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Ciudadanos versus movimientos sociales

EDUARDO BOWLES 

Nuevamente ha llegado la hora de calibrar el poder, la consistencia política, los principios y la ética de los denominados “Movimientos sociales”, a los que se ha estado sacralizando en los últimos años, ensalzándolos como los artífices de las grandes transformaciones del país.

Con toda razón se dice y se repite que las organizaciones sociales, los movimientos, los sindicatos y ahora las comunidades campesinas organizadas conforme a ciertas reglas y usos tradicionales, han sido vitales para el “Proceso de Cambio”, pero no hay que negar que también lo fueron para la Revolución del '52 que tanto se vilipendia hoy en día; fueron cruciales en las dictaduras, pues muchos de sus dirigentes se volvieron cómplices de los autócratas; se aliaron con Barrientos, con Goni, con Banzer y con todo aquel que consiguió alcanzar el precio de los líderes que hoy están en una gran encrucijada en el departamento de La Paz, donde la gobernación y las dos principales alcaldías, las mayores fuentes del clientelismo, han pasado a las filas opositoras.

Durante los últimos días el país ha presenciado una folklórica pulseada entre la nueva conducción de la alcaldía de El Alto y las organizaciones sociales que buscan cómo acomodarse con la flamante administración a la que tratan de imponerle sus “usos y costumbres”, que no son más que la más burda manera de cuotear los cargos, repartirse las oficinas públicas y jugar a la piñata con los recursos municipales, como ha estado ocurriendo en la última década, como sucedió en el Fondo Indígena y como pasa en todo el sistema estatal donde los sindicatos y dirigentes profesionales tienen la potestad para avalar funcionarios, presupuestos y proyectos, muchos de los cuales terminan como fantasmas.

La ecuación es nefasta, pues un gobierno sin un partido político que lo respalde, sin más ideología que las elucubraciones de un “iluminado” y sin más militancia que los acarreados a sueldo, es capaz de conceder cualquier cosa para obtener el respaldo de los movimientos sociales, a los que se les ha tolerado todo tipo de atropellos y delitos, como el narcotráfico, el contrabando de autos, el avasallamiento de tierras y la invasión de minas y la violación de la propiedad privada.
En la medición de fuerzas que surgió en El Alto, afortunadamente ganó por primera vez la ciudadanía; grupos de alteños sin pertenencia a los “sacrosantos” movimientos y juntas vecinales, salieron a respaldar a una alcaldía que al parecer tiene buenas intenciones, para que se dedique a hacer gestión, edificar obras y velar por el bienestar de la gente y no a satisfacer los apetitos de la insaciable dirigencia sindical.

Ante esta situación rápidamente algunos de los sindicatos y organizaciones se dieron vuelta, comenzaron a renegar del pasado reciente del que precisamente formaron parte e iniciaron un discurso de racionalidad y de apoyo a la alcaldesa Soledad Chapetón, obviamente con intenciones de ponerse a órdenes e iniciar otro proceso de idénticas características al estado de cosas que debemos abandonar en este país, para darle paso a una democracia al servicio del ciudadano y el bien común.

Tomado de eldia.com.bo

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