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Melquiades, el Rey de los Andes y la inversión privada

HUGO SILES 

Muchos años después, frente a la muchedumbre solitaria, el Rey de Los Andes había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo en Orinoca. Entonces, preguntó a los vientos: ¿Por qué no fluyen las inversiones privadas a Los Andes?
Su majestad, a la distancia, divisó a Melquiades, el aurinegro y plateado economista, y le solicitó responder su gélida pregunta. Esta vez el Plateado llevaba un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibió al Rey de Los Andes como el último descubrimiento de los amautas.

Melquiades vio con ayuda del catalejo que de cada mil dólares de inversión extranjera que llegaban a Sudamérica, sólo siete dólares fluían al reino de Los Andes.

Ajustando la mira del sutil aparato advirtió que el reino de Los Cariocas recibía 61 veces más inversión extranjera que el reino de Los Andes, que el reino de Los Mapuches recibía 29 veces más inversión extranjera que el reino de Los Andes, y que el reino de los Incas recibía 12 veces más inversión extranjera que el reino de Los Andes.

El Plateado agregó que en el reino de Los Andes la inversión pública alcanzaba al 56% del total, la inversión extranjera directa al 21% y la inversión privada nacional al 23%. La tendencia era de aumento de la inversión pública y de merma de la inversión privada nacional.

Explicó que en la actual coyuntura, tres eran las señales y acciones por las cuales no fluía la inversión privada, en particular, la nacional.

Primero: Señales económicas
Por una parte, en el último año se advertían señales económicas del Estado desfavorables para la inversión privada nacional, entre éstas:
1) El aumento salarial y el doble aguinaldo decretados por el Gobierno en forma no coordinada e inconsulta con el sector privado, los cuales incrementaron los costos de producción.
2) La competencia desigual del creciente contrabando y la informalidad que no tributan impuestos, no otorgan seguridad laboral, pago de pensiones, etcétera.
3) La pérdida de competitividad empresarial por la devaluación del tipo de cambio en países limítrofes (Brasil y Argentina).
4) Los costos del enclaustramiento marítimo y los paros laborales fronterizos en países vecinos (caso Chile) que aumentaron los costos de transporte y logística.
5) Los controles de precios y subvenciones que emanaban signos de distorsión de los precios de mercado.
6) Las políticas de control de exportaciones.

Segundo: Señales jurídicas
Por otra parte, entre las señales jurídicas estatales inadecuadas para la inversión del sector privado se destacaban:
1) La norma del Solve Et Repete (pague primero y reclame después), que causaba indefensión para el contribuyente.
2) La ampliación de la prescripción tributaria de cinco a diez años en forma escalonada, que generaba mayor burocracia, inacción de las entidades recaudadoras y altos costos administrativos para los contribuyentes.
3) La aprobación del decreto 1754 sobre la posibilidad de conversión de empresas privadas cerradas injustificadamente, en proceso de liquidación y/o quiebra a empresas sociales, que generaba efectos perversos para la sostenibilidad de las empresas.

Tercero: Señales políticas
Se profundizaron las señales adversas, como la sobrefiscalización al sector privado legalmente establecido y el escaso esfuerzo estatal por incorporar a la formalidad a sectores informales.
La excesiva tramitología de las autoridades de control público y el acoso de la autoridad pública, que generaba indefensión de los contribuyentes ante el Estado por la reducida o nula efectividad de los recursos de impugnación. En general, el diálogo público y privado, sin mayores frutos para privados.

Corolario
Las señales económicas, políticas y jurídicas, entre otras, diagramaban un escenario no adecuado para la inversión privada formal.
"Una inversión empresarial competitiva circunscrita a un reino con señales y acciones no competitivas no es más que un ejercicio costoso a corto plazo”, sentenció Melquiades.
Melquiades finalizó que era esencial generar condiciones adecuadas para la inversión privada, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Hugo Siles Espada es economista y comunicador social

Tomado de paginasiete