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¿Descolonización o institucionalización?

IVÁN ARIAS 

La recuperación de la democracia en 1982 y el sometimiento de los militares al poder civil ha sido producto de una larga lucha del pueblo boliviano y todos los gobiernos de turno se cuidaron de no politizarlas, porque la historia boliviana nos enseña que cerrar la puerta de la institucionalidad y abrir la puerta de la politización en las FFAA provoca que se destape la caja de Pandora: insubordinación, golpismo y manipulación hacia objetivos y grupos mezquinos.

Sin embargo, rompiendo aquel principio, y en su lógica de copar los espacios de poder, los actuales gobernantes han hecho todo para someter a las FFAA a sus intereses partidarios, asegurar la fidelidad militar a un líder y proyecto político, pero no a la ley ni a las instituciones democráticas; neutralizar a las FFAA como institución deliberante frente al poder establecido, para hacer de ellas una sólida aliada; reducir su autonomía política, para asegurar todo su apoyo a través de su autonomía corporativa y presencia social.

Su primera acción consistió en no respetar la graduación y antigüedad de sus miembros, pasándose por encima promociones para designar en cargos clave a oficiales de menor graduación y "amigos del proceso de cambio”. Cualquier protesta o reclamo fue acallado ya con el retiro o cambio de destino a regiones lejanas.
Después de la contundente victoria electoral de 2009, el Gobierno asumió que tenía carta blanca para hacer lo que le venga en gana en todos los aspectos de la vida política del país. Las FFAA, con la complicidad de sus mandos politizados, no fueron ajenas a esa embestida.

En 2009 se inauguró un Centro de Doctrina Conjunto. Su objeto era crear una doctrina militar propia, y no impuesta por el imperialismo, que responda a los nuevos principios que organizan el Estado con importantes similitudes a la venezolana. Como si fueran un sindicato más, e imponiendo un lema utilizado por las tropas cubanas, a través de la Directiva 03/01 de 2010, las FFAA bolivianas fueron obligadas a gritar "¡Patria o Muerte: venceremos!” en vez de "¡Subordinación y Constancia: viva Bolivia!”, lo que las había caracterizado siempre.

El entonces comandante general accidental del Ejército, general Antonio Cueto Calderón, sostuvo que las FFAA están con "el cambio” y siguen "la política del señor Presidente de la República”.
El mismo mes de marzo, el presidente Evo Morales ordenó que la wiphala sea la bandera de guerra de diferentes compañías e institutos militares y sea lucida en el uniforme militar. Desde entonces las FFAA incorporaron en sus emblemas y uniformes al menos ocho símbolos y retiraron de ellos las hojas de laurel y olivo, que en el pasado eran una de sus características.

Imágenes de la wiphala, la kantuta, el patujú, el dios Wiracocha, cóndores, hachas incaicas, arcos, fechas y marbetes con el texto "Estado Plurinacional de Bolivia” con el fondo de la bandera andina y la tricolor, son los símbolos que hoy destacan y representan a las diferentes fuerzas.
A través de la "Doctrina Alternativa de Patriotas”, tan ponderada por el Vicepresidente, y que no es más que una copia de la venezolana, que viene a remachar la dependencia del Gobierno y de las FFAA de Bolivia con respecto al plan chavista, el Gobierno busca implantar un proyecto orientado a desarrollar un sistema de milicias en Bolivia.

A eso obedecían los entrenamientos de reservistas y mujeres en manejo bélico que se dieron, en 2010. "Tenemos orden del Comando General para pasar instrucción a personas de todas las clases sociales para refrescar la instrucción militar que recibieron en el cuartel”, sostuvo en ese entonces el comandante de la Séptima División de Cochabamba, general Hernán Ampuero.

El 20 de marzo de 2010, el presidente Morales propuso sumar a esta nueva visión de defensa "a toda la comunidad, especialmente a las escuelas, universidades e instituciones estatales y privadas” y, posteriormente, pidió que las entidades armadas estén preparadas para enfrentar "los intereses del imperio que quieren invadir mediante las bases militares”.
En el seminario (noviembre de 2010) "Patriotas del Estado Plurinacional de Bolivia", organizado por el Ejército, el Vicepresidente, refiriéndose a los conflictos bélicos asimétricos, desnudando una visión propia de aspiraciones totalitarias, decía: "nos obliga a una estrategia de dispersión de nuestras fuerzas, de vinculación con la sociedad y de creciente militarización de la sociedad para la defensa de la sociedad”.

No habla de enemigos externos. El problema radica ¿ante quién? No existe posibilidad (ni capacidad) alguna de una confrontación a nivel internacional; por lo tanto, la mirada está dirigida hacia dentro, hacia la oposición, de manera independiente que ésta sea cívica, política, social o hasta religiosa.

De esta manera, para el régimen "la auténtica democracia” no sería incompatible con la militarización de la sociedad, la politización de las Fuerzas Armadas y la autonomía militar corporativa.
El 7 de agosto de 2013, el presidente Morales dijo: "en este día, en estos 188 años de aniversario (de las FFAA), festejando en Potosí, que ahora tenemos unas Fuerzas Armadas nacionalistas, socialistas y antiimperialistas”. Nacionalistas porque, junto con los movimientos sociales, son las únicas que "pueden garantizar que los recursos naturales nunca más se privaticen”. Socialistas porque "trabajan para el pueblo, al lado del pueblo entregando bonos y rentas…”. Y antiimperialistas: "cuando las Fuerzas Armadas están al lado de su pueblo, ustedes ven cómo el pueblo boliviano, el pueblo potosino, las aprecia, las quiere. Cuando las Fuerzas Armadas están detrás del impero, las desprecia”.

En concordancia, el entonces comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Edwin de la Fuente Jeria, al presentar el Plan de Desarrollo Estratégico para reformar la institución señaló que el objetivo sería constituir unas FFAA "descolonizadas doctrinariamente y antiimperialistas; con efectividad interoperativa, organizacionalmente funcional para el cumplimiento de su misión en los ámbitos convencional y no convencional, socialmente inclusiva, concordantes con la agenda patriótica del Estado 2025”.

Como se podrá concluir, lo que vimos en las calles (militares marchando como si de movimientos sociales se tratara) es la cosecha del manoseo de los últimos nueve años. Por ello las FFAA no necesitan descolonización, sino institucionalización que supone modernidad, profesionalismo, inclusión, acatamiento, jerarquía, disciplina y respeto a los derechos de sus miembros para que Bolivia deje de ser una fábrica de pobreza.

Iván Arias Durán es ciudadano de la República Plurinacional de Bolivia.

Tomado de paginasiete.bo

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