de representantes nacionales, que no se había reunido desde 1614.

Cuando la asamblea se reunió en Versalles, en mayo de 1789, la nobleza y el clero se sentaban a la derecha del rey y los comunes a su izquierda. En la Asamblea dos partidos se disputaron el poder. Por un lado los girondinos, un partido moderado que propugnaba un derecho al sufragio no universal, del que excluían a las clases no propietarias y que defendía la alianza con la nobleza para establecer en Francia una monarquía parlamentaria.

Por contra, los jacobinos defendían un sufragio universal que extendían a todos los miembros de la población y la instauración de una república. Estos últimos tenían el apoyo de las clases más populares, mientras que los girondinos eran apoyados por los burgueses, propietarios y algunas capas de la nobleza. En las deliberaciones de la asamblea los girondinos se sentaban a la derecha y los jacobinos a la izquierda, de aquí la división, que aún hoy perdura, de ideologías de izquierdas y de derechas.

Ahora bien, en pleno segundo milenio, siglo de la globalización, ¿es pertinente hablar de derechas e izquierdas? Nueva Sociedad (2008, No.217) publicó una entrevista a Fernando Henrique Cardoso: "Las líneas de separación entre izquierda y derecha son otras, pero existen”. Resumo algunas de las ideas expresadas por el que, antes de ser Presidente de Brasil, era uno de los sociólogos más importantes de la región, famoso por Dependencia y desarrollo en América Latina (1968), libro escrito junto con el chileno Enzo Faletto.
Canciller, ministro de Hacienda y finalmente presidente, Cardoso fue el responsable del ajuste neoliberal en Brasil (para algunos) o el hombre que condujo el mayor proceso de modernización del país desde la posguerra (para otros).

"Hoy yo creo que la izquierda ha perdido su capacidad de ser la vanguardia del pensamiento. Quedó desconectada por lo que pasó en el mundo en los últimos años”. Sobre el rol del Estado: "Yo no creo que las fuerzas del mercado deban prevalecer totalmente. A los países les conviene que el Estado mantenga cierta presencia, que fortalezca su lugar como agente de regulación, incluso que desarrolle una acción productiva para garantizar la competencia. Lo malo no es ni el Estado ni el mercado, sino el monopolio. Normalmente, la visión estatizante, a la que se inclina un sector de la izquierda latinoamericana, es monopolista. Yo no me opongo a la intervención estatal, incluso en la producción, con la condición de que no sea a través de un monopolio. El Estado puede y debe actuar como contrapeso, justamente para evitar el monopolio privado. No hay economía moderna sin un Estado robusto, lo cual no quiere decir grande, sino eficaz”.
En una reciente conferencia dijo que América Latina adoptó la maquinaria pero no el alma de la democracia, ¿qué significa exactamente?

"Vivimos todavía en sociedades de privilegios, en las que la ley no tiene el mismo valor para todos. De ahí deriva el sentimiento de impunidad y la corrupción. Se ven aspectos de modernización, desde luego, pero también movimientos de retroceso. La ley, en América Latina, no es igual para todos, persisten los privilegios. Y para que una democracia funcione plenamente debe haber igualdad ante, por lo menos, la ley. Si no hay igualdad ante la ley, menos todavía habrá igualdad frente al mercado. Pero esa idea de que la ley vale para todos es algo que nos falta (…)”.

La izquierda siempre tuvo problemas para pelear por una sociedad en la que la ley prevalezca para todos, por esta consideración de la ley como sinónimo de explotación de clases. Siempre percibió la ley con la nariz tapada, con la idea de que la ley es monopolio de los poderosos, un instrumento de la burguesía. Pero la ley, si es igual para todos, es una garantía para el pueblo: una garantía frente a los poderosos y, lo que es igual de importante, frente al Estado.

"La izquierda hoy cree en las elecciones. Pero a veces eso lleva a otra confusión: que la elección legitima todo. Y no es así: la elección es una parte muy importante de la vida en democracia, pero no suficiente. No alcanza con tener la mayoría para luego hacer lo que quiero”, dice Cardoso.

Entre derecha e izquierda no es que no haya líneas divisorias. Lo que ocurre es que son otras líneas, menos estructurales, diferentes de las del pasado. En América Latina, una división importante entre izquierda y derecha se da en la cuestión de la seguridad: es un tema que atañe a todos y donde se ven claramente posiciones de derecha y de izquierda. Hay otros temas que afectan a toda la sociedad, que la cortan transversalmente, que no son propios de una clase. Además de la seguridad, que afecta a todos, la ecología. Hay posiciones de derecha en temas de ecología, propuestas que no quieren avanzar, que no se dan cuenta de que hay que preservar el medio ambiente. Eso marca diferencias importantes. Entonces, las líneas de separación entre izquierda y derecha son otras, pero eso no significa que no existan”.

Iván Arias Durán es ciudadano de la República Plurinacional de Bolivia

Tomado de paginasiete.bo 

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