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Perú: la parálisis virtuosa

ALFREDO BULLARD 

¿Cuál ha sido el mejor gobierno del Perú en los últimos años? En mi opinión, el de Alejandro Toledo. Él era incapaz de hacer nada. Era incapaz de hacer cosas buenas y constructivas. Pero también era incapaz de hacer cosas malas y destructivas. El balance era que no hacía mucho bueno, pero tampoco hacía mucho malo. Parece lo mejor que se puede decir de un gobierno.

Fue un gobierno irrelevante. Su irrelevancia liberó a los particulares y dejó que las cosas caminaran en piloto automático. La iniciativa privada encontró espacios para impulsar el crecimiento. La economía caminó, la pobreza se redujo y el país mejoró. Y es que las estadísticas muestran que la iniciativa en el gobierno no es buena idea. Es más probable que esta desemboque en algo que no nos guste. Así, el mejor gobierno parece ser uno con poca iniciativa para hacer cosas e incapacidad para ejecutarlas. La paradoja es que si un gobierno quiere realmente hacer algo, lo mejor es que no haga nada.

No quiero que se me malinterprete. Sin duda lo deseable es que un gobierno haga bien lo que le corresponde hacer. Todos quisiéramos un gobierno que nos dé seguridad, que tenga estrategias adecuadas para el desarrollo de la educación, que favorezca la creación de infraestructura, que nos ofrezca una administración de justicia honesta y confiable.

Sin embargo, un gobierno con iniciativa posiblemente no resuelva esos problemas. Más bien, es posible que nos cree más problemas.

El gobierno de Alan García no fue muy diferente al de Toledo. Todos podemos coincidir en que su segundo gobierno fue infinitamente mejor que el primero. Le pregunto: ¿Fue mejor por lo que hizo? Por supuesto que no. El segundo gobierno de Alan fue mejor por lo que no hizo. En el primero si algo le sobró fue iniciativa. Tuvo la iniciativa de controlar precios, de crear el dólar MUC, de estatizar la banca, de vender leche ENCI, de emitir moneda por doquier, de cerrar las importaciones, de declarar la moratoria de la deuda externa. ¿Cuáles fueron sus iniciativas en el segundo gobierno? ¿Recuerda alguna? Por supuesto que no. Cuando no hizo nada, nos fue mucho mejor.

Humala es casi un fiel seguidor de sus predecesores. Lo cierto es que ha tenido muy pocas iniciativas. Y de las que ha tenido ha ejecutado pocas. Y las pocas que ha ejecutado han sido, con honrosas excepciones (como la Ley de Servicio Civil), malas ideas.

De hecho, se trata de un gobierno con una especial capacidad para derrochar incompetencia. Con un partido sin cuadros ni capital humano (una buena excusa para que Nadine se encargue de todo, incluido el trabajo de su marido), cada crisis ministerial se convierte en una película de Hitchcock: ojalá encuentren a alguien que valga la pena. Lo cierto es que hubiera sido saludable que la última crisis de abstenciones para el voto de confianza por el Congreso durara un poco más. Si un gobierno sin iniciativa es bueno para el país, se imagina lo bueno que sería un gobierno inexistente.

Así, en los gobiernos, la parálisis es una virtud y la hiperactividad un pecado. Y no parece ser una característica de nuestros tiempos. Ya 500 años antes de Cristo el filósofo chino Lao Tse decía que “gobierna mejor el que gobierna menos”. El Conde de Mirabeau sostenía que “el mayor peligro de los gobiernos es querer gobernar demasiado”. El poeta Walt Whitman sentenció: “A mi juicio, el mejor gobierno es el que deja a la gente más tiempo en paz”. Y el gran Jorge Luis Borges, en su típico tono anárquico, dijo: “Creo que con el tiempo merecemos no tener gobiernos”.

Tomado de elcato.org

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