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La función social del lucro

AXEL KAISER

En la columna anterior vimos que toda persona que entra en una relación de intercambio lucra, pues espera un beneficio de lo que está recibiendo a cambio de lo que está entregando. Ambas partes son, por tanto, deudor y acreedor al mismo tiempo.

Si usted compra una casa, por ejemplo, usted debe el dinero y el vendedor debe la casa. Cuando un estudiante va a la universidad ocurre lo mismo: él debe el dinero, o más bien lo que el dinero representa, y la universidad debe el bien de inversión que es la educación. Ambos lucran, es decir, se benefician, de lo contrario no existiría relación de intercambio voluntaria. Esto significa que el mercado, que es el conjunto de relaciones de intercambio voluntarias, solo puede existir si todos los involucrados consideran que se benefician de las transacciones que realizan.

El mercado es así un orden democrático por excelencia en que cada persona decide, dentro del desarrollo de su proyecto de vida, qué la beneficia y cuánto está dispuesta a dar para conseguir aquello que valora. Esto, a su vez, presupone un conocimiento que solo puede tener cada persona, pues nadie puede presumir saber mejor que nosotros lo que valoramos. Quien desee ganar dinero en este contexto no tiene más remedio que ver qué es lo que la gente quiere y ofrecerlo a los precios que esté dispuesta a pagar. Un empresario es así un mandatario de los consumidores que son en su mayoría trabajadores: no puede ofrecer otra cosa que la que estos quieren, ni cobrar otro precio que el que estos quieran o puedan pagar, de lo contrario quiebra. Así, el empresario, aunque no sea su intención, cumple una de las funciones sociales más importantes en una comunidad: la de colaborar con sus miembros mediante la creación de aquello que estos valoran y necesitan.

Sin emprendedores no puede existir ningún tipo de riqueza y las personas estaríamos obligadas a vivir en la extrema miseria, como fue la regla general en casi toda la historia humana. Ahora bien, es el lucro lo que indica si el empresario está cumpliendo con el mandato de los consumidores, es decir, si acaso está produciendo aquello que estos necesitan y valoran en un mundo de recursos escasos. Cuando en un mercado libre una empresa, sea del rubro que fuese, gana dinero, quiere decir que está cumpliendo con su rol de satisfacer deseos y necesidades de la comunidad. Si en cambio tiene pérdidas, significa que no está creando valor para la comunidad y esta la castiga haciéndola quebrar para que esos recursos se liberen y puedan ser usados por quien sí es capaz de cumplir ese rol.

Si usted, por ejemplo, pone un puesto de hot dogs con harina, manjar, aceite de bacalao y sal, lo más probable es que quiebre porque nadie comprará esa asquerosidad. Y gracias a la quiebra usted dejará de destruir todos esos recursos. Esa es la función social de las pérdidas, la que se aplica a toda actividad económica. Si en cambio hace excelentes hot dogs , ganará dinero, o sea lucrará, lo que le indicará que está satisfaciendo necesidades de los consumidores de buena manera. Esa es la función social de las ganancias, la cual es también aplicable a toda actividad económica, es decir, de creación y asignación de recursos. De ahí que sea una estupidez condenar el lucro. Pues, más allá de que es el gran incentivo para arriesgarse y crear riqueza, sin el lucro no existe ninguna manera de saber si se está efectivamente cumpliendo con las expectativas de la población en cuanto a producir lo que esta valora, en la cantidad que esta quiere, de la calidad que esta demanda, en el momento que esta lo desea y al costo que esta puede pagar.

La razón de por qué el Estado por definición no puede ser tan eficiente como el mercado, además de la corrupción y los problemas de incentivos por todos conocidos, es porque los burócratas, al no tener contabilidad con pérdidas y ganancias, no tienen cómo saber con exactitud si están o no satisfaciendo bien necesidades de la población. Pero hay más, porque detrás de la condena al lucro se esconde no solo la total ignorancia sobre cómo funciona la economía, sino un paternalismo autoritario intolerable en una sociedad democrática. Pues, como se ha dicho, las ganancias no son más que la expresión de aquello que las millones de personas persiguiendo sus fines declaran valorar. Si Alexis Sánchez se hace rico, es decir lucra, es porque mucha gente valora lo que hace. Lo mismo ocurre con cualquier empresa, sea esta del rubro educacional, recreacional u otro.

Desde un punto de vista moral entonces, quienes atacan el lucro lo que en realidad condenan son las decisiones libres de millones de personas, las mismas que dicen representar pero cuya capacidad y libertad de elegir en realidad desprecian profundamente.

Tomado de elmercurio.com 

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