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La Democracia está enferma de la tiranía de la mayoría

VÍCTOR PAVÓN 

Luego de escuchar en estos días a los dirigentes oficialistas de Argentina defendiendo con arrogancia sus ideas y propuestas, solo cabe la desazón por tanto desconocimiento sobre el tratamiento que le dan al proceso económico y social.

Muchos liberales o libertarios como hoy se los reconoce, creyeron que con la caída del muro socialista de Berlín se venía una época diferente. Lo de la ex Unión Soviética es imposible que se repita, decían algunos con seguridad. Fue un error. La fuerza de las ideas están ahí. Se encuentran dormidas para despertar en los lugares y épocas que les convenga, sin interesar si fracasaron en el pasado. Esas ideas adoptadas en menor o en mayor grado solo esperan su mejor caldo de cultivo, como las mentiras de los políticos que dicen a sus pueblos que les sacarán de la pobreza y les darán empleos sin tener que trabajar.

Lo que hoy pasa en Argentina es un ejemplo del avance de las ideas colectivistas. País prodigo por su naturaleza, su gente está siendo hostigada por ideas que llamamos básicamente estatistas, para no tener que decir socialistas o directamente comunistas. De esta manera se ha puesto en marcha lo que Alexis de Tocqueville en su Democracia en América (1.835) advertía con meridiana claridad acerca de la tiranía de la mayoría.

Es esta tiranía el problema de nuestro tiempo. Sea Argentina, mi país —Paraguay— o EE.UU. u otros, las democracias se han degenerado para hacer valer únicamente el principio del número, la sobrevaloración de quien tiene más votos, sin interesar el medio para conseguirlo, ya sea comprando, regalando dádivas o consiguiendo el nombramiento en el sector público sin concurso ni mérito alguno.

Si al respecto hay una tarea a la que debemos acometer cuanto antes es aquella referida a cómo salvar la libertad en los tiempos de democracia. Esta forma de hacer democracia nos ha hecho creer que el grupo o la sociedad misma están por encima del individuo, lo que de suyo es un grave error y sus consecuencias las estamos padeciendo.

La "soberanía del pueblo" que desplazó a las monarquías no puede convertirse en un atajo para destruir lo más preciado de la civilización, el ansia constante de cada quien de buscar su propia felicidad en un entorno social de cooperación libre. Hoy se han vuelto sombríos los rasgos de esta sociedad democrática, está enfermándose, y solo se podrán curar sus síntomas con las mismas herramientas que la misma democracia contiene: gobierno limitado, división de los poderes, descentralización y una educación que promueva los valores morales de la libertad, la propiedad, la cooperación voluntaria, el respeto y la tolerancia.

Si no fuera así, la arbitrariedad y las contradicciones en la que va cayendo la democracia irán avanzando hasta que algunos se hagan del control total de la economía. Esto sólo puede terminar tal como la historia lo prueba en la búsqueda de un líder aglutinante, buen orador y vendedor de esperanzas que vendrá a poner orden para sacar por medio de la coerción de los impuestos y con las expropiaciones de bienes al que tiene más para darle al que no tiene, propiciar el odio y el resentimiento contra la empresa y la riqueza, poner en entredicho la justicia para hacerla "social" o lo que es lo mismo, el advenimiento de una nueva clase de dictador igualmente peligroso a aquellos conocidos en el pasado, como ya está empezando a suceder.

Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

Tomado de elcato.org

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