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El sueño de la industrialización

HUGO SILES

La historia institucional de la industria en Bolivia recorre desde su fundación, el 28 de febrero de 1931, a la cabeza de su primer presidente, Hugo Ernst River, hasta la actual directiva y directorio de la Cámara Nacional de Industrias y la Cámara Departamental de Industrias de La Paz, bajo el liderazgo de Mario Yaffar y Horacio Villegas.

Tanto en tiempos liberales, como en tiempos de estatismo, los industriales apostaron por la producción "hecha en Bolivia” como el genuino camino para el desarrollo sostenible nacional.
La historia de la industria manufacturera recuerda a nombres iniciadores de la saga industrial como: Juan Said, Domingo Soligno, Erminio Forno, Juan Yarur, Simón Bedoya, Jorge Stege, Jorge García, Carlos Bedregal, Rodolfo Hannerberg, José Peralta, Juan de Recacochea, Dante Salvietti y Arturo Posnansky, que acuñaron "el Sueño de la Industrialización como el camino del desarrollo sostenible de Bolivia”.

Una revisión histórica de los documentos y memorias de la Cámara Nacional de Industrias, en sus ocho décadas de vida, confirman que los sistemas económico, político, cultural, tecnológico y social de Bolivia estuvieron - y aún están - estructurados para ser un país explotador y exportador de materias primas bajo un modelo económico de base angosta, relegando las actividades de corte industrial manufacturera de base ancha y de valor agregado.

En la historia industrial se advierte que en el país no se imprimió un decidido apoyo que se plasme en una política de industrialización manufacturera. El resultado de las estructuras orientadas a la producción de materias primas y la falta de respaldo a la iniciativa industrial fue un contexto adverso para las factorías.
Entonces, se arrastran desafíos, como la débil estructura institucional pública para hacer industria, escasez de infraestructura productiva y de transportes, importación creciente de bienes manufacturados, tanto legales como de contrabando, incrementos de los costos de producción laborales, problemas cambiarios, entre otros.

La industria manufacturera nacional requiere de una revolución industrial para hacer posible el sueño de la industrialización. La industrialización es la verdadera respuesta al problema del desarrollo sostenible en Bolivia.
El principal objetivo es el de reconsiderar la industrialización como alternativa para lograr superar el atraso persistente de la economía boliviana, expresado como estancamiento de la productividad que, a su vez, se relaciona con la precariedad del empleo y de los ingresos per cápita.
El insuficiente crecimiento de la productividad en Bolivia es la principal causa de nuestro rezago relativo como país.

El desarrollo se logra y consiste en realizar la transformación productiva que permita elevar el nivel de la productividad, de manera que se produzca un crecimiento significativo y sostenido del ingreso per cápita, otorgando oportunidades para el progreso material de la población y su bienestar social.
En ese marco, la propuesta principal de los industriales consiste en asumir una agenda de transformación de las estructuras productivas, con cierre de las brechas de productividad, con incorporación dinámica de los procesos de aprendizaje e innovación tecnológica que sustenten avances en la equidad, para lo que se considera necesaria la articulación de un proyecto industrial público-privado.

Por lo tanto, crear condiciones para mejorar las tasas de crecimiento de la productividad es un objetivo central de la Estrategia y Política de Desarrollo sostenible en Bolivia.
Los prerrequisitos para iniciar una dinámica de industrialización tardía consisten en superar restricciones pre-existentes y emergentes, -a partir de una disponibilidad público - privada- que produzca los cambios necesarios, de manera que impulsen la institucionalidad conductiva a la transformación productiva, que conlleva la industrialización tardía, señala Alfredo Seoane, Ph.D. en desarrollo.

Los industriales manufactureros invierten en promedio 240 millones de dólares por año, generan más de 650 mil fuentes de trabajo, aportan con el 18% de las recaudaciones tributarias y representan el 16% de la economía.
El industrial le pone a Bolivia no sólo el hombro, sino su vida misma al invertir en un giro de negocio, que por su naturaleza intrínseca es de largo plazo.

Hugo Siles Espada economista de la Cámara Nacional de Industrias.

Tomado de paginasiete.bo