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Bolivia: ¿Política económica o laboral?

ROBERTO ORTIZ 

El Senado boliviano acaba de lanzar la norma que permite a los adolescentes o menores de edad –por no decir, niños- trabajar a partir de los 10 años por cuenta propia y a partir de los 12 años para un empleador. Inocentemente esta norma vela por los derechos de los un millón doscientos mil niños –según la OIT- que trabajan en Bolivia, sin embargo, más que algún beneficio, esta norma dañará a la sociedad de una forma incurable a corto plazo.

Contando con niveles abrumadores de pobreza conjugados con una fatal ignorancia, es fácil concluir que el problema de fondo no yace en los niños que supuestamente desean formar parte del mercado laboral, sino en sus padres, quienes tienen ahora un respaldo legal para obligar a sus hijos a trabajar, dejando de lado actividades no muy importantes –para ellos- a corto plazo, como ser los estudios primarios, secundarios e incluso el entretenimiento (necesario en el desarrollo de un niño). Sin olvidar mencionar el crecimiento saludable, pues me atrevería a afirmar con el peligro de equivocarme que el noventa y nueve por ciento de los trabajos que realizan estos niños son de cargamento pesado, de ventas callejeras y de actividades manuales, ergo, trabajos dañinos para su salud y nada provechosos para su mente en desarrollo.

Antes de aprobar una norma, únicamente para satisfacer la demanda de un sindicato de niños, incapaces mentalmente –por su edad- de ver el daño que acarrea su demanda, los senadores deberían hacerse la pregunta; ¿Por qué los niños están trabajando? Y la simple respuesta es porque la sociedad donde viven es tan improductiva y pobre que si los niños no trabajan, las familias se mueren de hambre. Un estudio de la OIT dice que: en las sociedades pobres –como la nuestra- los niños aportan al menos un cuarto de los ingresos de la familia, lo cual es imprescindible para el mantenimiento del hogar.

Por lo tanto, la solución al problema, no tiene nada que ver con políticas laborales, sino más bien con políticas económicas de libre mercado que permitan a los padres de esos niños acumular mayor capital y trabajar con mayor eficiencia. Tenemos el ejemplo de muchos países en el mundo, que han salido de la pobreza implementando un sistema capitalista; sin embargo, no existe ningún ejemplo de país que haya salido de la pobreza legalizando el trabajo de sus niños. Tal vez detrás de esta ley se esconda la perversa intención de tener a largo plazo una sociedad aun más pobre, ignorante y dependiente para así poder ser moldeada y gobernada por un dictador y su club de burócratas. Una sociedad de subordinados sin educación, es una sociedad extremadamente fácil de manipular y además uno de los principales requerimientos del sistema socialista.

Debemos entender que el trabajo infantil no desaparece porque se promulgue una ley que diga que los niños pueden o no trabajar; este desaparece porque la economía, gracias al libre mercado, se hace tan intensiva en capital, permite producir tanto, que papá y mamá trabajan pero los niños no tienen que hacerlo, ellos estudian y se forman para gobernarse y trabajar por sí mismos; no para ser gobernados ni mantenidos del estado.

Tomado de eldia.com.bo