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Los valores de 1825

EDUARDO BOWLES 

Los héroes de la Independencia de Bolivia vivían mejor en el sistema colonial. Casi todos eran criollos, hijos de españoles acaudalados, con educación, bienes de sobra y plenos derechos, salvo las restricciones que les imponía la corona por no haber nacido en la Península Ibérica. Incluso los indígenas tenían más protección que ahora, con un Proceso de Cambio que ha llevado muy poco de su discurso a la práctica.

Nuestros nativos siguen arrinconados, vomitando sus pulmones en el Chapare, mascullando su miseria en el Chaco, bebiendo agua contaminada por las minas, resistiendo los atropellos del régimen en el Tipnis o subsistiendo en el Altiplano con lo que sea, incluyendo el narcotráfico y la protección del contrabando.

El famoso mártir Túpac Amaru cambió los lujos de la vida que le había asegurado el hecho de ser hijo de un español por una rebelión dura en busca de la libertad que lo llevó a una muerte cruel. Bolívar, Sucre, San Martín, Juana Azurduy, el Moto Méndez, Warnes, Belgrano y Murillo no midieron las consecuencias económicas, ni pusieron como valor fundamental el asunto monetario o el “vivir bien” cuando emprendieron su epopeya en busca de la independencia de América.

Lamentablemente Bolivia cayó en manos muy mezquinas, en un conjunto de individuos oscuros que cambiaron de disfraz de realistas y de la noche a la mañana se hicieron pasar por patriotas. Inmediatamente tiraron al tacho de la basura los valores sobre los que se había establecido la nueva república, aquellos principios que Bolívar y Sucre defendieron hasta la muerte, de traidores e impostores que pese a todos los matices que han adquirido no han dejado de gobernarnos ni un minuto, muy lejos de lo que habían soñado aquellos héroes olvidados y en ocasiones tergiversados, como lo hizo reiteradamente el autócrata Hugo Chávez, quien quería hacer pasar al Libertador como un populista, autócrata y tirano, para justificar sus tropelías.

El último gran golpe a los valores nacidos en 1825 fue ejecutado durante el gobierno actual, con el inicio de la aniquilación del modelo republicano, cuya esencia es la división de poderes, el respeto al pluralismo y la libertad de expresión. Durante estos nueve años se ha tratado de convencer a la población que el Estado es sinónimo de gobierno y que el gobierno es un partido, una persona, un caudillo, lo más parecido a la reproducción de la era colonial, con un rey absolutista al mando y una sociedad estructurada en base a castas, totalmente racista y excluyente.

Para colmo se nos dice que esto es “vivir bien” y para que nadie hable de libertad, de recuperar los valores ancestrales y para que a ninguno se le ocurra reclamar por la revolución moral que prometieron y que necesita el país, se nos dice que primero está la economía, que hay plata de sobra en el mercado, que los negocios van bien, que las exportaciones, las reservas, el dinero circulante, etc. etc.

Dicen que esta será la mejor carta de presentación del oficialismo para ganar las elecciones de octubre y no solo seguirán adueñándose de una conquista ajena, que es de los “sucios neoliberales” del pasado y de los “indeseables capitalistas” que nos pagan tan bien por el gas y los minerales, sino que se encargarán de sepultar todos aquellos valores que alguna vez nos hicieron pensar en la libertad y en la independencia, todavía pendientes.

Tomado de eldia.com.bo

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