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La revolución energética del norte

plataforma-petroliferaIAN VÁSQUEZ 

Petro-Perú anunció esta semana que después de 20 años volverá a producir petróleo. Retornará a la explotación con un proyecto en Loreto.

Vale señalar que hay una revolución energética en el norte, pero no en el norte del país, sino en Norteamérica, principalmente en EE.UU. Está transformando la geopolítica y el mercado global y ofrece lecciones para países productores como el Perú.

Hace tan solo siete años se empezó a disparar la producción energética en EE.UU. debido al ‘shale’ gas y petróleo, llamados así por ser explotados en roca esquisto de manera no convencional. En el 2000, ‘shale’ representaba el 1% del gas que usaba EE.UU.; desde 2007 su producción aumentó en más de 50% cada año y ahora constituye el 39% del gas producido en dicho país. Asimismo, la producción estadounidense de petróleo ha incrementado en más del 50% desde 2008. Según Mark Perry, de la Universidad de Michigan, EE.UU. recientemente sobrepasó a Arabia Saudí como primer productor de petróleo en el mundo.

De ser un país que en 2005 importaba la mayoría del petróleo que consumía, EE.UU. ahora importa solo el 28% —y está a la baja—. El impacto económico ha sido importante. El precio del gas se ha derrumbado, beneficiando así a empresas y a los consumidores estadounidenses. Texas y Dakota del Norte, los estados donde se está dando esta revolución, han experimentado crecimiento económico y una bonanza de trabajos. De ser el quinto estado más pobre de la nación en 1997, Dakota del Norte llegó a ser el segundo más rico en términos per cápita el año pasado.

Con la baja del precio del gas, EE.UU. ha reducido notablemente el consumo de carbón, que contamina mucho más. Desde el 2007 las emisiones de gases de efecto invernadero empezaron a caer en EE.UU. en términos totales y per cápita, algo que no ha sido resultado de tratados internacionales o directrices estatales.

La explosión de productividad energética en EE.UU. tendrá otros efectos internacionales. El precio del petróleo va a seguir cayendo. Lo mismo ocurrirá con el precio internacional del gas en la medida que se globaliza el comercio de ese bien. Los países cuyas economías se basan en la producción de petróleo perderán influencia y recursos, peor aun si sus gobiernos controlan la producción. Esto es una mala noticia para Rusia, Venezuela y las naciones del Golfo Pérsico.

La revolución del ‘shale’ también ocurre en Canadá. Para Piotr Kaznacheev, de la Academia Rusa de Economía Nacional y Administración Pública, no sorprende que estos cambios hayan ocurrido en países en donde predominan empresas privadas de todo tamaño, donde hay mucha competencia, derechos de propiedad, seguridad jurídica y regímenes regulatorios e impositivos razonables. Ese ambiente ha permitido que surjan inversionistas dispuestos a financiar proyectos económicamente riesgosos, así como empresarios independientes que proponen ideas y tecnologías absolutamente novedosas. Es así como ha ocurrido la revolución energética del norte.

Los mexicanos se han dado cuenta de que la revolución en Texas se detiene en la frontera de su país, lo que prueba que las instituciones juegan un papel clave. Es una de las razones por las que están por fin abriendo su sector energético dominado hasta ahora por Pemex. El incompetente monopolio estatal ha hecho que México tenga que importar gas y la mitad de la gasolina que consume. En México, la electricidad para usos industriales cuesta 80% más que en EE.UU.

La mayor eficiencia de empresas petroleras privadas ha sido bien documentada por el estudio de Kaznacheev. Pemex no está siendo privatizada, pero por lo menos México va en la dirección correcta al permitir el sector privado en esa industria. En cambio, no tiene sentido que el Perú resucite una empresa estatal petrolera.

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Tomado de elcato.org