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Preelectorales: 5 desafíos de la oposición

IVÁN ARIAS

Durán Wálter Núñez, economista y exministro de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (2001-02), mediante un extensa misiva me invita a una reflexión sobre la oposición boliviana a la luz de la reciente experiencia colombiana, donde Iván Zuluaga venció a José Manuel Santos en una primera ronda, con base en un programa y actitud claros y sinceros para con sus ciudadanos.

Waltico, que vive en el exterior, indica que la oposición boliviana -si quiere convertirse en alternativa- debería aprender de Colombia y Panamá, y no sólo de Venezuela. Es cierto. La oposición boliviana no sólo requiere unirse, sino entender muy bien el país que se ha labrado en estos años de populismo disfrazado de socialismo, pero de capitalismo salvaje y clientelista en los hechos.

Hoy tenemos una sociedad que se expresa a través de unos movimientos sociales corrompidos y prebendalizados. El corporativismo boliviano se caracteriza por oponerse al Estado para terminar coligado con él. Los dirigentes sindicales, barriales, campesinos, indígenas y de toda laya han desarrollado la cultura de la prebenda y el engaño, tanto a los mandantes como a los mandados. Sobre la base de reivindicaciones legítimas de la sociedad han aprendido las mañas para eternizarse en sus cargos para presionar y chantajear a las autoridades públicas con el fin de obtener beneficios personales. Se erigen como los únicos, imbatibles e imprescindibles protectores de su sector, para lo cual montan un séquito de lambergos y matones que se encargan de identificar y acallar a los rivales emergentes.

¿Cómo poner orden estatal en estos sectores sociales que, en algunos casos, rayan en lo delincuencial? Narcotráfico, contrabando, corrupción y violencia encubierta son medios de acumulación económica y política que han adquirido carta de ciudadanía entre determinados movimientos sociales. Bolivia tiene hoy más de 800 ciudadanos en el exilio y decenas de presos políticos sin que ningún sector social salga en su defensa.

En estos años se ha empoderado el nacionalismo geológico, disfrazado de pachamamismo, que tiene como política y estrategia incrementar el ejército de pobres, conformándolos con muy poco, pero reforzando su condición de víctimas de 500 años de explotación y exclusión.
La táctica consiste en administrar mal lo poco que se tiene, destinar una buena parte de los bajos ingresos a la compra de loterías, prestes, compadreríos, etcétera, y que no falten las frecuentes borracheras (comparsas-prestes) y consecuentes acciones de violencia intrafamiliar. El desprecio por la superación personal es una de las claves del nacionalismo geológico.

Es más, si se es estudiante, la clave está en no estudiar mucho, pues basta con medio escuchar las "necedades” que hablan los profesores. Al fin y al cabo la educación no nos cuesta nada y tarde o temprano el "profe” le pondrá el 100, aunque sea por cansancio.
Por otro lado, tenemos un sistema de partidos y agrupaciones políticas que se resisten a renovarse y que prefieren seguir en la incestuosa práctica de la endogamia. Verticalistas, caudillistas y sin democracia interna, no permiten el flujo y reflujo de líderes.
Sus vetustos cabecillas pregonan inclusión, modernidad, autonomía y democracia para afuera, pero internamente son férreos practicantes del autoritarismo.

Con un país así, es obvio que tengamos un gobierno así. Un Gobierno que se ha dedicado a envilecer, degradar y enlodar las esperanzas de cambio y salto al futuro. Como por receta, el régimen ha envilecido la democracia para fines autoritarios y utopías retrogradas. Ha envilecido lo indígena y las ansias de inclusión para manosearlo y ponguearlo a su antojo. Ha envilecido la autonomía en favor de un centralismo que no se inmuta en usar todos los poderes para reducirla a su mínima expresión.
En ese sentido, a la oposición no debería interesarle sólo ganar las elecciones, sino ganar al país hacia un viraje sincero.

Waltico plantea que "la candidatura única es moral e imperativa para poder respirar un aire límpido y transparente, pues el que ahora respiramos es fétido. Los opositores, por deber patriótico, tienen que superar sus rencillas y ambiciones personales y unirse. Sin unidad, no se podrá recuperar la institucionalidad democrática y se la habrá perdido, quien sabe hasta cuándo”.

Coincidente con mi opinión, Núñez concluye su carta proponiendo 10 puntos básicos "para que Bolivia construya su futuro, sin excluidos, sin corrupción y con profundo respeto a los ciudadanos y a las leyes de la República:

1. La reestructuración integral del sistema judicial y del Ministerio Público, para garantizar el pleno e innegociable cumplimiento de las leyes y recuperar la confianza en el Estado.
2. La reestructuración absoluta del Órgano Electoral Plurinacional, dotándolo de conductores y sistemas probos para ejercer la función de árbitro electoral con plena imparcialidad.
3. El reencauzamiento del rol de las Fuerzas Armadas de la Nación y de la Policía Boliviano como instituciones básicas del Estado, ajenas a intereses partidarios y plenamente capacitados para defender la heredad nacional, garantizar la paz interna y la seguridad ciudadana.
4. La construcción y/o recuperación de las autonomías departamentales y municipales, para profundizar el gobierno de los ciudadanos.
5. El fortalecimiento del aparato productivo nacional con políticas y programas que incentiven la inversión privada, nacional y extranjera, eliminando el intervencionismo así como la competencia desleal estatal.
6. El imperio de la ley y el fortalecimiento de las capacidades públicas para la lucha contra la corrupción, el contrabando, el narcotráfico y la delincuencia, que en su conjunto desintegran al Estado y a la sociedad.
7. La reinserción de Bolivia en la comunidad internacional, sin tutelajes externos que nos ordenen con quien hablar, a quien visitar y a quien estimar u odiar.
8. La puesta en marcha de políticas de Estado para que el aprovechamiento integral de los recursos estratégicos del Estado pueda generar recursos destinados a la reinversión productiva y la expansión de la inversión social.
9. La construcción de una política de Estado permanente para lograr el objetivo irrenunciable de recuperar el acceso pleno y soberano a las costas marítimas.
10. La construcción de un proceso de unidad nacional, basado en nuestra extraordinaria diversidad geográfica, étnica y cultural.

Iván Arias Durán es ciudadano de la República Plurinacional de Bolivia.

Tomado de paginasiete.bo 

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