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Acarreando el fraude electoral

EDUARDO BOWLES 

Con las nuevas reglas del juego definidas por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), votar en las provincias o en las áreas rurales será determinante y la victoria dependerá mucho de la capacidad de acarrear gente de un lado para otro.

Por eso es que no sorprenden las denuncias de traslados masivos de electores que se han estado dando en los días previos al cierre de la fecha tope del empadronamiento. El caso más alevoso se ha dado en San José de Chiquitos, donde sospechosamente aparecieron más de un millar de nuevos inscritos, personas supuestamente llevadas desde Cochabamba, por lo que el alcalde de la localidad, Germaín Caballero ha solicitado a la autoridad correspondiente revisar cada nombre para evitar el fraude.

Hablar de mil electores no parece mucho, pero de acuerdo al mapa definido por el TSE, la incidencia de esos votantes puede ser determinante, no sólo en San José. Tan distorsionada está la situación, que tres sufragios de ciudadanos de la zona urbana de
Cochabamba equivalen a uno solo de Pando cuando se trata de la elección de diputados uninominales. En otras palabras, para elegir a un representante en el departamento norteño se necesitan algo más de 55 mil votos, lo que en la capital valluna equivaldría a 195 mil. No hace falta ser matemático ni opositor para darse cuenta de la estrategia subyacente a esta enajenada forma de democracia.

Acarrear votantes, recurrir al voto comunitario y poner las elecciones a merced de los movimientos sociales es un grave peligro del que ya se tienen negros antecedentes en las elecciones pasadas. Ese riesgo se lo puede ver con nitidez en el departamento de La Paz y las denominadas circunscripciones especiales asignadas a los pueblos originarios. En
esa región la distorsión entre el voto indígena y el voto urbano es de 5 a 1 en la jurisdicción en la que votan algunas de las nacionalidades definidas en la Constitución. Allí un diputado podría ser elegido con 41 mil votos, mientras que la población promedio en las otras
circunscripciones llega a casi 200 mil.

En el oriente boliviano, donde hay etnias que están en vías de desaparición y aún así figuran como naciones, con derecho a tener representación en el Congreso, un diputado uninominal podrá ser elegido hasta con dos mil sufragios, lo que resulta ser un despropósito en relación una de las zonas electorales con mayor número de votantes que se encuentra en El Alto, con más de 215 electores, según el Censo.

El mapa inicialmente definido por el Tribunal Supremo Electoral era peor, pero las distorsiones permanecen, tal como se ha podido demostrar. Bolivia tiene un 70 por ciento de población urbana, que el 18 de octubre próximo valdrá cuando mucho un tercio de la cifra original. Se espera que al menos las autoridades puedan reaccionar y
poner alto a lo que aparentemente, es la consumación del más grande fraude cometido en el país. El TSE tiene la palabra.

Tomado de eldia.com.bo

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