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Maravilloso capitalismo

ARMANDO MENDEZ MORALES

Como podría titular de esta manera un artículo cuando los revolucionarios socialistas del mundo sostienen que se está viviendo una grave crisis alimentaria mundial ocasionada por el modelo “neoliberal”, que es la forma actual de denominar al capitalismo, sistema que –según ellos- ha ocasionado el calentamiento global,

que eleva el precio del petróleo y que ha ocasionado la explosión demográfica, todo lo que está llevando a un fuerte crecimiento de los precios de los alimentos. Una primera contradicción que se debe aclarar. Es cierto que la población aumentó vertiginosamente en el último tiempo. Mientras en 1750 la población mundial estaba en el orden de los 800 millones de habitantes, hoy está en los 6,850 millones, con todos los costos que ello implica. Si el sistema capitalista ha generado la explosión demográfica entonces quiere decir que ha producido los suficientes alimentos para que la gente no se muera como era lo habitual en las sociedades precapitalistas. Thomas Malthus sostenía que la población no se expandiría más precisamente por la falta de alimentos. Además, el capitalismo ha permitido el avance de la medicina por lo que se ha reducido abruptamente la morbilidad y mortalidad. Primera conclusión, el capitalismo es bueno.
Los extremistas socialistas dicen que hay una “globalización de la pobreza”, que se inició en la década de los años ochenta del siglo XX cuando América Latina vivió la crisis de la deuda externa, que llevó a la imposición de desastrosas reformas –según ellos- por parte del Fondo Monetario Internacional. Con ligereza sostienen que el “nuevo orden mundial se alimenta de la pobreza mundial y de la destrucción del orden natural”. La información estadística a nivel mundial, señala que más bien cada año se reduce la pobreza.
Los extremistas socialistas del mundo se rasgan sus vestiduras cuando dicen que hay insuficiencia de producción de alimentos, pero se oponen militantemente en contra al uso de transgénicos para la producción, cuando es la forma eficiente de aumentarla sostenidamente. Expresan un rechazo visceral a la producción de biocombustibles diciendo que esto es un “crimen contra la humanidad”, porque destina territorios para producir productos agropecuarios que alimentan a los automóviles y no a los hombres. Por un lado gritan al cielo su rechazo al incremento de precios de los hidrocarburos y por otra se oponen a que se busque alternativas de producción de energéticos, que impidan la expansión del precio del petróleo y, con el tiempo, obligue a su reducción. Esto abarataría toda la cadena productiva de alimentos.
A nivel mundial se ha impuesto el denominado sistema capitalista, el otro nombre de la economía de mercado. Como no existe otro sistema económico en ningún país del mundo, todo los avances económicos, conjuntamente sus costos, se tiene que atribuir al capitalismo. Pero los socialistas sólo le atribuyen los costos, no así los beneficios. Habría que preguntarles: ¿cuál el sistema económico que permite que cada año la producción mundial aumente sostenidamente para que la gente viva mejor, para que disponga de una mayor cantidad de bienes y de servicios, goce de una mejor salud, aumente la esperanza de vida de la gente y disminuya la mortalidad infantil?
El problema en los pueblos subdesarrollados del mundo es que son sociedades de muy baja productividad, que no tienen la capacidad de producir los alimentos que requieren, de la misma manera como aconteció en las sociedades precapitalistas en el pasado. Esas sociedades reciben alimentos de los países desarrollados en calidad de donación, de lo contrario su gente moriría de hambre. La pregunta que hay que responder con rigurosidad es: ¿Por qué ciertos países, en particular los africanos, ofrecen un patético comportamiento económico? ¿Por qué no puede desarrollarse el capitalismo en esos países, como lo han hecho los europeos, los asiáticos y los americanos? Las sociedades capitalistas avanzadas tienen poca gente trabajando en la agricultura y producen todo lo que necesita su población para alimentarse muy bien, ofrecen abundantes insumos que requieren sus actividades industriales, exportan e incluso regalan.
La revolución industrial, que es otro nombre que tiene el capitalismo y la economía de mercado, permitió a los países que ingresaron a ese proceso un crecimiento positivo del producto por habitante. Hasta esa entonces, la producción crecía al mismo ritmo que la población, manteniéndose constante el producto per capita. Inglaterra, cuna de este proceso presentó un inusual crecimiento promedio per cápita anual del 1,3 por ciento en la primera mitad del siglo XIX. En las últimas tres décadas, China está creciendo a la increíble tasa del 9 por ciento.
Karl Marx sostuvo que irremediablemente la clase obrera se empobrecería. El Premio Nobel de Economía Paul Samuelson, en su libro, tan completo, titulado “Economía”, sostiene que para 1900 el salario real estaba creciendo, no bajando, en el mundo occidental. Desde entonces, en los EEUU, este salario creció sostenidamente mientras disminuía el número de horas trabajadas. Este mismo destacadísimo economista, profesor de varias generaciones de economistas, al momento de realzar los inventos, tanto en procesos de producción que han incrementado la productividad como en productos, que se ha dado al interior del capitalismo, subraya entre los primeros a: “la máquina de vapor, la generación de electricidad, los antibióticos, el motor de combustión interna, el avión de fuselaje ancho, el fax” ; entre los segundos: “el teléfono, la radio, el automóvil, el avión, el fonógrafo, la televisión, el microprocesador y el magnetoscopio”.
La difusión de estos productos entre la gente corriente es impactante. Según datos procesados por Samuelson, para los EEUU, los automóviles, cuya difusión empieza para principios del siglo XX, llega al 80 por ciento de hogares para el año 1930. El uso de energía eléctrica, que beneficiaba al 10 por ciento de los hogares para 1910, llega al 100 por ciento para el año 1955. El televisor, que aparece a fines de los años 40, en diez años abruptamente llega a todos. Los teléfonos celulares, que aparecen en 1985, de manera exponencial se difunde su uso, tal que para el año 2000 su uso abarcaba ya el 70 por ciento de los hogares. Finalmente, el uso de computadoras personales, que para el año 1985 llegaba al 10 por ciento de los hogares, a fines del siglo pasado ya estaba en el orden del 40 por ciento. Si estos datos se actualizasen con lo acaecido durante la primera década del siglo XXI veríamos que ya estamos en los máximos. Este proceso se ha dado en todo el mundo capitalista desarrollado. Incluso, en países con bajo desarrollo económico, como Bolivia, hoy se confirma que el 50 por ciento de los hogares tiene un automóvil, el uso del televisor y de los celulares esta generalizado. Todo este proceso es consecuencia del sistema económico capitalista. No del socialismo fracasado, sistema alternativo que se trató de construir en la ex URRS y en Cuba. Por esto, ambas sociedades comienzan a recorrer el inexorable camino de la construcción del capitalismo.
Según un personero de Google, hoy hay cinco mil millones de aparatos telefónicos en el mundo cuando el año 2000 había 907 millones. Sólo en Pakistán hay 100 millones de celulares frente a 300 mil de hace una década. Los usuarios de Internet han pasado de 361 millones a más de dos mil millones en este mismo periodo.
Hoy, la presencia del cada vez más generalizado del uso del Internet, pone a disposición del que quiera la biblioteca universal virtual, y con ello todo tipo de conocimiento. Las redes sociales, como Facebook, Twiter y otras, el e-mail y el chat, permiten que millones de personas se comuniquen a través del mundo, dando a conocer lo que saben y sienten. La misma gente que despotrica contra el sistema económico que les permite comer y vivir bien, gozan de una libertad de expresión nunca antes alcanzada, gracias al avance del capitalismo. No requieren que ningún periódico “oligarca” les publique lo que piensan, pueden difundirlo con total libertad por Internet.
¿Cómo se puede estar en contra del capitalismo, cómo se puede querer hacer la revolución para detener este maravilloso sistema económico, desarrollado en los últimos tres siglos? Por supuesto que la economía siempre tiene problemas. Si no fuera así no habría economistas ni necesidad de estudiar economía. Si no sería así no habría necesidad del desarrollo de la tecnología. Hay pobreza en el mundo, pero hoy este problema abarca a menos del 20 por ciento de la población mundial, cuando antes de la llegada de este sistema abarcaba a la mayoría, seguramente a más del 90 por ciento.

*Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

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