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Estudiantes en peligro

EDUARDO BOWLES 

Entre los directivos de los colegios privados del país ya no existen dudas de las intenciones del gobierno de acabar con los establecimientos particulares, a los que les ha prohibido incrementar sus pensiones más del cuatro por ciento, un monto menor a la inflación anual declarada el año pasado por el INE (la real suele ser mucho mayor) y menos de la mitad del incremento salarial que se aprobó en la gestión pasada.

Los propietarios de los colegios reunidos en Andecop dicen que muchas instituciones han tenido que cerrar sus puertas debido a la inmensa carga salarial, a lo que se sumó por segundo año consecutivo el pago del doble aguinaldo, lo que para un colegio implica pagar 14 sueldos, pese a que solo reciben diez mensualidades.

Entre los acosados por la hostilidad gubernamental se encuentran también los colegios pertenecientes a las congregaciones religiosas católicas, cuya calidad está muy por encima del monto que pagan los padres por las cuotas. Pese a que cumplen una labor social invaluable, son tratados como cualquier empresa lucrativa y en su mayoría deben apelar a donaciones provenientes del exterior para mantenerse en funcionamiento. Sin embargo, la situación financiera es precaria y en cualquier momento pueden colapsar.

Recientemente los bolivianos hemos sido testigos del calvario de miles de padres que buscan algún cupo para inscribir a sus hijos para el año escolar que empieza dentro de unos días. No hubo prohibición que valga, pues no hay nada que pueda frenar el interés que tienen las familias por buscar la mejor educación para sus hijos. Ni el Estado ni nadie conoce mejor que ellos lo que les conviene a los niños. Nunca hay que equivocarse.

Resultó muy llamativo que pese a todos los cambios y supuestas mejoras que se han introducido en la educación pública, los padres siguen agolpándose en los colegios “de convenio” para inscribir a sus chicos. Esperan día y noche por varias jornadas a la intemperie en las puertas de estos centros administrados por religiosos (que también están bajo fuego) porque conocen de la experiencia, la calidad, la trayectoria y el excelente nivel de enseñanza.

Las estadísticas no mienten, pues casi todos los bachilleres de los colegios particulares, privados católicos y de convenio que se presentan a las universidades a rendir examen de ingreso tienen el puesto asegurado en las diferentes facultades gracias a su buen rendimiento. Todos reconocen la diferencia abismal que existe entre estudiantes de escuelas públicas y del sistema privado, pese a que manejan los mismos contenidos y con los mismos profesores. La clave está en la supervisión, en la disciplina y la organización que se mantiene en las instituciones durante mucho tiempo y que trasciende todas las reformas educativas que siempre han hecho los gobiernos con la promesa de alcanzar estándares que todavía están muy lejos de conseguir.

Hace muy mal el régimen en poner en riesgo el sistema de educación alternativo al público. Se está poniendo el riesgo el futuro de muchos estudiantes, un impresionante caudal humano que podría perderse en la insostenibilidad de las políticas educativas que siempre han sido caóticas. Bolivia necesita mejorar sus escuelas fiscales y éstas deben ser de mayor calidad que las privadas. Pero el camino para lograrlo nunca será destruyendo a quien erróneamente se ve como un oponente incómodo.

Tomado de eldia.com.bo

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