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República y presupuesto público

VÍCTOR PAVÓN 

El presupuesto estatal es un instrumento de asignación financiera de los ingresos y gastos previamente autorizados por el pueblo por medio de sus representantes. Esta concepción del presupuesto impera en la academia y en la práctica.

Como se notará, la tendencia tiene un fuerte sesgo técnico. Sin embargo, si se sigue avalando el mero tecnicismo seguiremos alimentando al Leviatán, a aquella idolatría estatal cuyo propósito no es más que la destrucción del orden político de la libertad. En mayor o menor grado, esto está ocurriendo en Paraguay, como también en aquellos países desarrollados en los que supuestamente se da un mejor ambiente institucional. Y no tanto. La realidad es que en todas partes los escandalosos despilfarros así como los detestables privilegios de los gobiernos denunciados por la prensa libre son muestras de aquella tendencia en el tema presupuestario.

Más que una cuestión técnica, el presupuesto es mucho más que eso, es un tema que hace a la República, a la sociedad libre. El ciudadano, el hombre libre es el centro de esa sociedad, y no el Estado o sus ocasionales gobernantes que constantemente violentan e impiden la libre cooperación entre los individuos.

El gasto público, por ello, únicamente se justifica para garantizar la vida, la libertad y la propiedad de los habitantes. Infelizmente, esta visión republicana ha sido relegada. Y sucedió con la puesta en funcionamiento de la Constitución en 1992 que desde entonces muestra el incremento exponencial del gasto sin la eficiencia y la calidad requeridas.

En la práctica, no se trata únicamente de que los aumentos sugeridos por el Ejecutivo, vía Ministerio de Hacienda, no superen ciertos límites deficitarios en relación al Producto Interno Bruto (PIB), tal como asigna en el presente la ley de responsabilidad fiscal. Esto está bien y ha sido un paso correcto. No obstante, sigue siendo insuficiente.

Lo que ha ocurrido es que el presupuesto se ha desnaturalizado debido a que se considera que el gasto debe indefectiblemente ser superior en relación al anterior año fiscal. Esto es lo que se ha dado en llamar el crecimiento vegetativo presupuestario que en todo momento considera un gasto superior en relación al año anterior. Es así como las nuevas partidas presupuestarias encuentran el camino allanado para su aprobación.

Esto es un error que se sigue cometiendo a la fecha. Así solo se mantienen intactas las fuertes y permanentes influencias políticas. Se daña de esta manera no solo la calidad del gasto ya aprobado sino también se llega a la falta de contrapartida de dinero. No es de extrañar entonces el financiamiento del gasto mediante endeudamiento y emisiones monetarias sin respaldo alguno que terminan por afectar negativamente la calidad de vida de aquellas personas más pobres a las que supuestamente van dirigidos aquellos gastos mal llamados "sociales".

De ahí que deberíamos partir de algo muy sencillo, un principio que no tiene oposición ideológica, en cualquier lugar del mundo. El mismo consiste en que los recursos son siempre escasos y más todavía si se los extrae vía compulsiva a los ciudadanos para destinarlos al presupuesto público. El enfoque presupuestario, por tanto, tiene que ser diferente. Una manera de contar con presupuestos no solo equilibrados sino también transparentes y bajo el control de la ciudadanía de modo a no tener que dejarlos a merced de los políticos, es el presupuesto base cero. El mismo se fundamenta en que las cifras del año anterior no deben tomarse en cuenta como una prioridad y que la gestión se ciñe por resultados.

En nada se favorece a la República si el presupuesto tiene como punto de referencia únicamente los gastos del año pasado. Esto permite justificar el aumento del gasto sin la calidad requerida. El presupuesto base cero, no implica desatender las obligaciones adquiridas en el anterior año. Se pretende más bien volver eficiente la calidad del gasto y que las obligaciones hechas con cargo al Estado tengan rendición de cuentas. Además, permite la medición de los resultados obtenidos, de manera que si corresponde un aumento del gasto, entonces solo así el mismo tendrá su aprobación.

De esto y más ciertamente se trata el presupuesto, reconocido como el segundo contrato político, luego de la Constitución , en los países que se dicen llamar República.

Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

Tomado de elcato.org

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