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Chile: si no está roto, no lo arregle

JUAN CARLOS HIDALGO

Nick Miroff, del Washington Post, correctamente atribuye (en inglés) al sistema de libre mercado de Chile la estabilidad del país, su bajo nivel de desempleo y corrupción, y el haber producido la sociedad más rica de América Latina. Pero también señala que este modelo económico “le ha dado a Chile uno de los niveles de desigualdad más altos en el mundo desarrollado”. De esta manera, Miroff hace suyo el argumento de la izquierda chilena que afirma que el modelo necesita ser corregido mediante impuestos más altos y una mayor intervención del Estado en la economía. Cuatro puntos requieren una aclaración:

Primero, los altos niveles de desigualdad de Chile ya existían antes de la implementación de las reformas de libre mercado que iniciaron en 1975. Un libro reciente del economista Claudio Sapelli de la Universidad Católica muestra que el coeficiente Gini de Chile era más alto en 1970 de lo que es hoy (ver el gráfico abajo). La desigualdad cayó considerablemente entre 1970 y 1975 conforme todo el país se empobreció (la inflación anual promedio durante ese período fue del 124,2 % y para 1975 más del 50% de los chilenos vivía por debajo de la línea de pobreza). La desigualdad aumentó nuevamente durante la segunda mitad de los años setenta conforme la economía se recuperó y los ingresos de la gente empezaron a crecer a ritmos distintos. Como Luis Larraín del instituto Libertad y Desarrollo de Chile indica en su libro El regreso del modelo, “Es conocido el hecho que procesos acelerados de crecimiento, en etapas tempranas de desarrollo, generan una peor distribución del ingreso, es cosa de ver a China hoy”.

Segundo, la desigualdad está cayendo en Chile. La disparidad de ingresos llegó a un punto máximo a fines de los ochenta y ha caído desde entonces. Los datos de la CEPAL muestran que en 1990 Chile tenía un coeficiente Gini de 0,55 mientras que en el 2011 (el último año disponible) era de 0,51. Durante las últimas dos décadas del sistema de libre mercado, la desigualdad de hecho ha venido disminuyendo. Curiosamente, Chile tiene una desigualdad inferior a la de Brasil, pero rara vez se leen análisis que culpen al modelo de desarrollo brasileño, basado en un enorme Estado y altos impuestos, por la alta disparidad de ingreso de ese país.

Tercero, la desigualdad continuará cayendo en Chile dado que la distribución del ingreso mejora considerablemente entre los jóvenes. Sapelli muestra que el coeficiente del índice de Gini para Chile cae con la edad (ver gráfico abajo) conforme más chilenos, especialmente aquellos de las generaciones más jóvenes, tienen acceso a salud y educación (que, como Miroff indica, están en gran medida privatizadas). Por ejemplo, el porcentaje de persones entre 25 y 64 años de edad que han recibido educación secundaria en Chile es del 68%, más bajo que el promedio de la OCDE del 71%. Sin embargo, cuando analiza la generación de 25 a 34 años de edad, Sapelli nota que la tasa aumenta al 85%, no solo más alta que el promedio de 80% de la OCDE, sino también superior a las tasas de Holanda, Noruega y Australia. Hoy, 1.100.000 estudiantes están matriculados en instituciones de educación terciaria (una cobertura del 45%) comparado con solamente 200.000 en 1990. Más del 70% de estos estudiantes son la primera generación de sus familias que reciben educación universitaria.

Cuarto, algunas de las políticas anunciadas por la nueva Presidente Michelle Bachelet, cuyo objetivo es supuestamente rescatar al capitalismo chileno “de sus excesos” (como lo pone Miroff), de hecho beneficiarían a los segmentos más ricos de la sociedad. Un estudio de Libertad y Desarrollo concluyó que si la educación superior fuese “gratuita” en Chile (y por “gratuita” léase “financiada por los contribuyentes”), el 41% de los recursos iría a pagar la educación del 20% más rico, y solo el 9% se destinaría para financiar al 20% más pobre. Como el columnista del Miami Herald Andrés Oppenheimer ha documentado en repetidas ocasiones, la educación superior “gratuita” en América Latina beneficia de manera desproporcionada a aquellos de ingresos más altos (y perjudica la calidad de la educación).

Las razones detrás del giro hacia la izquierda de Chile se han explicado en otros lugares (en inglés). Pero por el bien de la historia de éxito más destacada de América Latina, y por el ejemplo que brinda para el resto de la región, es importante enfrentar el mito propagado por la izquierda de que el sistema de libre mercado de Chile es algo que necesita un arreglo radical mediante impuestos más altos e intervención del Estado.

Juan Carlos Hidalgo es Analista de Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute.

Tomado de elcato.org