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El retorno de la causa del trastorno

CARLOS MIRA

Las medidas que se anunciaron en Argentina respecto del mercado de cambios son lisa y llanamente la confesión de una severa insania. Albert Einstein había definido la locura como la pretensión de obtener resultados diferentes de hacer siempre lo mismo. Pues bien, el gobierno, arrollado por la ridícula realidad a la que lo llevó su estrambótica idea de instalar un cepo cambiario hace un año y medio, pretende ahora solucionar las desastrosas consecuencias que eso produjo retrotrayendo la situación al punto de partida y volver a ratificar dicho mecanismo en términos parecidos a los iniciales, en la esperanza de que ahora los efectos sean diferentes.

Tanto el jefe de gabinete como el ministro de economía, también insinuaron que la presente situación en el mercado de cambios está siendo provocada por el egoísmo de algunos y por una maléfica cultura del dólar que enferma la mente argentina.

Se trata de insultos gratuitos. La sociedad debe soportar que los responsables de una administración alarmante de los recursos públicos encima le echen la culpa a la gente de lo que no son otra cosa que las consecuencias de su incapacidad. ¿Qué han hecho ellos para que la gente no quiera huir al dólar como último refugio frente a su irresponsable administración? ¡Si no han hecho otra cosa que soliviantar el valor de la moneda local tanto en su capacidad adquisitiva como en su entidad como reserva de valor!

Ahora resulta que la sociedad no es la perjudicada sino la causante de los problemas y el gobierno no es quien los provoca sino su víctima. ¿Pero dónde se ha visto semejante ofensa? Y en tren de altruismo CON EL DINERO PROPIO, ¿qué acciones de desprendimiento se les conoce a los funcionarios acusadores?

Parece francamente mentira que al cabo de la “década ganada” el país se debata ante la escasez de una libreta de racionamiento y discuta si la gente puede comprar, 100, 200 o 300 dólares. Es increíble…

La sociedad honesta que trabaja honradamente asiste al espectáculo impávida. Debe escuchar que se la insulta y que se sugiere que ella misma es la culpable de lo que sufre, mientras espera explicaciones sobre la inflación, la inseguridad, la corrupción y el colapso administrativo representado cabalmente por la impresión de billetes sin respaldo y por el déficit fiscal.

Capitanich y Kicillof dijeron que para comprar dólares las personas deben ganar como mínimo $ 7200 pesos y que de eso podrían comprar el 20% en dólares oficiales, más el 20% de anticipo de ganancias. La primera pregunta que asalta es una muy estúpida: ¿por qué? ¿Por qué tengo que aceptar que un burócrata me diga lo que tengo que ganar para comprar dólares con del dinero que gano honradamente?, ¿por qué el mismo burócrata me tiene que decir cuánto de ese dinero que gano honradamente lo puedo dedicar a comprar dólares?, ¿qué son ellos más que yo mismo, respecto de mis ingresos? ¿Y qué es eso sino una libreta de racionamiento?, ¿y qué es una libreta de racionamiento sino la manifestación práctica más espeluznante de un fracaso económico estrepitoso?

Los funcionarios de este gobierno tienen un problema con el entendimiento de cómo funciona un sistema de derechos civiles: los derechos se ejercen; si con su ejercicio el Estado supone que algún ciudadano no está pagando los impuestos que corresponden puede hacer una investigación a posteriori y tomar las medidas del caso. Pero la verificación impositiva no puede realizarse “ex ante” del ejercicio del derecho porque eso implicaría la vigencia de un régimen de Estado policial, no un Estado de Derecho.

El ministro de economía –que por sus declaraciones debería ser más un ministro de “sociología”- parece completamente absorbido por las explicaciones “culturales” respecto de lo que explicaría la necesidad de los argentinos de tener dólares. Así, recurre a explicaciones mentirosas diciendo que países como Brasil, Uruguay y Chile “que devalúan fuerte” no tienen esta manía de comprar dólares. El ministro engaña a la gente: ninguno de esos países ha vivido procesos de envilecimiento de la moneda local del tamaño del que vive la Argentina. De hecho, todos ellos, por la afluencia de dólares que han recibido desde el exterior, han asistido a procesos de revaluación de sus monedas que les han ocasionado trastornos en su comercio exterior porque la fortaleza de la moneda local tornaba caros sus productos. De modo que una buena sugerencia para Kicillof sería que saliera de la tendencia a explicar fenómenos económicos con discursos “culturales” y que evitara engañar deliberadamente a quien lo escucha o lee.

La persistencia en presentar un escenario de lucha entre la “argentinidad” del gobierno y la “cipayez” de un conjunto de especuladores que buscan el mal de los argentinos, es otra marca registrada de los que carecen de argumentos racionales para respaldar sus posiciones. ¿Quiénes son esos especuladores?, ¿en qué consiste su especulación? El ministro mandó a algunos de ellos a dejar de especular y a exportar, como si eso fuera lo que un verdadero argentino tuviera que hacer para cumplir su deber patriótico. ¡Pero si es el propio gobierno el que prohíbe las exportaciones, imponiendo cupos para vender lo que producimos!

Si ahora el gobierno declara que un dólar de $ 8 es un valor de “convergencia razonable”, ¿qué debemos pensar que pasaba cuando 48 hs antes defendían con los mismos argumentos de barricada un dólar a $ 6,70?, ¿qué ocurrió?, ¿la “convergencia” cayó súbitamente del cielo? Y hablando de “convergencia”, ¿convergencia con qué?, ¿están acaso insinuando una “convergencia” con el blue?, ¿pero no era que el blue no existe?

Nada de lo que ocurre es profesional. Estamos ante un conjunto de inexpertos que cree estar librando una batalla imaginaria con molinos de viento en donde los molinos son los especuladores y ellos son Don Quijote. Pero el cuento de Miguel de Cervantes era eso: un cuento. No se puede jugar con la realidad de este modo, impunemente, haciéndole pagar a los demás el costo de las ensoñaciones propias.

La presidente debe dejar de experimentar con la sociedad. Es hora de que tome nota de que el precio de sus empecinamientos y de sus juguetitos ideológicos le está costando jirones de miseria a todo el país. Sería interesante que en lugar de dedicar su tiempo a ponerse del lado de los “independentistas” de Puerto Rico (que no alcanzan a obtener en las elecciones de la isla el 4% de los votos) vuelva al país a hacerse cargo de este dislate, en lugar de incitar a que esa isla del Caribe (que disfruta del PBI per cápita más alto de toda la región gracias a ser un Estado Libre asociado a los EEUU) incurra en los disparates en los nosotros nos hemos doctorado. Los argentinos y los portorriqueños se lo agradecerán por igual.

Tomado de postarg.com