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Piketty y el muñeco de paja

AXEL KAISER 

A estas alturas es tanto lo que se ha hablado de Piketty que conviene aterrizar las cosas para entender qué es efectivamente lo que dice el francés. Para ello partamos por dejar en claro lo que este no dice.

Piketty no dice que el capitalismo debiera ser reemplazado como sistema o que existe otro sistema mejor que el capitalismo. Según Piketty el capitalismo es, sin duda, el mejor sistema de organización económica. Quienes pensaron encontrar en Piketty una especie de Marx que condenara el capitalismo por su inmoralidad y resultados económicos se fueron defraudados. Lo que dice Piketty es que, siendo el capitalismo el mejor sistema, este tiene una contradicción inherente que puede llevarlo a sucumbir.

En eso de la contradicción efectivamente Piketty se parece a Marx, quien pensaba que el capitalismo, por la ley de acumulación de capital y la tasa de retorno decreciente sobre el mismo, terminaría colapsando. Pero Piketty dice lo contrario: el capitalismo es tan exitoso en generar riqueza que el retorno sobre el capital aumenta siempre y lo hace a una velocidad más rápida que el crecimiento de la económica o el retorno sobre el trabajo. Y como esto lleva a enormes desequilibrios entre trabajadores y dueños del capital, entonces para salvar al capitalismo de sí mismo el Estado debe intervenir e igualar.

Piketty lo que busca, entonces, es salvar y no terminar con el capitalismo. Pero además ojo: Piketty dice que bajo el capitalismo todos mejoran su situación. Que el retorno sobre el capital sea mayor al retorno sobre el trabajo no significa que no haya retorno sobre el trabajo o que este vaya decreciendo en términos absolutos. O sea, según el francés todos, capitalistas y trabajadores, estaremos mejor gracias al capitalismo.

El problema es que la tesis apocalíptica de Piketty se apoya sobre pies de barro. En primer lugar, de sus propios gráficos no se ve cómo concluir la ley de retorno creciente del capital que él señala, especialmente si se toman en cuenta los periodos de crisis económicas en que se pulveriza gran parte de la riqueza acumulada por quienes tienen capital financiero e incluso físico. En segundo lugar, simplemente no es efectivo, porque la evidencia lo refuta de manera categórica, el que, alcanzado un cierto nivel de riqueza esta se reproduzca sola y los ricos solo tengan que sentarse al sol a ver como esta aumenta igual que sus hijos. La evidencia lo que prueba es que hay una enorme "regresión a la media", es decir, que la riqueza acumulada en una primera generación tiende a perderse fácilmente en la segunda o tercera. Si usted toma la lista de las familias más ricas del mundo a principios del siglo pasado y la compara con la lista de los más ricos hoy por ejemplo, casi ninguna ha mantenido su estatus.

Es más, el ranking de la revista Forbes que Piketty cita lo que muestra es que los multimillonarios del año 1987 nada tienen que ver con los multimillonarios de hoy. Piketty dice que las fortunas se han incrementado desde entonces, lo que no dice es que los dueños de esas fortunas son otros. Y eso significa que el capital rota y cambia de manos, producto, entre otras cosas, de lo que Joseph Schumpeter llamara "destrucción creadora" y que consiste en la innovación que deja obsoleto medios de producción y tecnologías llevando a la quiebra de quienes no son capaces de mantener el tranco del cambio tecnológico.

Pero Piketty comete un error aún más fundamental: no solo no considera la innovación tecnológica sino que simplemente ignora el concepto de capital humano limitándose básicamente al capital físico y financiero. Pero, como ha indicado McCkloskey, el capital humano es hoy el más relevante de todos. De hecho, del ingreso nacional la mayor porción se la lleva el capital humano, esto es, los trabajadores calificados. Y si eso es así entonces no puede existir la tendencia de concentración de riqueza que cree haber descubierto Piketty y menos su potencial destructivo para el capitalismo. Por último, la desigualdad en términos absolutos -capacidad de consumo- en el último siglo ha caído de manera sideral algo que el mismo Piketty no cuestiona.

Así las cosas, Piketty parece haber montado un muñeco de paja para después derribarlo. Lamentablemente, de paso nutrió el afán de nivelar hacia abajo de buena parte de la izquierda mundial.

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