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Corrupción: cáncer imbatible

EDUARDO BOWLES 

América Latina retrocede en lugar de progresar en la lucha contra la corrupción y eso lo demuestran los numerosos escándalos que acosan a casi todos los países de la región y que tocan a naciones que otrora eran ejemplo de institucionalidad y transparencia, como Chile, donde los malos manejos han tocado la figura de la presidente Michelle Bachellet, con grave riesgo de desestabilización y con una irrecuperable pérdida de credibilidad de la dirigencia política.

Lo peor de todo es que los efectos no son solo políticos, sino también económicos. Se ha visto cómo en Brasil, la que fuera una de las empresas ejemplares de la industria hidrocarburífera mundial, la estatal Petrobras, hoy se encuentra amenazada de quiebra por los cuantiosos y millonarios casos de estafa, sobreprecio, tráfico de influencias y otros delitos que se investigan en medio de las maniobras del partido oficialista por tapar a sus mandamases, entre ellos, al expresidente Lula Da Silva.

Pero las consecuencias pueden ser peores para el continente, pues se ha comprobado, según datos de prestigiosas agencias de calificación de riego, que la corrupción ha ahuyentado las inversiones extranjeras en el mejor momento de bonanza los países latinoamericanos, beneficiados por el auge de los precios de las materias primas. En el futuro cercano, a este fenómeno de la falta de transparencia, se le deberá sumar el factor recesivo, lo que podría empeorar la sequía de capitales frescos.

Desde México hasta la Patagonia, este "verano de precios" no solo ha coadyuvado a apuntalar regímenes populistas, tanto de derecha como de izquierda, que han dilapidado de forma criminal una "época de vacas gordas", sino que también se ha deteriorado la institucionalidad, ha empeorado la situación de la justicia y por ende, los niveles de transparencia han caído a su nivel más bajo.

La corrupción también tiene impactos sociales muy fuertes, no solo porque el saqueo de las arcas públicas deja vacíos los planes de promoción de sectores vulnerables, sino porque trae aparejado el abuso de poder, el tráfico de influencias, lo que también promueve la desigualdad en los ingresos de la población.

Para colmo de males, en América Latina la falta de transparencia ha venido acompañada del incremento del fenómeno del narcotráfico, actividad que ha conseguido penetrar con mayor fuerza las esferas políticas. En este momento, hay bandas de narcos en México, Guatemala y otros países que compiten con la dirigencia tradicional por el poder en distintos distritos y por otro lado, también les quitan terreno a los empresarios legales en actividades estratégicas como el petróleo, la minería, etc.

No pasará mucho tiempo para que este efecto se expanda hacia los demás países, donde los abismos sociales se irán acrecentando. Por un lado, una casta de clases que gozan de la red clientelar de las élites corruptas y por otro lado, una inmensa porción de ciudadanos de segunda que viven de su trabajo y que llevan las de perder.

Tomado de  eldia.com.bo

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