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La verdad no muere ni prescribe

EDUARDO BOWLES 

Luego de casi seis años de tortura cualquiera se quiebra y confiesa todo lo que su verdugo le dice. Y con la seguridad del sicario que maneja la picana, el juez de la causa anuncia más confesiones alineadas al libreto oficial que no ha conseguido probar absolutamente nada en el denominado “Caso Terrorismo”.

Por ahora, lo único cierto es que hubo un atentado, cometido en la residencia del cardenal Julio Terrazas y un caso de asesinato, que en realidad fue una masacre, perpetrada el 16 de abril de 2009 en el hotel Las Américas. Sobre esos dos episodios hay evidencias de sobra que los operadores del montaje se negaron a tomar en cuenta, confesiones de varios implicados, incluyendo uno muy ilustre que lo hizo ante las cámaras de televisión y frente a una audiencia internacional que le aplaudió por su gran “hazaña”.

El tiempo transcurrido ha servido para quebrantar a los acusados, pero también ha sido útil para mostrar todos los tentáculos del régimen gobernante, cuya desnudez ha sido más nítida gracias a este caso. También nos ha ayudado a descubrir que los esbirros no fueron sólo los que están del bando opuesto a los autonomistas, aquel que está plenamente identificado, sino que hay elementos que regalaron la causa, la región y a su gente en bandeja de plata. En algún momento aquellos tendrán que rendir cuentas, tal como sucederá con todos los que han pretendido asesinar una verdad que todavía no termina de desvelarse. Por último, tanto tiempo parece no ser suficiente para que nuestra justicia toque fondo, para conducirla hacia un agujero negro al que la está llevando el “proceso de cambio”, que la ha convertido en un campo de concentración con abundantes matones para aplicar el control político y la persecución.

Hay una ley universal que dice que “la verdad nunca prescribe” y esta norma suele funcionar mejor en los tribunales internacionales, cuya función más importante es demostrarle al mundo que el sistema diseñado para mantener la paz mundial funciona y que nadie puede escapar cuando ha violado los derechos humanos, un tema que todavía tiene muchas heridas abiertas después de tantas guerras, dictaduras y revoluciones cuyo único saldo ha sido el dolor de mucha gente. Ese sistema es bastante ambiguo porque a veces da la impresión de complacencia con los abusivos de turno, es muy lento, pero muy pocas veces ha fallado, ni siquiera cuando intentaron burlarse con maniobras como el juego del “juicio abreviado”, una suerte de viveza criolla que han aplicado otros autócratas a la hora de buscar parapetarse.

Los dos extranjeros que han confesado (vaya uno a saber cuál es el delito cometido) les proporcionan un alivio a quienes buscaban cómo protegerse de juicios internacionales. Pero no hay que olvidar que hay tres extranjeros muertos, tres europeos que no van a hacer ninguna confesión a pedido y cuyas familias están llevando adelante trámites para buscar la verdad y mandar al banquillo a los verdaderos responsables de los delitos cometidos. Por más que todos confiesen, este asunto no termina ahí y menos cuando existe un plan para continuar con la tortura. Es más, cuando el régimen nacional dé por cerrado este caso, será el punto de partida para el inicio del verdadero juicio.

Tomado de eldia.com.bo

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