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El dilema del náufrago

ROBERTO CACHANOSKY

Imagine que Ud. está solo en una isla luego de naufragar. Tiene hambre y ve un cocotero. La única manera de comer uno de los cocos es treparse al árbol utilizando una cuerda que rescató del naufragio.

Toma la decisión y trabajosamente se sube al cocotero. Cuando llega a los cocos logra desprender, con gran esfuerzo, 4 cocos. Lo suficiente como para comer ese día. Baja y está con los brazos y piernas sin más fuerza. Esta tarea de treparse al cocotero le lleva varias horas y es tan extenuante que luego de realzarla le quedan pocas fuerzas para realizar otras tareas, como mejorar el techo de su choza o hacerse una cama más confortable.
Un día ve varias maderas y ramas sueltas, además de más sogas del naufragio que trajo la marea. Se le ocurre, entonces, que en un solo día podría construir una escalera lo suficientemente alta como para subir al cocotero sin gran esfuerzo y bajar los cocos. Pero si se dedica a hacer la escalera, ¿qué comerá ese día?

Si come 4 cocos por día opta por comer 3, guardar 1 por día, y así al cuarto día tiene 4 cocos para alimentarse. Empieza entonces un período de 4 días de ahorro de 1 coco por día que le permitirá tener un día completo de alimento para poder dedicarse a fabricar su escalera y ese día no tendrá que treparse al cocotero para tener su alimento diario.

Transcurridos los 4 días ya tiene un ahorro de 4 cocos que le permitirá concentrarse en la escalera. Ese día se levanta temprano, construye la escalera y la prueba.

Resulta que antes le llevaba 4 horas treparse al cocotero, bajar los 4 cocos y terminaba tan extenuado que no tenía más fuerzas para hacer otra cosa. Ahora, con la escalera, que es un bien de capital, puede subir hasta donde están los cocos en pocos minutos, sin gran esfuerzo físico, puede desprender 16 cocos. Es tan fácil mantenerse en lo alto y desprender los cocos que logra los 16 cocos en menos de media hora.

Feliz de la vida ese día se sienta a la sombra a descansar y contempla los 16 cocos que consiguió en media hora. Esto es aumentar la productividad, se dice a sí mismo. Pero recuerda las teorías económicas de la isla k y se pregunta: ¿soy más rico ahora o soy más pobre? De acuerdo a los k soy más pobre porque no tengo trabajo.

Me sobra el tiempo. Ya no tengo que subirme trabajosamente al cocotero a bajar 4 cocos. Ahora, con este stock de capital llamado escalera, consigo 16 cocos que no voy a consumir porque no como tantos cocos por día y me queda el resto de la jornada sin hacer nada.
Pero su subconsciente le dice que algo está mal. Y entonces recuerda el discurso de algún economista que en la isla k llamaban destituyente y neoliberal. Ese economista destituyente le repica en el cerebro con esta teoría. Ud. tiene varias opciones con los cocos que le sobran. Una opción es que tiene alimentos por 4 días, así que como por 4 días no tiene que subirse a la escalera para bajar cocos, puede destinar todo un día a arreglar el techo de la choza, el otro día libre a hacerse una cama más confortable y otro día a descansar. Si opta por esta alternativa, al cuarto día comió normalmente, a la choza ya no le entra agua cuando llueve porque pudo arreglar el techo, tiene una cama más confortable y además pudo tomarse un día de vacaciones. ¿Es más rico o es más pobre?

Pero en su cabeza de náufrago le sigue repiqueteando el discurso k según el cual el modelo neoliberal genera pobreza y desocupación. El tema es que Ud. siguió la receta del neoliberal recalcitrante que, según los k, disfrutan viendo a la gente morirse de hambre por la calle y haciendo ajustes salvajes. No le cierra nada. Los k le dicen que si sigue la receta liberal va a ser más pobre, pero mira lo que consiguió y tiene mejores condiciones de vida, más alimentos y tiempo para el descanso.

Pero Ud. sigue pensando y se dice: una vez que arreglé la choza y me hizo la cama confortable, ¿qué hago con los 16 cocos que puede bajar por día? Ya tiene arreglada la choza, duerme mejor pero le sobran 12 cocos por día. Axel le diría que Ud. es un desocupado porque no tiene más nada para hacer. El neoliberal le diría: bueno, baje los 16 cocos, 4 los come y los otros 12 los cambia con los isleños vecinos. A unos les entrega 4 cocos por pescados, otros 4 cocos por bananas de la otra isla y los restantes 4 cocos los intercambia por ropa que producen en la isla del norte. Así tendrá para comer cocos, pescado y bananas, dispondrá de ropa nueva y, además, disfrutará de una cama más cómoda y una choza que no se le llueve.
Su cabeza le estalla porque ve que mejora su calidad de vida, accede a más bienes y sin embargo la teoría k le dice que Ud. es más pobre con la receta liberal.

Es que le resuena en la cabeza el argumento de Axel, que le dice que si Ud. importa peces, bananas y ropa de las otras islas, su economía termina destruida por la competencia desleal de los aldeanos vecinos. Le repica en la cabeza eso del modelo de sustitución de importaciones. De vivir con lo nuestro. La retórica de que si compra productos de las islas vecinas deja sin trabajo a los que viven en su isla. En este caso Ud. se queda sin trabajo.

Imagina un diálogo con Axel y Ud. le dice: pero Axel, si importo ropa, peces y cocos es porque exporto más cocos. Para poder exportar más tengo que importar más por definición. Si entrego cocos a mi isleño vecino (exporto cocos) y el me entrega peces (importo peces) aumentan tanto mis exportaciones como mis importaciones. Los dos estamos mejor.

Pero Axel le insiste que su razonamiento es una ilusión óptica. Un invento de los liberales que conspiran contra su bienestar. Por definición si el isleño de vecino hace el intercambio es para perder. Ud. tiene que exigirle que si hacen el intercambio su vecino pierda. Y Ud. dice. Lo de Axel debe ser cierto. Después de todo es economista y progre. Los otros economistas como Cachanosky son unos liberales que disfrutan viendo a la gente en la pobreza, según me dicen los progres. Además siempre me traen malas noticias.

Mejor sigo los consejos de Axel y no intercambio mis cocos con la ropa, los peces y las bananas de las islas vecinas. Voy a proteger mi industria nacional. Mi fuente de trabajo. Y si el habitante de la isla vecina quiere hacer un intercambio me tiene que jurar que yo gano y el pierde.
Pero se queda pensando y dice: si Axel tiene razón, me sobran los cocos que no voy a comer y tampoco voy a intercambiar por bananas, peces y ropa. ¿Qué hago? De ahora en más solo voy a bajar los cocos que necesito.

Pero medita un segundo más y dice: ¿y para qué quiero la escalera si necesito solo cuatro cocos por día? Mejor la destruyo a ver si me entusiasmo y cometo el error de bajar más cocos y me fundo intercambiando bienes con los de las islas vecinas.

El tiempo pasó. Ud. volvió a treparse al cocotero con una cuerda, bajando solo cuatro cocos diarios. La choza volvió a romperse. La cama se fue rompiendo y terminó como el día antes de construir la escalera. Eso sí: ahora era soberano. No dependía para vivir de los buitres de las islas vecinas y podía cantar: este es mi proyecto nacional y popular.

Tomado de economiaparatodos.net 

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