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La humildad liberal

JAVIER PAZ

Uno de los aspectos más sobresalientes del liberalismo es la humildad subyacente de sus postulados. Los liberales buscan limitar la intromisión del Estado en la vida de las personas, nada más. Califican como arrogante, equivocada y dañina la noción de que el Estado sabe más que usted mismo sobre lo que a usted le conviene. Consideran que el Estado debe procurar ciertas libertades para que cada persona sea la responsable de la búsqueda de su propia felicidad. En contraste, las ideas socialistas no solo prometen el bienestar material de todos y cada uno de los ciudadanos, sino también su felicidad. ¡Tremenda pedantería!

Un orden social liberal no garantiza que no habrá pobres ni desdichados, porque la pobreza tiene causas que son autoinfligidas, como la flojera, y también causas producidas por el azar, como un desastre natural o el descuido de los progenitores. Igualmente, la desdicha tiene muchas fuentes propias como la envidia, la baja autoestima, hasta causas ajenas a uno como la muerte de un ser querido. El liberalismo no promete hombres nuevos, perfectos y felices.

El liberal no se atribuye conocimientos sobre qué es lo mejor para usted, ni pretende saber si un agricultor debe sembrar maíz o soya. A diferencia de los intelectuales socialistas, que bordean en pretensiones de clarividencia y omnisciencia, el liberal considera que el entendimiento humano es muy limitado y que lo prudente es que cada uno tome sus decisiones en lo concerniente a sus propios asuntos y deje a los otros en paz para tomar las suyas. El liberal sabe que uno puede equivocarse tomando sus propias decisiones, pero que la alternativa de dar el poder de decisión a un grupo de burócratas sobre el bienestar de millones de personas es peor, que generalmente es contraproducente y no pocas veces peligroso… ¡no existe dictadura, por más sanguinaria e inhumana que sea que no proclame actuar por el bien de la humanidad!

Pero aunque el liberalismo es tremendamente limitado en lo que ofrece, al menos comparándolo a las grandilocuentes promesas de los socialistas con sus hombres nuevos, con su nuevo orden mundial de bienestar y felicidad para todos, la experiencia histórica es que los experimentos socialistas han resultado en un empobrecimiento, acompañado de una desmoralización y una infelicidad colectiva, mientras que las sociedades que más se apegan al ideario liberal prosperan, reducen la pobreza y generan mejores condiciones para que la gente logre sus objetivos de vida.

Tomado de eldeber.com.bo 

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