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La alquimia de la corrupción (I)

CIRO AÑEZ

La corrupción ha sido analizada desde diferentes visiones y dentro de sus múltiples clasificaciones podríamos mencionar a la corrupción política también denominada corrupción administrativa o pública (son las cometidas por los servidores públicos, cualquiera sea su rango o jerarquía) y a la corrupción privada (cometidas por y entre los particulares).
Robert Klitgaard, definió la corrupción en términos de una ecuación: "Corrupción = Poder monopólico + Discreción - Rendición de cuentas".

La organización Transparencia Internacional la define como el abuso de poder encomendado para el beneficio propio.

En el ámbito legal la lucha contra la corrupción fue pensada solo en beneficio y en protección del Estado y no existe una definición específica de corrupción sino más bien es utilizada para agrupar varios actos delictivos predominando la idea del soborno y el abuso del poder encomendado; por ejemplo: las Convenciones Internacionales contra la Corrupción enumeran un listado de conductas delictivas que afectan por lo general al patrimonio estatal y un reflejo de ello es que en nuestro país, la Ley Marcelo Quiroga Santa Cruz (art. 2) mantiene aquella definición de corrupción en la noción del soborno y engloba cualquier acto u omisión que afecten los intereses del Estado dentro de una gama de delitos que en ella se encuentra contemplada.

Llevamos muchos años de búsqueda sobre las causas de la corrupción produciéndose un extravió al considerar como motivos a la pobreza o a la política, puesto que no puede ser la pobreza dado que en los países ricos también se dan casos de corrupción, por lo tanto, el solo hecho de que exista corrupción en ellos desacredita tal criterio; tampoco es la política porque no resulta ser de algún sistema político en particular, aunque sí existen situaciones históricas coincidentes más proclives a la corrupción relacionada con la concentración del poder absoluto; entonces la corrupción tiene que ver más con lo intrínseco, es decir con la naturaleza egoísta de la especie humana la cual engendra la angurria por conseguir más dinero en corto tiempo y con el menor esfuerzo y costo posible.

De allí que el límite de la moral de las personas incide en la conveniencia individual, el cual es propenso a adaptarse de acuerdo a su entorno y a su realidad; bajo esa óptica Montero Soler y Torres López advierte que el delincuente"en la medida en que los beneficios de su acción supera los costos, el delito es cometido".

Es cierto de que la corrupción corrompe el sistema democrático, quebranta el Estado de Derecho, produce la interferencia de roles y de poderes públicos, el sistema de administración de justicia deja de ser auténtico para convertirse en un reflejo del poder y no un límite al poder, se instaura el desorden, los contratos no se cumplen ni se hacen cumplir, se usa los bienes públicos para uso particular, todo esto afecta a la inversión y se convierte en un enemigo a largo plazo para el crecimiento económico de los países; sin embargo, desde una perspectiva económica más que percibir a la corrupción como "causa" se lo debiera analizar como un "efecto" del alto costo de la legalidad y de la fuente monopólica de la producción del Derecho.

La gente tiende por naturaleza carnal a buscar su propio beneficio y en consecuencia busca lo más barato y evita lo más oneroso. Esto es un proceso psicológico, lo cual ocasiona que existan personas con débiles fundamentos éticos que determinan a qué precio deciden ser buenas o malas personas.

Las leyes como la costumbre no son gratuitas. Ronald Coase señala textualmente lo siguiente: "lo que se intercambia en el mercado no son (como suelen suponer los economistas) entidades físicas, sino los derechos para realizar ciertas acciones; y los derechos de los individuos son establecidos por el sistema legal".

Enrique Ghersi, sostiene que el costo de la ley "no siempre se mide en moneda (dinero) sino en la cantidad de tiempo y de información necesarios para obedecerla. El costo de la ley es la oportunidad desaprovechada para cumplirla. Es decir, todo aquello que dejó de hacer (trabajo, vida familiar, estudio, relaciones sociales, deporte, etc.) a fin de satisfacer las exigencias impuestas por una determinada regulación. Esta es una decisión basada en la utilidad individual, en la cual el ciudadano se sirve de la ley como un medio puesto a su disposición para tomar decisiones. Si la ley exige mucho tiempo, la gente no la cumple. Si la ley exige demasiada información, la gente no la cumple".

Entonces, cuando el costo de la legalidad excede a su beneficio, la ley se incumple de acuerdo a la escala valorativa de las personas.

De allí que para algunas personas inescrupulosas bajo un sistema institucionalizado de corrupción (esto es: aquella sociedad donde los hábitos de ser corruptos se convierten en un estilo de vida generalizado), lamentablemente la corrupción les resulta rentable (logran enriquecerse ilícitamente), impune (a través del soborno evitan ser sancionados) y favorable, pues consideran que gracias al potencial económico que pudieran obtener producto de la corrupción se muestran de manera camuflada ante la sociedad como personas "prósperas y exitosas" alcanzando un supuesto prestigio basado únicamente en el dinero que ostentan.

Esto es lo que comúnmente ocurre con los contrabandistas, narcotraficantes, etc.; por lo tanto, las personas que conviven en una sociedad con estos dramas deberían preocuparse seriamente cuando ellos mismos para resolver sus problemas valoran más al profesional corrupto con vínculos o aquel que guarde alguna relación con los sectores de poder en vez de acudir a profesiones con solvencia ética y altamente instruidos.

Esta grave situación ocasiona que todo se distorsione y por consecuencia los errores ya no existen o al menos ya no son creíbles dado que la corrupción resulta siendo premeditada y deliberada en búsqueda de romper la competitividad institucional de un orden anterior establecido para imponer una nueva estructura acorde a ese estilo de vida. Como resultado a todo esto es que aquella idea inicial de que la corrupción afecta al crecimiento económico deja de ser cierta pues en este caso más bien ayuda a dicho crecimiento fulgor de una sociedad totalmente contaminada.

Existe también otro extremo con similar resultado y consiste en aquellas sociedades donde el costo de la ley es alto con economías muy reguladas y con muchas barreras económicas a la libre empresa, dando lugar a que la corrupción sea vista como un mecanismo eficiente para conseguir los objetivos más productivos a corto plazo.

Por este motivo, el economista Xavier Sala-i-Martín menciona que la relación entre corrupción y crecimiento económico no está del todo claro ni en la teoría ni en la práctica, pues si bien es cierto que en los países corruptos la economía no funciona bien, como es el caso de África, pero hay otros considerados muy corruptos (según los rankings internacionales del índice de percepción de corrupción) que en lo económico les va extraordinariamente bien, citando dicho investigador el caso de China.


Ciro Añez Núñez e-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

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