Buscar en nuestras publicaciones:

Socialistas y liberales

AXEL KAISER

La historia de la humanidad, sugirió Marx, es la historia de la lucha de clases. En otras palabras, desde tiempos inmemoriales los privilegiados han abusado del resto. Especialmente el capitalismo es, para la izquierda, un juego de suma cero: lo que gana el de arriba tuvo que quitárselo al de abajo. Esta visión inspira hasta el día de hoy a quienes condenan el sistema de libre empresa y repudian a los ricos que este genera. Se trata, por cierto, de un dogma puramente ideológico que no resiste ningún análisis económico serio. Y, sin embargo, ahí está. Distinto es cuando privados obtienen beneficios del Estado —subsidios, monopolios, etc— estafas tipo La Polar o cuando bancos son rescatados con dinero de los contribuyentes. La ventaja económica que produce ese tipo de situaciones es, para un liberal, inaceptable e inmoral. Y es que a diferencia del socialista, el liberal entiende que el capitalismo es un sistema que benefica a todos cuando funciona bajo reglas de competencia. El socialista o igualitarista típico en cambio, no se indigna cuando ve cómo el dinero de las personas se despilfarra, se transfiere a grupos de interés o derechamente se roba en el Estado. La desigualdad que se sigue de ahí, curiosamente no le incomoda. Pero si alguien se hace más rico que otro en el mercado, eso si que le causa rabia. Pues al socialista le resulta imposible entender que la riqueza es creada y que por tanto quien se enriqueció por medios honestos contribuyó a mejorar el bienestar de lo sociedad más que cualquier otro de sus miembros. ¿No me cree? Pregúntese si hay alguna cosa de las que usted usa o consume día a día, que no sea producidas por un empresario mucho más rico que el promedio de la población. Ahora imagínese cómo sería su vida sin todas esas cosas producidas por empresarios: así se vive bajo el socialismo.

Aún cuando el socialista vea que todos tienen más acceso a más y mejores bienes y servicios y que todos viven mejor que antes, sigue pensando que el mercado es una especie de distribución de torta donde el que se fue con el pedazo más grande inevitablemente tuvo que hacerlo expensas del resto. Con razón dicen que es injusto que unos tengan más que otros. Y claro, si la riqueza fuera estática y existiera con anterioridad al mercado, ciertamente sería injusto que unos tomaran para sí más de la torta dejando a otros con migajas. Peor aun si la torta la hicieron los que se quedaron con las migajas, que es en realidad lo que afirma la teoría marxista de la explotación. He ahí la conexión entre igualdad material y justicia reclamada por la izquierda. Como ve estimado lector, esta deriva de una ausencia total de comprensión acerca de cómo funciona el mercado.

Lo más peligroso es que estas ideas atraen a multitudes e inspiran políticas que destruyen el proceso de creación de riqueza, afectando a sus principales beneficiarios: los más pobres. Es por eso que los liberales, desde todas las esferas, tenemos la obligación moral de explicar las virtudes del mercado y defender la libertad frente a agresiones ideológicas, por muy de moda que estén. Pues los liberales, a diferencia de los socialistas, no queremos que todos sean iguales, sino que todos sean más ricos.

Tomado de elcato.org    

Este artículo fue publicado originalmente en Diario Financiero (Chile) el 4 de noviembre de 2011.

Búscanos en el Facebook

Artículos del autor