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Control de precios y la leche

HUGO SILES 

Luego de ocho años de mantener los precios congelados, el precio de la leche PIL de 946 mililitros aumentó de cinco a seis bolivianos y, simultáneamente, se lanzó al mercado la leche del Elías a un costo de cinco bolivianos, la bolsa de 800 mililitros.

La alta sensibilidad de la demanda de leche ante la variación de su precio generó preocupación entre vendedores al detalle, familias y empresas que consumen este noble producto. La variación del precio de la leche es una cuasi cuestión de Estado y aún no comparable a los efectos en el nivel de precios general de un ajuste en el precio de la gasolina o una devaluación del tipo de cambio.

Ante el remezón en el mercado lácteo, las autoridades públicas y las empresas privadas que producen o comercializan el nutritivo elemento salieron a comunicar que el ajuste al precio de la leche a los productores pasó de 3,20 a 3,70 bolivianos y que los precios de venta finales incluían un aumento de un boliviano en determinados productos lácteos y no en todos.

Empero, el caso del control de precios de la leche no es el único, en Bolivia existe control de precios a productos estratégicos y de primera necesidad de la canasta familiar. Se plantean medidas explícitas e implícitas de control de precios al pollo, cerdo, refrescos, pan, tasas de interés, entre otros productos y servicios.

Los controles de precios son intervenciones del Estado para proteger la capacidad de compra de la moneda local -del boliviano-, señala Hugh Rockoff en Price Controls.
Los controles de precios fijan un precio máximo del producto por debajo del precio de equilibrio del mercado y la demanda se expande más allá de la oferta y generan escasez, afirman Walter Wessels y Thomas Sowell en Thinking Beyond Stage One.

En general, el control de precios para el productor significa una reducción de su excedente (ganancia), puesto que debe vender por debajo del precio de equilibrio de mercado.
En la medida que el control de precios sea más bajo respecto del precio de equilibrio, entonces el margen de ganancia para el productor será cada vez menor, hasta que su margen de utilidad sea cero, en cuyo caso el productor dejará de ofrecer bienes y/o servicios al mercado.

Para el productor el precio expresa los costos más el margen de utilidades que permite a la empresa reinvertir en tecnología, maquinaria, equipo, empleados y expandir las actividades económicas. Para la empresa el ingreso, que se expresa en el precio, es la sangre que da vida al corazón de la empresa. No dejar fluir el precio hacia arriba o hacia abajo es como limitar el torrente sanguíneo al corazón de la empresa.

El control de precios para el consumidor significa un incremento temporal de su excedente (satisfacción), puesto que puede comprar más productos a menos precio (al precio máximo fijado por debajo del precio de equilibrio de mercado), lo cual generará una expansión de la demanda y ante la parálisis o contracción de la oferta se generará una escasez con el consiguiente incremento del precio.

"Cuando el gobierno impone obligatoriamente un precio tope en un mercado competitivo, el producto se volverá escaso y los vendedores deberán racionar este bien entre un gran número de compradores potenciales”, señala Gregory Mankiw sobre los controles de precios.

En resumen: los controles de precios tienden a reducir el excedente del productor y del consumidor; es decir, la producción de bienes y el consumo de los mismos con la consiguiente generación de incremento del peso muerto en el mercado (ventas para el productor y compras para el consumidor).

En Bolivia ¿por qué no se genera escasez de leche bajo un sistema de control de precios? La respuesta estriba en que la demanda es aún inferior a la oferta, no obstante el meritorio y noble esfuerzo del Ministerio de Desarrollo Productivo y otros sectores públicos y privados por casi duplicar el consumo de leche en los últimos años.

Más allá de mantener la capacidad adquisitiva del boliviano a través de controles de precios, es preferible expandir la oferta para lograr la meta de un consumo per cápita de leche igual o superior al promedio de América Latina. Medidas de orden real, como la expansión de la producción a través del fomento a la industria, son la mejor cura a la inflación y la mejor alternativa para que nuestro Elías siga tomando leche.

Hugo Siles Espada 

Tomado de paginasiete.bo