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El suicidio de la COB

EDUARDO BOWLES

Así como esos mártires de Chicago ayudaron a reconfigurar el mundo en 1886 y dejaron atrás el modelo feudal para pasar a un esquema industrial, que ya sea en un esquema capitalista o socialista, tiene al “Trabajo asalariado” como fuerza vital de transformación, la Central Obrera Boliviana (COB) ha sido siempre la piedra de toque de casi todos los grandes cambios ocurridos en Bolivia.

La COB fue la protagonista de la Revolución del 52, una de las artífices del retorno a la democracia y en el denominado “periodo neoliberal” –pese a la estocada que había recibido con el decreto 21060 y la relocalización-, siguió siendo un baluarte de la defensa de los derechos de los trabajadores, especialmente de los asalariados, que representan hoy menos del 30 por ciento de la población económicamente activa. Según la Fundación Jubileo, esta cifra apenas sobrepasa del 20 por ciento.

¿Por qué es tan importante la labor de un gremio como la COB? Volvamos a Chicago, donde en definitiva lo que ocurrió fue cualificar el trabajo, hacerlo más digno, mejor pagado y más productivo, con mayor capacidad de generar bienestar en las familias, aumentando la capacidad de consumo y de reactivación de las empresas. Eso dio origen a la segunda revolución industrial y por un lado al gran capitalismo y por el otro, al socialismo bolchevique, que en principio introdujo mejoras en la producción y en la situación de los obreros en una zona del mundo donde reinaba el más precario primitivismo.

En teoría el trabajo asalariado ha sido fortalecido en la última década en Bolivia, con aumentos extraordinarios y normas que mejoran las condiciones laborales, pero la realidad indica lo contrario, pues el peso del empleo formal ha ido disminuyendo y cada vez son menos los hombres y mujeres que pueden conseguir un puesto digno, con estabilidad, seguro médico, jubilación y aguinaldo. Uno de los ejemplos más palpables del deterioro del trabajo es el propio Estado que mantiene en planilla más del 50 por ciento de funcionarios eventuales que no gozan ni del incremento ni del doble bono navideño que otra vez ha sido anunciado por el presidente Morales.

En la minería, el sector directamente relacionado a la COB, el avance de los cooperativistas ha sido evidente, lo que significa un retroceso desde todo punto de vista: estos explotadores de los socavones no pagan impuestos, destruyen el medio ambiente, debilitan como nadie la institucionalidad del Estado y para colmo su productividad es irrisoria en comparación con la franja de los mineros asalariados estatales y mucho más respecto del sector privado, lo que es perjudicial para los recursos naturales, para la calidad del trabajo y el modelo de desarrollo económico y humano que debiéramos apuntalar para ayudar a combatir los males estructurales del país.

Lamentablemente la COB ha perdido toda su fuerza para seguir luchando por el trabajo, lo que equivale a decir por Bolivia y su futuro y lo que vemos hoy es un triste espectáculo de enajenación, con dirigentes que se venden por un jugoso sueldo y un puñado de televisores a color. Triste final para una organización cuyo rol en la historia nacional ha sido tan importante. Su suicidio no es equivalente al de todos los que se suben hoy al carro ganador, como aquel expresidente que un día se tropezó con el puesto y no lo dejó pasar. El abandono cobista es sencillamente dejar al país en manos de cocaleros, de cooperativistas y otras agrupaciones que no tienen nada para construir.

Tomado de eldia.com.bo

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