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Europa en crisis y políticos en falso debate

ARMANDO MENDEZ

Bolivia, como varios países de América Latina conocieron a fines de siglo XX procesos hiperinflacionarios y depresivos como consecuencia de crónicos déficits fiscales. Los financiaban tanto con deuda externa como con creación de dinero por parte de los bancos centrales. Y esto último es lo que quieren los socialistas europeos que se haga como solución a su grave crisis económica.

La crisis europea está desatando planteamientos aparentemente serios por parte de la izquierda, pero que en el fondo expresan desconocimiento de cómo funcionan los mercados. Sostienen que los gobernantes están siendo desplazados para ocupar por otros provenientes de la derecha y que son exponentes de los mercados financieros.  Lo que sucede es que hoy como nunca los gobiernos requieren de gente experta en economía, que tengan conocimiento sobre el funcionamiento de los mercados financieros, porque ahí esta el problema, y no por los eternos demagogos que son los políticos puros. Aun así están lejos de resolver los problemas financieros, de manera inmediata, porque estos se generaron y acumularon en varias décadas por la negligencia y el populismo de los gobiernos socialistas light.

Sostienen que la democracia está desapareciendo porque sus gobiernos tienen que obedecer al Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Unión Europea. En verdad no quieren aceptar reglas de disciplina fiscal que ahora se hacen de ineludible cumplimiento, expresan nostalgia de los tiempos en que gastaban a manos llenas dinero que se prestaban, buscando el aplauso popular fácil, y que es la causa de la crisis actual. Dicen que Grecia, Portugal, España e Italia ya están gobernados por la troica y no por la democracia de sus pueblos. Critican a Alemania porque está en una posición que defiende a los acreedores, posición completamente entendible porque los otros países de la Zona del Euro son sus deudores. Y todo acreedor tiene el derecho de asegurar la recuperación de lo prestado. ¿O creen que se debe condonar, porque seguramente Alemania explotó a sus vecinos en la lógica obsoleta marxista de la explotación, y de ahí viene la deuda? Llaman a levantarse contra los mercados financieros.

En esta misma línea de pensamiento se ubica un editorial de Página Siete,  periódico de la ciudad de La Paz, que cree que el camino de la “democracia directa” debe utilizarse en momentos de crisis. Consultar a la población si está de acuerdo, o no, con medidas económicas duras. Por supuesto, que si se hace esta consulta sólo los que tuviesen conocimiento sólido de la grave situación, en los países europeos, votarían afirmativamente, pero no la mayoría, que intuye que son medidas que les significaría disminuir su bienestar económico en el corto plazo, y así sería. Con este resultado se agravaría la situación porque se entraría en una galopante inflación.

En otro editorial, también de Página Siete, se dice que la solución de la “crisis de la deuda” de la región de los años 80 del siglo pasado, se realizó bajo la dirección de destacados políticos en contraposición a Europa que estuviese queriendo hacerlo con tecnócratas. Lo que esos políticos hicieron fue enfrentar las galopantes inflaciones y hasta hiperinflaciones, luego que anteriores gobiernos no pudieron  controlar el creciente gasto público y la crisis de la deuda. A Bolivia se le condonó la deuda.

Bolivia, con un gobierno populista de izquierda, como fue el de la UDP de Siles Zuazo, prefirió llevar a la hiperinflación y con ello a la mayor depresión económica que registra  la historia económica de Bolivia, en lugar de ser serio al momento de enfrentar la crisis de la deuda de entonces, precisamente por no descontentar a los “movimientos sociales”. Sólo un gobierno responsable como fue el de Paz Estensoro, que le sucedió, se atrevió a tomar las duras medidas para enfrentar la hiperinflación desatada por su antecesor, con el famoso DS. 21060, que hasta ahora las “masas” y los movimientos sociales rechazan.

Los socialistas reafirman sus posiciones estatistas cuando nos recuerdan que los bancos centrales tanto en Europa como en EE. UU tuvieron que salir en ayuda de los bancos con problemas. Dicen: ¡Ven el Estado tiene que intervenir en la economía! Pero a continuación critican, “cómo es posible que millonadas de dinero se tengan que entregar a los bancos”. Parece que su posición es ¡Dejen quebrarlos!

Los bancos centrales en el mundo son “prestamistas de última instancia”, función que ejercen cuando un país enfrenta posibilidades de corrida de depósitos. Imaginémonos, por un momento, que los clientes de los bancos, por cualquier rumor, decidieran masivamente retirar su dinero que está depositado en los bancos. Ningún banco estaría en posibilidad de responder a este requerimiento porque ese dinero está prestado. A lo mucho los bancos reducirían todas sus líneas de crédito, paralizando con esto la actividad productiva, para luego quebrar. Los depositantes perderían sus ahorros. El paso siguiente sería la quiebra de muchas empresas productivas, generando una depresión económica, con alto desempleo, como ocurrió con la grave depresión mundial de los años 30 del siglo pasado.  Para impedir esto es que los bancos centrales de inmediato otorgan préstamos a los bancos con problemas. El interés no es salvar a banqueros, el interés es impedir que se genere un pánico bancario que destruya la economía.

El problema no está en este tipo de préstamos que otorgan los bancos centrales, sino en las razones que motivan una probable corrida de depósitos. En el caso de EEUU y de Europa los bancos han adquirido mucha deuda pública, desvalorizada por los mercados financieros, hecho que determina que sus activos se hagan menores a sus pasivos. Esto abre la posibilidad de que los depositantes masivamente quieran retirar su dinero.

Los izquierdistas no toman en cuenta que la producción de dinero siempre estuvo en manos de los Estados. Fueron ellos los que primero crearon e introdujeron el dinero en sus pueblos. El Estado aportó a sus sociedades con un “medio de pago” a cambio de obtener bienes y servicios sin haberlos producido. A esto en economía monetaria se denomina “señoreaje”. Luego los privados también aprendieron a crear dinero dando lugar a la formación de la banca creadora de dinero. Por lo dicho es que el manejo del dinero en cualquier economía corresponde a la política monetaria, atribución de los Estados. La banca, que también es creadora de dinero, está regulada por el Estado.

¿Por qué Alemania se opone a que el Banco Central Europeo compre masivamente bonos soberanos, vale decir, deuda de los Estados que componen la Unión Europea? Porque de hacerlo se impediría la disciplina fiscal de los gobiernos y se destruiría al euro como moneda de la región. Se aumentaría tanto la cantidad de dinero en euros que llevaría a su fuerte depreciación y de aquí a una inflación generalizada de precios. Desvalorizado al euro dejaría de ser una moneda demandada, lo que podría provocar el retorno de las monedas nacionales con sus dañinas depreciaciones cambiarias competitivas para “empobrecer al vecino”. Así, la economía europea globalizada desde terminada la segunda guerra mundial volvería a los tiempos previos, con ese nacionalismo económico característico, tan dañino para el desarrollo económico mundial, lo que llevaría a que esa región retroceda rápidamente, arrastrando en su caída a todo el mundo.

En lo que se equivoca Angela Merkel, canciller de Alemania, es creer que la solución viene si los países ceden “más competencias a las instituciones comunes”.  No, la solución está en dejar que los mercados operen libremente, flexibilizar completamente los mercados del trabajo, que estos hagan la asignación de recursos para la creación de riqueza; que los gobiernos luchen decididamente contra el déficit fiscal; que el Banco Central Europeo controle tanto la creación de dinero primario como la del dinero secundario que producen los bancos europeos, para lo cual debe haber una capitalización substancial de la banca. Eliminar el falso concepto de que la deuda pública es segura, es “soberana”, lo cual ha llevado a que el ahorro privado se dirija ahí. Los bancos tienen que aprender que prestar a los Estados es riesgoso, única manera de que se frene esos préstamos que fueron crecientes en el pasado.

No duda cabe que enfrentar décadas de despilfarro de recursos gubernamentales, gastos públicos excesivos, contratación innecesaria de gente, etc. es la forma de reducir el gasto público y el déficit fiscal. Y esta tarea es impopular, por tanto, no es para políticos sino para tecnócratas que no buscan el poder. De esta manera se impedirá que siga creciendo la deuda pública, origen de la grave crisis europea. Pero la disminución del gasto público genera, en el corto plazo, una caída de la demanda agregada y con ello de toda la producción. Lamentablemente, no hay otra solución. Hay que impedir que se dispare la inflación y hay que reducir los costos de la recesión económica. Esto los latinoamericanos lo sabemos muy bien.

Si se logra corregir esos graves desequilibrios la economía europea paulatinamente irá generando un aparato productivo más eficiente, un aparato estatal más pequeño y con menos obligaciones que las que ahora tiene. Por algo es una de las regiones más avanzadas del mundo, esto quiere decir que tiene buenos fundamentos, pero que urgentemente requiere despolitizar su economía.
La Paz,  12 de diciembre de 2011

*Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

Tomado de hoybolivia.com 

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